Una transición violenta del poder

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    por Efrén Rivera Ramos
    martes, 19 de enero de 2021

    Una transición violenta del poder

    Al momento de escribir esta columna Estados Unidos y el mundo están a la expectativa de qué ocurrirá el día de la inauguración del recién electo presidente Joe Biden. Pronto se sabrá.

    Buena parte de la discusión pública ha girado en torno a la importancia de que se efectúe una transferencia pacífica del poder. Lo cierto es que los eventos recientes han hecho trizas esa esperanza. Esta ya ha sido una transición violenta.

    ¿Qué si no eso demostró la invasión virulenta del Congreso por parte de las huestes de Trump para detener la certificación de Biden como nuevo presidente? Murieron cinco personas. Muchas resultaron heridas. Los legisladores y su equipo y el vicepresidente del país tuvieron que refugiarse en lugares seguros. Se detuvo durante horas la sesión conjunta de Cámara y Senado. Todo eso al amparo de la incitación pública formulada por el presidente incumbente, que ha pretendido aferrarse al poder a pesar de su derrota contundente en las urnas y en el Colegio Electoral.

    ¿Cómo puede considerarse “pacífica” una ceremonia de instalación de la nueva administración que tiene que celebrarse bajo la protección de cerca de 30,000 efectivos militares, respaldados con barricadas, calles y avenidas cerradas, francotiradores, agentes encubiertos, detectores de metales y muchas otras medidas muy estrictas de seguridad?

    Las personas asistentes al acto lo harán bajo una tensión inmensa. Parecida a la que afecta a miles de personas que residen y trabajan en las capitales de los estados que también han sido amenazadas con posibles manifestaciones violentas. Como profesor he tenido acceso a las redes de comunicaciones de docentes universitarios, particularmente de minorías raciales y étnicas, a través de Estados Unidos que han aconsejado a sus familiares y estudiantes que mantengan un perfil bajo durante estos días por temor a que sean objetos de ataques raciales de parte de los simpatizantes del presidente derrotado.

    Este es el ambiente reinante en los países que, desde lejos, los estadounidenses miran como democracias frágiles, repúblicas bananeras o caracterizaciones por el estilo.

    La pregunta obligada es si este episodio será un momento que se trascenderá fácilmente o tendrá repercusiones de más largo alcance y calado. Dependerá, por supuesto, de cuán hondas sean las causas de la emergencia del fenómeno Trump en ese país, de cuánto hayan aprendido la mayor parte de los estadounidenses de esta experiencia y de qué curso tomen las fuerzas políticas existentes.

    Primero, hay que recordar que la historia política de Estados Unidos ha estado repleta de violencia. Desde la llegada de los primeros colonos, pasando por la fundación misma del país, el mantenimiento a látigo y sangre de la esclavitud, la preservación de la Unión mediante una Guerra Civil, la expansión a espada y fuego hacia el oeste y el sur, el linchamiento masivo de afroamericanos, la incursión imperial en el Caribe y el Pacífico, el asesinato de presidentes y figuras políticas destacadas, la supresión cruenta de los movimientos obreros, sufragistas, estudiantiles y de derechos civiles y otras instancias de ejercicio feroz del poder. La historia de Estados Unidos lleva mucha violencia a cuestas.

    En segundo lugar, hay que preguntarse cuánto persistirán las actitudes propias del trumpismo. Lo que sabemos apunta hacia su persistencia de una u otra forma. Después de todo, Donald Trump ha tenido mucho apoyo. Setenta y cuatro millones de electores votaron por él. Entre sus seguidores se han contado supremacistas blancos, fundamentalistas religiosos, sectores del mundo empresarial, académicos y profesionales influyentes, fracciones de la clase obrera blanca, veteranos de las fuerzas armadas, buena parte del establecimiento político republicano, empresas de comunicaciones poderosas, periodistas y analistas de radio y televisión y políticos oportunistas de toda clase. Cuánto menguará esa base de apoyo luego de la caída política estrepitosa de su líder está por verse. También contará el giro que Trump y su familia quieran darle a su vida futura.

    El fin de la Administración Trump será solo el marcador de una nueva e incierta etapa.

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