Sobre la Academia

Sobre la Academia*

Hon. Miguel A. Hernández Agosto**

Hace aproximadamente un año, para ser precisos el 14 de noviembre de 1985, la Comisión Temática de Derecho de la Comisión Puertorriqueña para la Conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y Puerto Rico, acordó coauspiciar la fundación de la Academia Puertorriqueña de Jurisprudencia y Legislación, como correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Seguidos los trámites de rigor, hoy fructifican los esfuerzos que se iniciaron en aquel tiempo.

Es singularmente significativo que se instale nuestra Academia en calidad de correspondiente de la Academia española como una de las actividades que Puerto Rico auspicia en conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. Lo es también, que sea la Academia puertorriqueña, la única correspondiente de la Real Academia Española que se instala en el plazo de un siglo, entre el Cuarto y Quinto Centenario, cuando correspondió tal honor a la Academia mejicana.

Debemos hacer los mayores esfuerzos porque nuestros pueblos entiendan el verdadero significado de la fecha del Quinto Centenario que nos preparamos a celebrar.

No se hizo la colonización sin plan ni concierto. Todo se hizo en América como un proyecto colectivo enderezado a incorporar el orbe nuevo a la corona, a evangelizar a los naturales y a trasplantar la cultura del reino en las nuevas tierras.

Hay muchas cosas que hoy sabemos y antes no sabíamos, que nos permitirán, con el auxilio de técnicas modernas, valorar el pasado sin caer ni en leyendas negras ni en leyendas rosadas. Nos va mucho en juego a hispanoamericanos y españoles en desterrar prejuicios y rencores que puedan impedir una reaproximación del mundo hispánico, tan parcelado por acci­dentes históricos desgraciados desde las guerras de la indepen­dencia.

Hoy, el mundo está aglutinándose en grandes concentracio­nes de poder. A Europa, a la gran Europa, creadora de razas y culturas, no le ha quedado otra alternativa que buscar en la unidad la defensa de su soberanía. La nota que es la defensa común, le ha dado fuerza para protegerse. La comunidad eco­nómica europea a la que han ingresado España y Portugal -a principios de año- ha permitido desarrollar mercados capaces de sustentar una gran industria europea.

Existe ya un parlamento europeo que tal vez pueda desarrollarse en plenitud.

Hispanoamérica, con un pasado común, una lengua común y culturas tan similares vendrá obligada a unirse. Nada une tanto a los hombres como la necesidad y el peligro, y estos es­tán presentes.

Puerto Rico ha vivido en este siglo un drama que no puede tener solución artificial. Y el drama es éste. Culturalmente, histórica-mente, nos movemos en la órbita del mundo hispá­nico. Política y económicamente en la órbita norteamericana. Nos movemos en órbitas que no son concéntricas y que se inter­ceptan y chocan en ocasiones. No hay a la vista ninguna otra solución que la que nos permita ampliar nuestra autonomía, según lo requieran las circunstancias, mientras se mantiene la fuerza de la asociación.

No es fácil entender nuestra realidad, para los que nos ven desde fuera, ni siquiera la entendemos muchos de nosotros mismos. Pero según se acerca el Quinto Centenario se nos re­afirma la voluntad de preservarnos y acrecienta nuestra heren­cia, nuestra firme cultura y nuestra lengua inmortal. Y sólo ese orgullo de ser lo que somos explica que casi un siglo después de nuestra relación con Estados Unidos, Puerto Rico, sigue siendo Puerto Rico.

Pero en fin, todos nuestros pueblos hemos unido la afrenta de la arbitrariedad por períodos más o menos prolongados. Pero una y otra vez hemos demostrado que lo que no se muere es nuestro compromiso con la libertad.

Y es partiendo de ese compromiso que debemos mirar al por­venir, al conmemorar el Quinto Centenario. Mirar al porvenir con ánimo de redescubrir en nosotros mismos y en nuestros pueblos el enorme potencial que hay para el bien y la justicia. Y diría que más que el potencial, la enorme responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros de asegurar la paz, teniendo como base la justicia.

Ha dicho en Australia sólo hace unos días el Papa Juan Pablo II, que “la incapacidad del mundo para alimentar a los hambrientos es uno de los mayores escándalos de nuestro tiempo. He ahí uno de nuestros grandes retos de hoy y del porvenir.

Asegurar a la mujer la plenitud de sus derechos, es otro retos que no podemos ignorar.

Entender a nuestra juventud y darle una justa participación en la construcción de su futuro, convocarlos a una jornada de creación que les asegure un mundo mejor, es obligación que debemos cumplir con entusiasmo y con amor.

Los enormes progresos científicos y tecnológicos deben orientarse hacia el bien de los seres humanos de todo el universo.

Sólo así lograremos una paz duradera. Pero no podemos olvidar que no puede haber paz sin justicia.

La Ley y la manera en que ésta se interpreta deben asegurar la libertad y la justicia que garantice la paz que el mundo ansía.

Es en ese espíritu que con honda y sincera emoción saludo a la Real Academia Española de Jurisprudencia y Legislación y a su próxima correspondiente, la Academia puertorriqueña. Que al aproximarse el Quinto Centenario y comenzar el tercer milenio de nuestra era, sean faros luminosos en la defensa de la libertad y la justicia.

Lancemos, pues, nuestras carabelas de optimismo al mar de la esperanza hasta llegar al Nuevo Mundo de paz y de justicia que con tanto afán busca la humanidad entera.

Muchas gracias.

Notas al Calce

* Discurso pronunciado en la sede de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación en el acto solemne de la incorporación de la Academia Puertorriqueña de Jurisprudencia y Legislación como correspondiente de la Academia española, Madrid, 4 de diciembre de 1986.

** Presidente del Senado de Puerto Rico y de la Comisión Puertorriqueña para la Celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de Puerto Rico y América.