Ruth Bader Ginsburg: ¡Brava!

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por Antonio García Padilla
sábado, 19 de septiembre de 2020

Ruth Bader Ginsburg: ¡Brava!

Con el fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg, el sector progresista del Tribunal Supremo de Estados Unidos pierde uno de sus pilares más fuertes. Para el equilibrio filosófico de la Corte, el deceso de la jueza Bader Ginsburg tiene mayor significado que la muerte inesperada del Juez Antonin Scalia, conservador, y que la renuncia del moderado juez Anthony Kennedy. La muerte de la jueza Bader Gisnburg deja en precario la solución de continuidad de importantes derechos tutelados por la jurisprudencia de esa Corte, así como la conquista de otros ya avistados. En pocas semanas, por ejemplo, el Tribunal vuelve a enfrentar cuestionamientos al Obamacare similares a los que se despacharon antes contando con su voto.

En buena medida, sin embargo, el equilibrio ideológico del Tribunal Supremo de Estados Unidos en estos años es un accidente que destaca, pero no dimensiona del todo, la estatura cívica de esta jurista. Bader Ginsburg es mucho más que un voto importante en un tribunal dividido a la hora de enfrentar algunos de los problemas más complejos de estos tiempos; es una mujer de gestas.

Bader Ginsburg enfrentó personalmente el discrimen contra la mujer en la educación y en el empleo. Luego de estudios destacados en dos de las mejores escuelas de Derecho de Estados Unidos, enfrentando serias dificultades personales, no pudo conseguir trabajo en bufetes de Nueva York, ni en las escuelas en las que había estudiado. Debió ocultar su embarazo para renovar su contrato docente en la institución de Nueva Jersey en la que finalmente consiguió una cátedra.

Sus luchas de los años de formación se tradujeron en agendas profesionales de impulso a la inclusión a través del Derecho en temas de género y en otros campos. Ya en 1971 argumentó con éxito ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos la inconstitucionalidad de cierta ley que prefería al padre sobre la madre a la hora de seleccionar al albacea del caudal de un hijo fallecido. Fue la primera ocasión en que esa Corte invalidó una ley basada en disminuciones de la mujer. Esos compromisos de la juventud crecieron y maduraron en su cátedra, como jueza del Tribunal Federal de Apelaciones y luego del Tribunal Supremo.

Esos compromisos de vida se combinaban con el exquisito trato de esta singular mujer; la notable elegancia de su vestir; su dominio del podio, encontraste con el bajo volumen de su voz; su disfrute de la ópera que la llevaba a integrarse regularmente como extra en las funciones del Kennedy Center; su destreza en la equitación y en el esquí acuático, no empece su aparente fragilidad física. Así se significaba su carismática personalidad. “R B G”, como se le llamaba, ha sido quizás la persona con el más alto reconocimiento popular en el derecho de nuestros días. Bader Ginsburg recordaba que la UPR había patrocinado una de las primeras cátedras de derecho ocupada por una mujer, Helen Silving, en la educación jurídica acreditada. Quizás por ello le brindó ala Universidad y a sus alumnos generosa atención, tanto en Río Piedras como en programas del exterior. En julio de 1996, por ejemplo, a días de anunciar su importante decisión que ordenaba la integración femenina al prestigioso Instituto Militar de Virginia, Bader Ginsburg se incorporó como catedrática visitante al programa de verano de la UPR en Barcelona. Para los alumnos, una ocasión inigualable de conversación sobre ese fallo y todo el pensamiento de esta gran jurista. Bader Ginsburg fue tesonera en su batalla contra el cáncer. Ya que debió rendirse, su vida merece el aplauso sonoro que se escucha en la ópera que tanto disfrutaba: ¡Brava!, ¡brava!, ¡brava!

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