Los pleitos de Trump

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por Carlos E. Ramos González
viernes, 6 de noviembre de 2020

Los pleitos de Trump

El Sr. Donald Trump ha estado rodeado de litigios gran parte de su vida. Su personalidad, narcisismo y desdén por la dignidad humana explican gran parte de esta realidad. Únase a ello su decisión de vivir al filo de la ley, y cuando es posible, al margen de esta. Tal proceder se ha manifestado de formas múltiples en su nefasta gestión pública como presidente, en sus gestiones como empresario y en su vida privada. De hecho, no reconoce la diferencia entre el interés personal, privado y público.

Uno de sus rasgos de carácter es que no tiene mucho filtro entre lo que piensa y lo que dice. De esta manera, durante toda la campaña proclamaba que si ganaba las elecciones, había que respetar la decisión del pueblo pues se habría ratificado su grandeza personal y política. Si perdía, era por haber ocurrido fraude. Por tanto, solo reconocería la voluntad expresada por los electores si le era favorable. En cualquier otro momento de la historia de los Estados Unidos, estas afirmaciones serían un escándalo de proporciones mayores o consideradas una broma. Pero, la nueva normalidad en esa nación es otra.

Fiel a su promesa y estilos de vida, en las últimas horas post electorales ha instado varias acciones judiciales en diferentes tribunales, incluyendo el Tribunal Supremo de los Estados Unidos (TSEU). Estamos ante la activación de su Plan B al no haber resultado ser un ganador fácil como anticipaba. Como son litigios múltiples, afloran ciertas contradicciones entre ellos. Su representación legal debe estar tratando de desarrollar una estrategia coherente con los deseos de su cliente difícil. Se trata de litigios solo en los estados donde la lucha es muy cerrada. En otros, está pendiente del desenlace para entonces actuar. En los estados de Pennsylvania y Nevada, cuestiona la falta de observadores en los procesos de conteo de los votos. En los estados donde obtuvo victoria, no tiene preocupación alguna por esta ausencia. En el estado de Georgia, cuestiona ciertos votos como mal adjudicados e inelegibles. En Wisconsin, cuestiona el proceso de recuento. En general, también ha enfilado su ataque sobre aquellos votos adelantados y ausentes, enviados por correo, los cuales no quiere que se cuenten. En aquellos estados donde así se enviaron las papeletas y él resultó ganador, no ha encontrado defecto jurídico alguno. Con sobrada razón, algunas acciones judiciales ya han sido desestimadas.

La contradicción (o más bien, desfachatez litigiosa) la observamos en los resultados de Arizona y Pennsylvania. En el primero, cuando está por debajo de su opositor pero con tendencia ascendente, insiste bajo amenaza de litigio en que se deben contar todas las papeletas. Pero en Pennsylvania, no quiere que se cuenten los votos. Con este fin, tiene pendiente una moción para intervenir como candidato en un pleito ante el Tribunal Supremo federal. Se trata de una acción comenzada por el Partido Republicano antes de las elecciones de ese estado. Los demandantes cuestionan la ley electoral estatal, validada por el Tribunal Supremo de Pennsylvania, que permite votar por correo hasta el día de las elecciones, pero otorgando unos días de gracia para su recibo y legitimidad después de esa fecha. El TSEU había decidido no intervenir por el momento. Sin embargo, el juez Brett Kavanaugh, nombrado por Trump, en breve nota en disenso, analizaba que podría atenderse el recurso más adelante. Citaba como precedente el nefasto y rara vez citado de Bush v. Gore. Marcaba así, de forma burda, el camino que deberían seguir los reclamantes para evitar contar esos votos.

Este individuo que preside una de las naciones más poderosas del mundo sabe que si pierde, le esperan una gran cantidad de litigios y quizás acusaciones criminales. Estos están relacionados con sus negocios y su vida privada indigna. La prensa estadounidense los ha reseñado de forma amplia. Por eso y por muchas otras razones luchará hasta el final, por todos los medios legales e ilegales, posiblemente para ganar esa presidencia. Si no tiene éxito, se despedirá mofándose con estas palabras: “ustedes no me merecen”. O quizás, negociando para irse sin trauma a cambio de algún beneficio futuro.

Esperemos que esta vez, más temprano que tarde, reciba su justo merecido y se convierta en una paria de la Humanidad.

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