Los estudios jurídicos de Hostos en Madrid

    Los estudios jurídicos de Hostos en Madrid*

    Carmelo Delgado Cintrón**

    El aula magna de la Universidad Central de Madrid, en el antiguo noviciado, está llena de estudiantes, profesores y autoridades. Se inicia el curso de 1857 el 1 de octubre y la lección magistral está a cargo del catedrático de Historia de la Filosofía, el jurista Julián Sanz del Río. Un cronista de la época nos expresa que: “El paraninfo presentaba un aspecto brillantísimo. Por primera vez se reunía el claustro extraordinario con arreglo a la nueva ley de Instrucción Pública.” Efectivamente en septiembre de 1857 se había logrado la aprobación de una legislación, que reformaba la educación española, la llamada Ley Moyano.

    Entre el numeroso público, se encontraba un puertorriqueño del oeste de la Isla, Eugenio María de Hostos, quien recién se había matriculado en la Facultad de Jurisprudencia de la Central. El discurso del Profesor Sanz del Río, dio el tono moral a la reforma educativa. Allí expuso sus ideas sobre la universidad, llamándola, “santuario y templo de la ciencia”. Dice el maestro a los alumnos de todas las facultades y a los profesores que le escuchan reverentes que: “será nuestro primer deber enseñar la verdad, propagada y vivir enteramente para ella…Debéis honrar vuestra enseñanza con el testimonio de vuestra conducta.” Llama a la vocación profesoral “sacerdocio espiritual.”

    Juan López-Morillas nos dice que, “el discurso boceta todo un programa de articulación del conocimiento humano.” El profesor Sanz del Río, una de las fuertes influencias en el pensamiento la ética de Hostos, es admirado y respetado por el estudiantado, como un escultor de la moral y un reformador de la España contemporánea. Los estudiantes admiran la vocación del maestro Sanz del Río, su dedicarse a los más altos ideales del hombre, su sobriedad y por sobre todo su falta de gazmoñería. Antonio Jiménez-Landi en un interesante libro, nos dice que el Profesor Sanz, educa a sus alumnos, “para la alta misión de vivir y ser hombres.” El sólido prestigio de este catedrático, nos dice Paloma Rupérez, en su obra La cuestión universitaria y la noche de San Daniel, se cimentaba en que:

    “Hubiera un profesor, que además de tomarse en serio su labor intelectual, algo ya verdaderamente extraordinario, (en una universidad española como la de estos años, decadente e incomprensible) atendiera y orientara a sus alumnos. Esto sólo podía justificar el prestigio que tiene Sanz del Río en sus años de catedrático.”

    Otro autor, Vicente Cacho Viu nos evalúa el discurso sosteniendo que: “Fue la primera afirmación pública y solemne de la doctrina krausista, difundida hasta entonces en la intimidad de las clases o de un círculo de amigos, o a través de colaboraciones en la prensa periódica”. El profesor Sanz del Río exalta el fundamental papel que tienen en la formación de la sociedad y del individuo la razón, la libertad y el progreso.

    El Krausismo nos dice María Dolores Gómez Molleda en su libro: Los reformadores de la España contemporánea es, “una tendencia a la reforma práctica de la vida, de la cultura y del modo de ser español.” Azorín explicó en un artículo de 1936 sobre Julián Sanz del Río, lo que era el Krausismo: “Es simplemente, no una filosofía, sino una moral. Y en eso estaba su fuerza considerable. Se podría decir sin ribetes de paradoja que los krausistas son los últimos erasmistas españoles. Los antiguos erasmistas de España asientan su credo en una norma pura de vida.” Sanz del Río, el introductor del Krausismo en España, según Azorín: “Trae consigo un nuevo sentido de la vida.”

    A las clases del profesor Sanz del Río asisten los discípulos matriculados y otras personas interesadas que se mezclan con los alumnos. Resuenan en los claustros las palabras del catedrático: “Dejad tras de vuestro nombre un rastro de bellos ejemplos y doctrinas, y una memoria sin tacha.” Hostos, presente en las clases formales de la Facultad de Filosofía y Letras y en las de Derecho, así como en las conferencias informales del Círculo Filosófico de la Calle de Cañizares, escucha atento las lecciones del profesor Sanz del Río, que eran todo un programa de vida. Dice el filósofo: “Sed justos, leales, benévolos, sacrificad sin temor, ni queja ni pretensión el provecho al deber.” Estas lecciones y ejemplos moldearon el carácter y formaron el pensamiento de Hostos.

    Francisco Giner de los Ríos, también discípulo directo del Maestro Sanz, coloca a Eugenio María de Hostos, en la nómina de los asistentes y amigos del gran reformador. Junto a Hostos se reunía lo más granado de la juventud estudiosa de la España de entonces. La lista de compañeros incluye a Federico de Castro, luego Rector de la Universidad de Madrid con la revolución de 1868; Nicolás Salmerón, quien llegó a ser Presidente de la República española; Segismundo Moret, Ministro de Estado y de Ultramar; Gumersindo de Azcárate, jurista y sociólogo; Francisco Giner de los Ríos, jurista, innovador pedagógico y reformador de la España contemporánea; Rafael María de Labra, jurista, diputado y líder de la política autonomista en España y Emilio Castelar, orador, catedrático de Historia y Presidente de la República española.

    Hostos inició su orientación académica con las doctrinas y enseñanzas del grupo de entusiastas reformadores krausistas. Convivió y estudió con ellos, pero como dice el maestro José Ferrer Canales, quien vive a la altura de los ideales de Hostos, “Krausismo y positivismo son dos estímulos del pensamiento Hostosiano, decíamos, pero felizmente, cuando alguien crea poder aprisionar el alma inconcebible de Hostos, ¡que lea en el Diario esta confesión del egregio puertorriqueño: “La imaginación y el sentimiento, (las) dos fuerzas creadoras de mi alma!” En la etapa que le estudiamos el Krausismo fue una constante de su formación jurídica. Luego de 1869 aunque mantenga los lazos de amistad con los hombres del Krausismo, Hostos estará sometido a otras corrientes jurídicas.

    Los estudios de Derecho de Hostos en Madrid duran desde 1857 a 1869, una docena de años. Llegó un adolescente de 18 años de edad y se marcha a América un hombre a los treinta. Varias fueron las instituciones, escuelas y corrientes de pensamiento a que estuvo sometido, además del Krausismo jurídico. Su formación intelectual comenzó en la Facultad de Jurisprudencia, que según el historiador Manuel Tuñón de Lara, “fue durante casi un siglo una especie de “escuela de cuadros” de clases dominantes para sacar de ellas las élites del gobierno, que impropiamente se ha llamado la clase política.” El mismo Giner de los Ríos, también jurista, cree que la universidad “educa a la clase gobernante, especialmente por medio de la Facultad de Derecho, el tipo de cuya enseñanza se refleja, con su bienes y sus inconvenientes, en nuestro parlamento y en todo los órdenes civiles del Estado.” Hostos se encontraba pues, en la institución académica adecuada a su profundo sentido de justicia y política. La Facultad de Derecho a la que asistió Eugenio María de Hostos, a mediados del Siglo XIX, había sufrido un cambio en la calidad de los estudios. La investigadora española antes citada, Gómez Molleda, nos consigna el cambio, al decir: “La aparición de Sanz del Río y de los nuevos catedráticos de su escuela en la Universidad Central significó, sobre todo en la Facultad de Derecho, un cambio importante.” Luego enfatiza: “La Facultad de Derecho comenzó entonces a pasar de la fase brillante a la fase profunda.”

    Pero Hostos no sólo recibe su educación en la Facultad de Derecho. También asiste a otros centros académicos, como el Círculo Filosófico que se reunía en la casa de Sanz del Río en la Calle de Cañizares. Allí el puertorriqueño debatía fogosamente sobre temas filosóficos y sociales. Pero una institución que tuvo una gran presencia en la educación del antillano fue el Ateneo Madrid. La “gran logia de la inteligencia”, como Galdós llamaba al Ateneo, estaba entonces situada en la Calle de la Montera. La docta casa era centro predilecto de intelectuales de toda laya. Rafael María de Labra, quien fue Presidente del Ateneo, nos ilustra sobre la animación e importancia de este centro: “La multitud henchía los corredores y salones, y el público… llenaba las escaleras y hasta el mismo patio. Un jueves, una noche de sesión, era un acontecimiento en todo el Madrid de la inteligencia.”

    En el Ateneo se libraban debates entre los creyentes y defensores de diversas escuelas de pensamiento. Gil Cremades nos indica que, “hacia 1860, los economistas, los demócratas, los krausistas y los católicos, debaten entre sí con acritud.” “El flujo y el reflujo de ideologías en el Ateneo es un síntoma de la situación intelectual del momento.” Hostos pasaba largas horas en la Biblioteca, en las cátedras Antenistas y en las tertulias. Allí se entrenaba en el debate y en la lectura. Su diario nos lo consigna. Galdós en uno de los Episodios Nacionales sitúa a Hostos polemizando en el Ateneo. De hecho desde los balcones del Ateneo “fue testigo de la masacre de la noche de San Daniel, siendo de los primeros en denunciarla al público desde las columnas del Diario de Castelar.

    Hostos concurrió, así mismo, a la Biblioteca de la Academia de Jurisprudencia y Legislación que estaba cerca del Ateneo en la misma Calle de la Montera. Por sus salones pasó polemizando y dejando la impronta de su vigorosa personalidad. También participó en los asuntos de la Sociedad Abolicionista Española, que fundara el puertorriqueño Julio Vizcarrondo, cuya casa visitaban los antillanos en Madrid. La sociedad abolicionista se fundó informalmente el 7 de diciembre de 1864 en la casa de Vizcarrondo, en la Calle del Soldado número 4. Luego se llevó a cabo la constitución formal en los locales de la Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación.

    El pensamiento hostosiano también se forma de los artículos, monografías y discursos publicados en diversas revistas científicas. La principal es la Revista General de Legislación y Jurisprudencia fundada en 1853, otras revistas de entonces que debatían artículos de interés para Hostos, eran La Escuela de Derecho; El Derecho Moderno y Revista de España.

    Madrid es un hervidero de ideas filosóficas, jurídicas y sociales. Hostos participa en las tertulias, en la prensa y en la universidad. Son los años que preceden a la caída de la Reina Isabel II. Entonces una nueva generación se prepara para tomar su lugar. Rupérez en la obra antes citada nos ilustra las tensiones sociales y el clima en la capital española: “Durante estos años se produce en Madrid algo que se podría llamar una intensa actividad intelectual, entre cuyos más calificados protagonistas figuran los hombres krausistas que nos hemos referido.” Inmerso en el momento social e intelectual, atento al devenir político se encuentra Hostos.

    El puertorriqueño es uno de los seguidores del pensamiento krausista del Derecho. Para un hombre de las inquietudes de Eugenio María de Hostos, la teoría jurídica que esta doctrina ex-ponía, era la más apropiada en ese momento. Para Sanz del Río y su escuela, nos dice Gil Cremades, “El Derecho no es una ciencia sino un ideal de vida.” Así lo había significado Sanz del Río en una carta a Lorenzo Arrazola, quien fue Presidente del Tribunal Supremo de España, enciclopedista jurídico y catedrático. La epístola se publicó bajo el epígrafe de: “El Derecho como ideal fundamental en la vida.” Nos dice el profesor Sanz que: “No es un mero interés científico el que nos debe llevar una y otra vez esta santa y bella idea del Derecho, y el Derecho entre los hombres, sino un sentimiento de amor y un deber de gratitud, un culto racional, cuanto cabe en esta idea mirada como la Ley del Mundo.”

    La apoyatura filosófica y jurídica de esta teoría es el libro del jurista alemán, el catedrático belga, Enrique Ahrens. Su obra fundamental se publicó en París en 1838 bajo el título de Cours de Droit natural. Este autor fue discípulo directo de Krause que por entonces enseñaban en diversas universidades. La obra de Ahrens, conocida en España en idioma francés el mismo año 1838, fue traducida al idioma español por un amigo de Sanz del Río el jurista Ruperto Navarro Zamorano. La traducción se publicó en Madrid en 1841 bajo el título de: Curso de Derecho Natural o Filosofía del Derecho formado con arreglo al estado de esta ciencia en Alemania. Giorgio del Vecchio dice en su tratado de Filosofía del Derecho que: “Su concepto fundamental consiste en que el Derecho es la condición de desarrollo de la sociedad.” He aquí los orígenes de la concepción hostosiana del Derecho.

    El Krausismo jurídico entró a España con la traducción del libro de Enrique Ahrens. Este manual tuvo varias ediciones como señala Gil “podríamos decir que para una amplia generación de juristas españoles éste fue realmente su ‘libro de horas’.” La influencia de este autor alemán en el pensamiento jurídico español del Siglo XIX fue importante. Ya lo ha señalado Joaquín Costa en palabras que hemos citado en otra ocasión. Veamos ahora lo que opina un jurista de primera importancia que también es pedagogo y profesor de Derecho Natural, Francisco Giner de los Ríos. En un artículo publicado en 1880 asevera que la influencia de Ahrens fue decisiva para la sociedad española en su momento. Tanta importancia tuvieron los textos de Ahrens dice Giner de los Ríos que se han “incorporado todos los conceptos esenciales de Ahrens a la cultura jurídica de la España actual… Las Academias y Ateneos, el foro, la cátedra, el parlamento, el meeting, las leyes mismas, hasta la Constitución del Estado.… toda nueva vida jurídica y política respira una atmósfera en que el espíritu de este escritor representa en calidad el mismo papel que el oxígeno en el aire. Las concepciones del pensamiento jurídico hostosianos están derivadas de las teorías del Derecho de Ahrens y otros juristas alemanes como Carlos Augusto Roder, contemporáneo del anterior y penalista. El tiempo asignado a estas palabras no permite que continuemos con nuestro análisis crítico de estos pensadores y su proyección en el pensador antillano.

    Hostos no terminó sus estudios jurídicos. No debemos imaginarnos a éste como un regular estudiante de Derecho. Los tiempos que le tocó vivir en Madrid, años revolucionarios de continuas novedades debieron afectarle. Su asistencia a clases se interrumpió en ocasiones y la disciplina y demás obligaciones propias de la academia decimónica resultaban fatigosas. Hostos derivó más provecho de sus estudios libres y su continua visita a bibliotecas y otros centros. Así como a las conferencias del Ateneo y de la Universidad. El mismo Hostos nos lo señala en su Diario. Las anotaciones de 1 de octubre de 1866 apuntan: “Vengo del Ateneo y mucho más tranquilo de lo que debiera, después de mi lectura habitual en la Sala azul”.

    Se inició por el año 1867 la persecución de Julián Sanz del Río y otros catedráticos, por estos negarse a un juramento de fidelidad a la reina y una profesión de fe religiosa, política y dinástica. A todo ello negóse Sanz del Río, siendo separado de su cátedra universitaria. Le acompañaron Nicolás Salmerón, Fernando de Castro y otros, con el consabido escándalo entre la juventud. La monarquía de Isabel II, tocaba a su fin y Hostos conspiraba. Cuando triunfe la revolución gloriosa y sus amigos y compañeros estén en el poder, Hostos romperá con España, pues sus consejos sobre el destino del ultramar español no se tomarán en cuenta. Aunque debemos consignar que el agudo sentido de observación de Hostos le hace predecir claramente que no se realizará revolución alguna a pesar de su nombre. El 5 de agosto de 1868 unos meses antes del inicio de la llamada revolución gloriosa, Hostos escribió en su Diario: “Desconfianza de la revolución, porque no será una renovación”.

    El joven revolucionario se había trasladado a Paris a la fecha antes expresada. Su estadía en la ciudad luz es significativa y de consecuencias para su ideario político, pues Paris fue una meta para los revolucionarios que entonces pugnaban por realizar la revolución contra el trono de Isabel II. Allí los demócratas y otros exilados obtienen su credo federal. Juan Ferrando Badía en su obra: Historia político parlamentaria de la República 1873 sostiene que el orbe ideológico de la generación demócrata se obtiene en París, específicamente el principio federalista Francisco Pi y Margall y Emilio Castelar que habían polemizado sobre temas federalistas y sociales desde sus diarios La Democracia que dirigía Castelar desde 1863 y La Discusión que dirige Pi y Margall desde 1864, se trasladaron a París en 1867. Allí fundan un club revolucionario. En el estudio antes citado se nos explica el impacto de esos meses parisienses:

    “En realidad es en su estancia en Francia donde los demócratas se convertirán al credo federal. O mejor dicho, harán de la federación contenido político de un partido. Explícitamente nos lo dice Pi: “En Francia había yo fortalecido sobre este punto (la federación) mis creencias.”

    Hostos se reunirá con ambos, Pi y Margall, quien no tiene fondo y Castelar que sólo tiene superficie, según el antillano y estas ideas federales, serán de gran influencia en el pensamiento hostosiano. El 30 de mayo de 1869, el brioso antillano decide ir a Nueva York “para desde allí, y probablemente desde Cuba, inventar con esfuerzos personales, con las armas en la mano, la conquista de la independencia.” Ello ocurrirá cuando Hostos confirme su evaluación de que la revolución no significa renovación y no se actúe en ultramar español.

    Si bien es cierto que Hostos no acabó la carrera de Derecho, sus experiencias, estudios y lecturas le dotarán de conocimientos jurídicos formándole como jurista. Recordemos que tampoco terminaron sus cursos de Derecho ni Roscoe Pound, Decano de Derecho de la Harvard Law School, ni Clearence Darrow, célebre penalista norteamericano. Tampoco Andrés Bello realizó estudios académicos de Ciencia Jurídica y es reconocido como autor de Derecho y jurista. Hostos, una vez iniciado en las claves del pensamiento jurídico, en la Facultad de Derecho de Madrid y en academias, ateneos y revistas españolas e hispanoamericanas continuó nutriéndose y desempeñándose como jurista. Durante toda su vida dio fe de serlo, abrazándose a los principios de justicia que propugna el Derecho.

    Eugenio María de Hostos se nos presenta a los puertorriqueños y específicamente a la juventud como fuente de inspiración, como apóstol, ya lo dijo José Emilio González en su estudio titulado: “Eugenio María de Hostos y la reforma de la enseñanza”:

    “Si nos reunimos hoy, como lo seguiremos haciendo por tantos años Dios nos permita, no es porque consideremos Eugenio María de Hostos venerable reliquia de un pasado abolido. No venimos tampoco a llorar sobre unos restos. Vemos a dialogar con un ser vivo. Venimos a compartir la compañía de este hombre extraordinario, que no puede morir, que no morirá mientras exista Puerto Rico. Porque él fue encarnación de las esencias más puras de la patria, en sus proyecciones de continente y universo.”

    Notas al Calce

    * Discurso principal en los actos de conmemoración dedicados a Eugenio María ch Hostos por el Comité del Sesquicentenario de Hostos celebrados el 11 de enero de 1987 Los mismos fueron celebrados en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico ante la estatua del héroe.

    ** Carmelo Delgado Cintrón es Secretario del Comité del Sesquicentenario de Eugenia María de Hostos; Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad de Puerto Rice y en la Universidad Católica de Puerto Rico y ex-Presidente de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades. Dicta un seminario sobre las ideas jurídicas de Hostos.