Las poblaciones LGBTTQI+, ley electoral y la legitimidad del poder

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por Carlos E. Ramos González
miércoles, 17 de junio de 2020

Las poblaciones LGBTTQI+, ley electoral y la legitimidad del poder

El Tribunal Supremo de los Estados Unidos (TSEU) ha decidido lo que ya antes se había reconocido en casi la mitad de los estados y Puerto Rico. Las personas homosexuales y transexuales tienen la misma dignidad y merecen el mismo trato ante la ley federal que protege el discrimen por razón de sexo aun en el empleo privado. Por la función que desempeña ese tribunal en la sociedad norteamericana, la nuestra y en un sentido en la humanidad entera, se trata de un triunfo global para toda la especie humana. Es, por supuesto, un triunfo de las poblaciones LGBTTQI+ luego de décadas de ardua y dolorosa lucha.

Son muchas las lecturas que se pueden ofrecer sobre la decisión. Hay una que destaca: fue escrita por un juez conservador nombrado por un presidente que suele actuar como el más bajo y despreciable ser humano. Tras una cuidadosa y discriminatoria lupa antes de ser nombrado, el juez ponente, Neil Gorsuch, sorprendió a muchas personas, incluyendo las fuerzas que lo colocaron en esa posición de poder. Si bien las personas homosexuales ya habían obtenido varias victorias en ese tribunal que visibilizaban su lucha y reivindicaban sus derechos, es el primer reconocimiento de una de las poblaciones más vituperadas: las personas trans. Aunque no se trata de un triunfo directo en el orden constitucional (es una controversia sobre la interpretación de una ley federal), es la primera vez en la historia de ese tribunal que las personas trans son analizadas y visibilizadas. Resalto que la palabra “transexual” se utiliza en decenas de ocasiones a través de la opinión.

Estoy seguro de que el juez Gorsuch continúa siendo el mismo juez conservador y “originalista” que fue nombrado tras cuidadoso filtro. Nada ha cambiado: al contrario, con esta decisión este juez y el juez presidente John Roberts han confirmado su acercamiento conservador al interpretar la ley. Aunque se ha dado la impresión contraria, se atuvieron a una metodología de adjudicación muy textual, aunque el resultado parecería contradecir las creencias personales del propio juez. La ley federal en controversia prohíbe el discrimen por razón de sexo (“because of sex”). El juez construye con mucho cuidado el significado de estas palabras en su concepción original y llega a la conclusión que reseñamos. Ahora se parece mucho más al juez conservador fallecido Antonin Scalia: consistencia muchas veces incluso por encima de sus principios morales.

El resultado de ese acercamiento a la ley es una victoria para la humanidad pues celebra la igualdad ante la ley, la diversidad de nuestra sexualidad y la plenitud de la dignidad humana. Pero no seamos ingenuos: más temprano que tarde este mismo juez utilizará esta misma metodología para coartar derechos adquiridos y cegarse al no reconocer otros nuevos. Lo que ha resultado es un incremento gigantesco en el capital de legitimidad de un tribunal dominado porfuerzas retrógradas. En el fondo, es una forma de asegurar que ese tribunal siga asumiendo por generaciones el rol que le ha reconocido la sociedad norteamericana. En esta ocasión, se combinó la inteligencia jurídica con la sensibilidad humana.

No importa la lectura que demos a la decisión, hay varias lecciones para Puerto Rico en estos tiempos. Una de ellas es para la mayoría política que actualmente co-gobierna (con Promesa) la estructura interna de gobernanza territorial. El CODCIV-2020 (el nuevo Código Civil de forma atinada bautizado así por el profesor Luis Rafael Rivera) invisibiliza a las poblaciones LGBTTQI+ en general, y las personas trans en particular. Por su parte, algunos de los cambios que se quieren imponer al sistema electoral van a lacerar el capital de legitimidad del Tribunal Supremo de Puerto Rico al convertir esta institución en juez y parte del sistema electoral, minando así la separación de poderes y la independencia judicial.

Este cogobierno debería al menos aprender de las instituciones norteamericanas que proclama admirar.

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