La Naturaleza Colonial del Estado Libre Asociado

La Naturaleza Colonial del Estado Libre Asociado - Un Análisis Demoledor De Vicente Géigel Polanco*

Carmelo Delgado Cintrón**

“La soberanía y la libertad son los princi­pios de que emana toda Constitu­ción”.

Félix Varela.[3]

“Puerto Rico es todavía un territorio, pose­sión o cosa de Estados Unidos”.

José Trías Monge, 1999.[4]

“The basis of imperial authority was the mental attitude of the colonist. His acceptance of subordination –whether through a positive sense of common interest with the parent state, or through inability to conceive of any alternative—made empire durable.”

D.K. Fieldhouse.[5]

 

I. Don Vicente Géigel Polanco: “El cerebro mágico de Puerto Rico”

El licenciado Vicente Géigel Polanco, además de practicar la abogacía y la política fue Conferenciante de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales desde 1940 hasta 1949, véase carta del Procurador General Vicente Géigel-Polanco de 10 de enero de 1949 al Rector Jaime Benítez donde plantea que: «Habiendo sido nombrado Procurador General de Puerto Rico con fecha de 2 de enero en curso, no podré continuar dictando las clases que he tenido a mi cargo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad.» La renuncia fue aceptada por Certificación Núm. 516 de 29 de enero de 1949; Es Catedrático Auxiliar desde 1941 en el Colegio de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, donde enseñó Derecho del Trabajo y Legislación Social. Véase Expediente de Vicente Géigel Polanco, Archivo Central del Recinto de Río Piedras. Trabajó en el Departamento de Agricultura, como Asesor jurídico, en legislación; en el Departamento del Trabajo fue Director de la División de Investigaciones Sociales y Económicas; Editorialista del diario El Mundo; Presidente de la Sección de Historia del Ateneo; Presidente del Ateneo Puertorriqueño, Secretario Perpetuo de la Academia Puertorriqueña de la Historia; Vice-Presidente de la Sociedad de Periodistas, Secretario del Instituto de Literatura Puertorriqueña, Director de la Revista del Colegio de Abogados; Senador y portavoz y líder de la mayoría, Presidente de la Comisión de Instrucción del Senado, 1940-1948. Es Procurador General de Puerto Rico, desde 2 de enero de 1949 hasta 1 de febrero de 1951. Géigel Polanco fue destituido del cargo de Procurador General (Secretario de Justicia) por el Gobernador Luis Muñoz Marín, a principios de febrero de 1951 le despide injustamente de su cargo por razones políticas. Véase, EL Mundo, 2 de febrero de 1951, p. 1. La cronología y los hechos nos hacen deducir que las reformas constitucionales que realizará el Gobernador Luis Muñoz Marín se inician después de las elecciones de 1948. En su discurso inaugural de 2 de enero de 1949 ya expresaba tales intenciones. Véase el folleto Discurso Inaugural del Primer Gobernador de Puerto Rico, elegido por el Pueblo, Luis Muñoz Marín, San Juan, 1949, pp. 7 y 8. El Procurador General Géigel Polanco no participa en esas reuniones iniciales para crear el Estado Libre Asociado.

I. El Res Gestae: las razones de la publicación de esta obra.

Un abogado del siglo pasado, con un agudo sentido de lo histórico, don Vicente Géigel Polanco[6] publica un importante, revelador y controversial libro, cuya importancia perdura y cuya actualidad es total, me refiero, por supuesto a La Farsa del Estado Libre Asociado de Puerto Rico[7] (1972). Esta obra recopila sus escritos, los análisis y comentarios críticos, publicados regularmente, como artículos periodísticos y notas, preparados y dados a la prensa, según se van desarrollando los acontecimientos políticos sobre la reforma del status desde 1951. El avezado constitucionalista don Vicente Géigel Polanco desmenuza, critica y analiza jurídica, histórica y sociológicamente las diversas propuestas de contenidos constitucionales que el Gobierno de don Luis Muñoz Marín presenta para intentar encausar el amplio y anhelante deseo de la mayoría del Pueblo de Puerto Rico de resolver la condición colonial de la Isla. A finales de la década de los cuarenta e inicios de los cincuenta las condiciones históricas, generacionales y políticas estaban dadas para lograr esa solución que se exigía fuera anticolonial y soberana. Internacionalmente se ha terminado la II Guerra Mundial, se ha fundado la Organización de las Naciones Unidas y se inicia la supresión mundial del colonialismo y la dependencia entre naciones y países. Ya han ocurrido los Congresos Pro-Independencia, las expulsiones de los independentistas populares,[8] la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño, la insurrección nacionalista, la aplicación de la «Ley de la Mordaza»,[9] y don Pedro Albizu Campos es encarcelado otra vez, ahora por las autoridades puertorriqueñas. El liderato del partido de gobierno—el Popular Democrático–a pesar de sus orígenes y numerosos dirigentes afines a fórmulas constitucionales soberanas, descarta las dos opciones tradicionales de la «Independencia y la soberanía» y la «anexión como estado federal» y se decide por una tercera vía. A la tercera fórmula de status se le designará de varias maneras, entre ellas, Dominio, recalando finalmente en «Estado Libre Asociado.»[10] El líder puertorriqueño responsable y determinante en la toma de las decisiones que se aprobarán por los organismos legislativos del país y convertidas en proposiciones oficiales gubernamentales serán sometidas a la consideración y aprobación de los Estados Unidos es el Gobernador don Luis Muñoz Marín,[11] otro participante principal es el Comisionado Residente doctor Antonio Fernós Isern y sus asesores.[12] Expresado simplemente, lo que propondrá el Gobierno de Puerto Rico es citar una Convención Constituyente y aprobar una Constitución, es decir tomar la vía de operar dentro del régimen imperante en las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos.[13] En realidad, por los imperativos de la sujeción de la Constitución de Estados Unidos y su «Cláusula Territorial» así como las decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre los territorios llamados los «Casos Insulares» que han determinado que: «Puerto Rico pertenece a los Estados Unidos, pero no forma parte de los Estados Unidos,» dichas propuestas constitucionales están sujetas a los poderes plenarios del Congreso.[14] De todo ello resultará eventualmente que las propuestas hechas por el Gobierno de Puerto Rico, según aprobadas por las autoridades de Washington, tendrán el efecto neto de «reformar» o «sustituir» parcialmente las vigentes leyes territoriales, Foraker (1900) y Jones (1917). Esa legislación federal orgánica, a la que me refiero es la Constitución, que aunque legislada en Puerto Rico, es autorizada y aprobada por el Congreso de Estados Unidos (1952).[15] A pesar de esa Constitución, Puerto Rico continuará jurídicamente siendo un Territorio, que administra algunas funciones de carácter local y central, porque así lo autorizó el Congreso de Estados Unidos. El Gobernador Muñoz Marín y su Gobierno plantean, que no es una medida que lleve al país a constituirse en una «República de Puerto Rico», o en un «State of Puerto Rico», soluciones definitivas. En vez de estas fórmulas al final resultó en la aprobación de otra ley orgánica federal, que rige y pauta esa relación de dependencia, pero preparada en Puerto Rico por una Convención Constituyente. De hecho, al final de cuentas, el Congreso y el Ejecutivo federal determinaron dejar vigentes las disposiciones y facultades no trasladas a la Constitución desde aquellas dos leyes orgánicas antes citadas, ahora congregadas en una disposición llamada rimbombantemente: «Ley de Relaciones Federales,» pudiendo argumentarse que se está tratando sutilmente de implicar que hay una relación federal pactada entre entes iguales. Sin embargo, ¿No resultó al final de la aprobación del Commonwealth of Puerto Rico de 1952 en la federalización de lo aprobando por dicha convención constituyente?[16] La «Constitución de Puerto Rico» es legislada por la referida Convención Constituyente puertorriqueña en San Juan por autorización del Congreso federal y para que tenga vigencia jurídica tiene que ser sometida y aprobada finalmente por dicho Congreso de Estados Unidos. Después de su escrutinio por el Congreso, este la devolverá al Gobernador de Puerto Rico, porque se exige la eliminación de la Sección 20, disposiciones no deseadas por este cuerpo legislativo federal. Entonces, se tiene que reunir otra vez en San Juan, la referida Convención Constituyente, y se vuelve a someter el texto constitucional para que se lleven a cabo los cambios exigidos, es decir, truncarla, suprimiendo dicha Sección 20. Así enmendada, se procede entonces a volver a someterla por segunda vez al Congreso de Estados Unidos (1952). Ahora, verificada la supresión el Congreso la aprobará y autorizará. Es el Congreso de Estados Unidos quien tiene la última palabra para que tenga vigencia jurídica.[17] Por cierto, no se sometió a la aprobación plebiscitaria del Pueblo de Puerto Rico la versión que eliminó las partes que el Congreso ordenó descartar.

A pesar de la Constitución, quedaron vigentes e intactos todos los poderes fundamentales que ejerce el Gobierno federal desde el 25 de julio de 1898. Hay juristas que han opinado sobre el resultado constitucional obtenido, por razón de los plebiscitos celebrados entre 1951-1952: que Puerto Rico desde ese momento es una «colonia por consentimiento,» pues se votó a favor de continuar, ahora validado por los sufragios, con la dominación norteamericana en la Isla.[18] La dependencia continúa y el régimen del Estado Libre Asociado es tan enteco y carente de poderes que el mismo Gobierno de don Luis Muñoz Marín y todos los demás Gobernadores que se sucedieron hasta nuestros tiempos continuaron sometiendo peticiones y solicitudes al Congreso para que resolviese el problema del status colonial, que está vigente. En estos momentos, como en tantas veces y ocasiones, continuamos buscando una solución al problema de la sujeción colonial puertorriqueña a los Estados Unidos. Estas propuestas y esos procesos—que examina y escruta cuidadosamente don Vicente Géigel Polanco en su libro «La Farsa del Estado Libre Asociado»– son clara y evidentemente coloniales, pues el protagonista es el Congreso de Estados Unidos, quien tiene la última palabra, los documentos, los análisis, los expedientes, los diarios de sesiones de la convención y del congreso y el record congrecional así lo demuestran. En distintas partes de esta monografía hemos citado las palabras de algunos senadores y representantes federales sobre los poderes plenos del Congreso sobre nuestra patria. Ello según la teoría constitucional norteamericana,—que permite la dependencia colonial de otros países— que por supuesto, no es la única teoría constitucional que pauta estas cuestiones. La doctrina y las teorías europeas también se tienen que tener en cuenta, pues son el marco amplió y antiguo del Derecho de Gentes que promueve una relación de libertad, respeto e interdependencia entre las naciones y los países. Las experiencias de la humanidad van dirigidas a suprimir y eliminar las colonias y pueblos dependientes de cualquier clase.

Se ha argumentado que los plebiscitos[19] celebrados entre 1951 hasta 1952 han dado juridicidad a la presencia colonial estadounidense. El asentimiento plebiscitario de los sujetos a la dominación y dependencia carece de validez moral y jurídica, no puede haber plebiscito con valor jurídico, ni el consentimiento tiene valor jurídico alguno, si se celebra la consulta con la presencia y permanencia de las instituciones y de los agentes de los dominadores, en el caso de Puerto Rico de los estadounidenses, estos no pueden estar en el lugar, en Puerto Rico, pues coaccionan la votación. Es principio antiguo, expresado públicamente en 1539, en el aula magna de la Universidad de Salamanca por el padre Francisco de Vitoria, O.P., catedrático de prima de teología, en la Reelección de los Indios.[20] La presencia del poder interventor colonial enerva y conculca la libre voluntad de los sometidos al poder imperial. Toda votación o plebiscito carece de vigencia, es inválido, si los que dominan están presentes en todos los actos de la vida social, pues los dominados no tienen libertad para expresar su voluntad, no son libérrimos, están coaccionados. Manifestó el tratadista Vitoria que:

“Todo pueblo, por Derecho natural, está llamado a constituirse en Estado y configurar libremente su destino histórico”.[21] Puerto Rico, nunca ha tenido esa oportunidad. El catedrático de Instituta de la Universidad de Salamanca, el eminente doctor Fernando Vázquez de Menchaca[22] reafirma que: “Atendido el Derecho Natural, todos los hombres nacen libres y no están sometidos a la jurisdicción o dominio de otro”.[23]

Y no se me diga que estas teorías están desechadas y son inoperantes por que los tiempos modernos las han cambiado. Muy por el contrario, se han afirmado y estudiado y forman el basamento del moderno derecho de gentes. La catedrática de historia de las doctrinas y el pensamiento político medieval de la prestigiosa y antigua universidad inglesa, Cambridge University, la doctora Annabel Brett, ha publicado en 1997, y reimpreso puesto al día en 2008, un interesante y actual libro sobre estos temas: Liberty, right and nature: Individual rights in later scholastic thought,, donde dedica un capítulo al jurista español doctor Fernando Vázquez de Menchaca, demostrativo de la vigencia y la vitalidad de estos pensamientos. Ya el culto y estudioso jurista y profesor de Derecho Internacional, don Eugenio María de Hostos, ante la invasión militar de 1898, manifestó que:

“Puerto Rico es una persona de Derecho que no ha podido perder ninguna de sus prerrogativas nacionales por una guerra que no ha hecho; que quiere, puede y debe ejercer su derecho a expresar su voluntad”.[24]

Como vemos, no son las concepciones del Derecho Constitucional norteamericano, montadas en sus intereses expansionistas, las únicas vigentes y válidas a las que hay que recurrir.[25] Sin embargo, hay que tener en cuenta que para aquellos años de principios de la década de los cincuenta, se entendía por aquel liderato político del Partido Popular Democrático, por el Gobernador Luis Muñoz Marín y sus asesores, entre ellos, el doctor José Trías Monge[26] que se estaba realizando un verdadero cambio en la condición política de Puerto Rico y hasta se habló de una contribución confederal.[27] Así lo expresaron verbalmente y por declaraciones escritas y artículos de prensa en el ámbito insular. Ciertamente juristas, legistas, constitucionalistas, abogados y asesores interesados, esgrimieron cuantas formulaciones, entelequias, invenciones, ficciones y construcciones jurídicas podían citar para tratar de probar que esas propuestas gubernamentales eran constitucionales y se cambiaba la dependencia colonial. Ha escrito el doctor José Trías Monge que: «Llegamos hasta reclamar que Puerto Rico había cesado de ser colonia de Estados Unidos.»[28] Se teorizó sobre el pacto, ¡que mucha tinta ha corrido sobre esta entelequia, y sobre otras cuestiones!, de la supuesta bilateralidad pactista del Estado Libre Asociado. Cuanta jurisprudencia, legislación y tratadistas citaron para probarlo, pero en el Congreso—aquellos modernos procónsules—hicieron añicos tales entendimientos, les hablaron claro y contundente: la soberanía reside en Estados Unidos. Es necesario señalar que la legislación que no es ni siquiera una «Ley Paccionada». Una opinión interesante y atinada, de los motivos del lobo, es ofrecida por Surendra Bhana.[29] Cuando se presentaron aquellos puertorriqueños gubernamentales y sus acólitos ante los comités congreciónales del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos en el Capitolio federal se les contestó manifiestamente que Puerto Rico, según el Estado de Derecho norteamericano no puede cambiar la condición territorial y que dicho Congreso retenía sus poderes basados en la cláusula territorial de la Constitución federal y otros extremos.[30] Ha expresado públicamente, décadas después, el licenciado José Trías Monge, testigo y participante de aquellos hechos, en 1984, en su Historia Constitucional de Puerto Rico, que:

“El proceso ha sido degradante, tanto para Puerto Rico como para Estados Unidos. En un mundo en que el colonialismo, al menos en su versión del siglo diecinueve, es fuerza ya acabada, se mantiene a Puerto Rico en situación indigna, ni dentro ni fuera, gobernándose en parte y gobernado en otras, al margen del respeto internacional, con supuesto derecho a ser lo que quiera, pero lanzado al muro de las lamentaciones cada vez que expresa su deseo”.[31] [Énfasis suplido].

El Gobierno de Puerto Rico propondrá al Gobierno federal y al Congreso de Estados Unidos la convocatoria de una «Convención Constituyente» en San Juan que apruebe una Constitución, siguiendo una serie de pasos, votaciones, referéndum y plebiscitos llevados a cabo en Puerto Rico. Estas decisiones de los puertorriqueños no tienen valor intrínseco y son temporales pues de acuerdo a la cláusula territorial de la Constitución de Estados Unidos, al Tratado de París y las decisiones judiciales, la Isla continuará dominada y su soberanía intervenida.[32] Todos los asuntos importantes, desde la agricultura hasta el ambiente requieren y exigen la consideración y aprobación o desaprobación y autorización por medidas legislativas federales y presidenciales sancionadas por el Congreso de Estados Unidos y el Ejecutivo de ese país o sus tribunales federales. Los interlocutores en Estados Unidos de las propuestas gubernamentales hechas por el Gobernador y el Comisionado Residente en Washington, a nombre del «Pueblo de Puerto Rico» son las autoridades federales integradas por la Oficina del Presidente Harry S. Truman, diversos departamentos ejecutivos y agencias y finalmente tendrá la última palabra y prevalecerá la decisión d el Congreso de Estados Unidos.

Ante esta realidad desnuda de que las medidas solicitadas y la «Constitución» que legislarán los delegados a la «Convención Constituyente» requiere y exige el permiso, la autorización, el visto bueno y la aprobación del Congreso norteamericano Géigel Polanco advierte a su Pueblo que tal proceso es una farsa. Y ello es así pues el significado de esos procesos espúmeos se traducen en que la dominación de Estados Unidos permanece invariable, sigue y continúa sobre Puerto Rico. Ante esta realidad, el licenciado Géigel Polanco entiende su deber moral y un imperativo ético el alertar e ilustrar a su Pueblo sobre dichos procesos para que se sepa públicamente que carecen de soberanía, libertad y que dichos procesos son «degradantes.»[33] Siempre ha sido difícil hablar y escribir sobre estos temas, que concitan pasiones y levantan ronchas, si no se está con la mayoría dominante. El que comenta con la claridad y la exactitud, con el dominio de los hechos y la dialéctica como lo hace en su libro Vicente Géigel Polanco demuestra un profundo amor por su patria a la que desea conozca la verdad, para que informada sepa que jamás puede aceptar la condición de colonia, no importa el subterfugio a que se recurra. El licenciado Géigel Polanco no es un mero comentarista o estudioso de gabinete que comenta las propuestas constitucionales gubernamentales que se hacen por el Gobierno de Puerto Rico o los partidos políticos para aprobar una constitución. Sus comentarios son producto de una afilada inteligencia, un profundo discernimiento del Derecho Constitucional y de otros saberes complementarios, agudo sentido histórico y dominio perfecto de la lengua castellana. Así como un conocimiento de los personajes que actúan, pues convivió con ellos largos años y los conoce bien.

II. Las encrucijadas del Partido Popular

«1. Este Proyecto de Constitución es un engaño, una ilusión y un fraude perpetrado sobre el pueblo de Puerto Rico.

“2. No podemos abdicar nuestros poderes de legislar sobre territorios y posesiones. Ese poder está situado en el Congreso; no se lo podemos transferir a nadie más.

“3. El problema de Puerto Rico solamente puede resolverse de una manera, y es dándole soberanía. Este proyecto no les da ninguna soberanía, restringe su existencia al marco del status colonial”.

Honorable Vito Marcantonio.[34]
U.S. Representative.

 

El Partido Popular Democrático gana las elecciones de 1940.[35] Esa victoria inicia una nueva era política en el país.[36] No sólo por ese triunfo generacional, sino porque en poco tiempo desaparecen los líderes de las antiguas organizaciones partidistas. Un nuevo Gobernador norteamericano Rexford Guy Tugwell se instala en el Palacio de Santa Catalina o La Fortaleza. Su período al frente del Gobierno de Puerto Rico comienza el 19 de septiembre de 1941.[37] Los tiempos—sucesores de los turbulentos treinta— están demandando radicales cambios en las relaciones de dependencia que sufre Puerto Rico. Se aprobará la Ley del Gobernador Electivo, pero ello no es en verdad una novedad, ni un cambio profundo en la condición política. Ya no podía continuarse con los nombramientos de administradores coloniales venidos de Estados Unidos, la mayoría políticos ineptos y mediocres. Sin embargo, no sólo continúa la vigencia de la Ley Jones sino que todo el sistema de dependencia sigue vigente. El Senador Vicente Géigel Polanco culmina las conversaciones y gestiones que el y otros populares que creían en la Independencia venían realizando, presionando entre otros líderes al mismo Muñoz, durante los seis meses previos. Es Géigel, por sus conocimientos de Derecho Constitucional y las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos quien prepara un proyecto de Resolución Concurrente que envía el 25 de enero de 1943 al Presidente del Senado. La referida Resolución Concurrente sobre la condición política [status constitucional] de Puerto Rico, va exponiendo las realidades históricas, sociales y políticas de que goza el Pueblo de Puerto Rico, y afirma: «con una definida personalidad histórica, un idioma común, una sólida cultura entroncada en las más alta tradiciones hispanoamericanas y un arraigado concepto de la democracia como ideal de vida y de gobierno.»[38] Termina la misma con lo siguiente:

«Por cuanto de acuerdo con la historia, los precedentes y las instituciones libres de Estados Unidos de América, la forma democrática de resolver nuestro problema de soberanía es mediante una autorización del Congreso en virtud de la cual el pueblo de Puerto Rico decida su status político permanente con arreglo al principio de la libre determinación.»

Mientras el sector independentista llevaba a cabo sus gestiones, el otro sector, el que lideraba don Luis Muñoz Marín, que desde 1932 avizoraba una autonomía dentro de las esferas de poder del Congreso de Estados Unidos, negociaba, como usualmente lo hacía, con las autoridades norteamericanas, para hacer cambios a la ley orgánica, lograr que el cargo de gobernador fuera electivo y ese tipo de cambios. La Resolución Concurrente del Senador Géigel Polanco, no se aprobó, pues aunque el sector independentista era poderoso, de líderes inteligentes y tenían entre ellos al «Cerebro Mágico»[39] políticamente hablando, don Luis y sus acólitos y los tecnócratas[40] dominaban los resortes del poder partidista e institucional. Ya habían derrotado al Senador Géigel Polanco en el tenor de la reforma universitaria, pues la Ley 135 de 7 de mayo de 1942, no se realizó en base a las teorías que propulsaba Géigel Polanco.[41] El 10 de febrero de 1943 la Asamblea Legislativa aprobó unánimemente una resolución conjunta planteándole al Presidente y al Congreso de Estados Unidos «el derecho del Pueblo de Puerto Rico a que termine el sistema colonial de gobierno.»[42] Además de las peticiones de cambios en las relaciones entre dominador y dominado y para que se rompa el yugo colonial que hacen individuos y colectividades político-partidistas, una institución profesional de reciente creación (1932) interviene. El Colegio de Abogados de Puerto Rico celebró su Asamblea General el 1 de septiembre de 1944. En dicha Asamblea se aprueba una extensa y bien pensada Resolución titulada El Problema Político de Puerto Rico: (1944), donde expresa:[43]

  1. Denunciar clara y categóricamente el régimen de gobierno colonial todavía subsistente en Puerto Rico a los 45 años de haberse firmado el Tratado de Paz que puso fin a la Guerra Hispanoamericana.
  1. Afirmar que al mantener todavía dicho régimen, ni el gobierno ni el pueblo de los Estados Unidos, han cumplido satisfactoriamente la obligación que asumieron en dicho Tratado para determinar la condición política final del pueblo de Puerto Rico.
  1. Declarar que tal régimen se mantiene únicamente sobre la base de la fuerza, y es uno de positiva coacción jurídica y política contra el derecho del pueblo puertorriqueño al ejercicio de una soberanía en los asuntos que le atañen, mediante cualquiera de las formas reconocidas por el Derecho para la estructuración y ejercicio de esa soberanía.
  1. Demandar del Congreso Federal y del Presidente, así como del pueblo de los Estados Unidos, la terminación del injusto régimen denunciado y su sustitución por otro que responda a la voluntad colectiva del pueblo puertorriqueño determinado libremente por el mismo en uso del derecho que a tal efecto le corresponde.

Los juristas puertorriqueños cumplen un deber, el de aclarar jurídicamente el más importante problema que sufre el país y al hacerlo ilustrar a sus compatriotas, fuera de partidos, para que tomen la decisión de terminar con la subordinación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos.

Dentro del Partido Popular Democrático alentaba un grupo grande de independentistas. Desde la celebración de su Asamblea Constituyente el 21 de julio de 1940, el Partido había declarado, para sus militantes y organismos, una moratoria en la cuestión de la condición o status político constitucional de Puerto Rico. El Programa político, aunque tenía ciertamente un tono independentista, enfatizaba lo antes indicado y lo resumía en la híbrida frase: “el status no está en issue” que tanta fortuna hizo en la Isla durante mucho tiempo. Hoy está esa frase desacreditada. Entonces, sin embargo, la cuestión del status sí estaba latente y presente, viva, dentro de muchos de los militantes y miembros del referido partido y en numerosos sectores de la sociedad puertorriqueña. A principios de abril de 1943 se había reunido en San Juan un grupo de varios cientos de independentistas pertenecientes a diferentes partidos políticos, predominando entre ellos los populares. Este grupo luego organizaría el primer Congreso Pro-Independencia [CPI]. En el parque, hoy llamado Sixto Escobar, en San Juan, se reunieron mil ochocientos delegados de todo el territorio insular, el 15 de agosto de 1943. Presidía el historiador y abogado Juan Augusto Perea y actuaba de Secretario General Antonio Pacheco Padró. Varios oradores hicieron uso de la palabra ante las quince mil personas congregadas: Vicente Géigel Polanco, Juan Augusto Perea, Rafael Soltero Peralta, Sergio Peña, Juan Sáez Corales, Obdulio Bauzá, Carlos Román Benítez, Alfonso Lastra Chárriez, Felisa Rincón de Gautier, Benjamín Ortiz, Rodolfo Ramírez Pabón, Rafael Arjona Siaca, Carmelo Gorritz, Antonio Ayuso Valdivieso, José Yumet, Carmelo Rodríguez García y Ernesto Juan Fonfrías.

Entre los presentes se encontraban numerosos líderes y miembros del Partido Popular. Don Luis Muñoz Marín, preocupado de que el CPI se convirtiera en un partido político, citó al liderato del popularismo y anunció que él no participaría porque el Partido Popular era neutral en asuntos de status. Una razón subyacente, además de aquella citada antes, estaba presente en la decisión que el Presidente del Senado había tomado, ya estaba en transición hacía otras direcciones políticas surgidas en Washington, que entendía eran factibles para sí y neutras para fines electorales. Otras razones pesaban también en la decisión del referido líder. Muñoz Marín dirigió un mensaje al Congreso que se resume en la siguiente oración: “Deseo al Congreso Pro-Independencia todo éxito en la expresión ante el pueblo de los Estados Unidos de los ideales que indiscutiblemente son los de la mayoría de los puertorriqueños”. Nos preguntamos: ¿Si eran los de la mayoría, porque don Luis no los respaldaba? ¿Que o quienes se lo impedían? ¿Porque? Vicente Géigel Polanco, dirigente parlamentario del Partido Popular en el Senado, y gran amigo personal de Muñoz Marín manifestó en el Congreso Pro Independencia que:

“Planteado el problema en términos de soberanía, no se trata de obtener una mera reforma del régimen vigente, ni de la prolongación del coloniaje con ayuda económica más o menos generosa, ni de la simple concesión de gobernador electivo, ni de medidas transitorias, ni de franquicias revocables. Se trata de la soberanía, de la independencia, del establecimiento de la República de Puerto Rico por la voluntad soberana de nuestro pueblo”.

Ya el licenciado Géigel Polanco sabía hacía donde don Luis y sus asesores se dirigían y que buscaban, de ahí la admonición y el mensaje.[44] Ya desde 1932 como Senador por el Partido Liberal, Don Luis Muñoz Marín, había iniciado su traslado de un credo independentista, escéptico y con condiciones, más bien coyuntural, a uno autonomista, afín con los proyectos de económicos y políticos que Estados Unidos interesaba imponer en Puerto Rico.[45] El insuperable político que era Muñoz, le permitió intuir las políticas de Washington, también en transición, pero dirigidas a aquello de que esto tiene que cambiar, para que pueda continuar igual.[46] No publicó don Luis Muñoz Marín un «Manifiesto a los Puertorriqueños» en 25 de junio de 1936, que decía:

«Creo que conozco el origen psicológico que puede mover a algunos de mis compatriotas a pensar en la autonomía. Profundamente disgustados con la colonia y gravemente temerosos de la independencia, buscan sinceramente en los pliegues de la autonomía un manto decoroso, y hasta decorativo que cubra los harapos de la colonia y se asemeje a la toga de la independencia.»[47]

El segundo Congreso Pro Independencia congregó a mil seiscientos eufóricos delegados de toda la Isla y miles de espectadores. Además del Presidente, ahora el doctor Gilberto Concepción de Gracia, talentoso jurista, constitucionalista notable y dedicado patriota, de limpia trayectoria política, limpieza moral, dirigieron la palabra a la multitud los siguientes oradores: Vicente Géigel Polanco, Rafael Soltero Peralta, Rafael Arjona Siaca Andrés Grillasca, Antonio Ayuso Valdivieso, Juan Santos Rivera, Rodolfo Ramírez Pabón, Juan Hernández Vallé, Yamil Galib y Baltasar Quiñones Elías. También participaban en la organización del Congreso, Osvaldo Ramírez, José Paniagua Serracante, Antonio Santaella, Luis A. García Casanova, Emilio Soler López, Rizal Pagán, Pedro Pérez Pimentel, Juan Sáez Corales, Antonio Pacheco Padró, J. A. Lanausse y José A. Pacheco. Causó impacto y llamó lo atención en el Congreso Pro Independencia de Puerto Rico una carta del presidente del Partido Popular, don Luis Muñoz Marín; luego publicada en el diario El Mundo de 11 de diciembre de 1944. Expresa, entre otras cuestiones, el dirigente máximo del popularismo y Presidente del Senado que: «Como usted bien dice, el Partido Popular Democrático se comprometió solemnemente con el pueblo a que los votos que se dieran a su favor en las elecciones no se interpretarían como votos a favor de status político futuro alguno.»

El Senador Millard Tydings presentó otro Proyecto de Ley (S-227) el 10 de enero de 1945 por el que se propiciaba un proceso que viabilizaba la obtención de independencia de Puerto Rico.[48] El mismo era similar al de 1936, y causó sensación entre los independentistas y los no independentistas. Un grupo sustancial de legisladores populares respaldó el Proyecto de Ley Tydings. El mensaje dirigido al Senador Tydings, leía como sigue:

«Como miembros de la Legislatura de Puerto Rico, urgimos legislación autorizando a nuestro pueblo a decidir tan pronto sea posible el problema de nuestro status político permanente. Personalmente le damos nuestro completo endoso a su proyecto de Independencia, con enmiendas disponiendo para el progresivo desarrollo de nuestra economía y el sostenimiento de razonables niveles de vida y de trabajo.»

Los alcaldes Populares que suscribieron este mensaje fueron: Asunción López, Jorge A. Ortiz, Julio Rojas Reyes, Andrés Grillasca, Lisandro Lugo, Esperanza Ydrach Vda. de Quiñones, Joaquín Rosa, Gerardo Vega, Carlos Mignucci, Juan Rodríguez Martínez y Augusto P. Álvarez. Otro número de Alcaldes Populares dieron su apoyo condicionado a este proyecto en mensaje que decía: «De acuerdo con el sentimiento mayoritario del pueblo de Puerto Rico nosotros calurosamente apoyamos el Proyecto Tydings para nuestra independencia con la enmienda propuesta».[49] En abril de 1945 se integró la Comisión Legislativa del status que había sido creada en 1943. Vicente Géigel Polanco era miembro de ésta.

El Presidente Franklin D. Roosevelt murió en abril de 1945 y le sucedió en la Presidencia de los Estados Unidos Harry S. Truman. En Washington, D. C., don Luis Muñoz Marín ofreció testimonio ante el Comité Senatorial el 7 de mayo de 1945.[50] Manifestó que aunque él favorecía el status de dominio no respaldaría ninguna alternativa constitucional si no tenía el respaldo del pueblo de Puerto Rico. El 10 de febrero de 1946 hizo crisis la situación surgida entre el Congreso Pro Independencia y Muñoz Marín con referencia a los miembros populares del Congreso. Se declaró incompatible pertenecer a ambas organizaciones. Para todos los efectos, este acuerdo constituyó la expulsión de los independentistas del Partido Popular. El Presidente del Congreso Pro Independencia, don Gilberto Concepción de Gracia, hizo declaraciones a la prensa condenando el acuerdo del Partido Popular y calificándolo de “decreto inquisitorial”.[51] Se sucede entonces una serie de expulsiones de líderes populares creyentes en la independencia: Baltasar Quiñones Elías, José Luis Feliú Pesquera y William Córdova Chirino, representantes a la Cámara. También Luis Muñoz Marín anuncia varios días después la expulsión del Alcalde de Aguadilla, Fernando Milán, entre otros.

El diario El Mundo de 28 de junio de 1946 publicó el primero de dos artículos de don Luis Muñoz Marín sobre el status o condición política de Puerto Rico titulados Nuevos caminos hacia viejos objetivos.[52] En ellos, el Presidente del Partido Popular, aunque no precisaba una fórmula constitucional, ofrecía su enfoque del problema. Abandonó públicamente las alternativas de independencia o estadidad y argumentó para la continuación de las relaciones políticas con los Estados Unidos. Admitió que la actual relación no era perfecta, pero si beneficiosa a la Isla. Importantes líderes del Partido Popular Democrático que profesaban la independencia de Puerto Rico como solución a la situación colonial de Puerto Rico, protestaron del contenido de los artículos, entre ellos Francisco Susoni (padre), Presidente de la Cámara de Representantes y Vicente Géigel Polanco, Senador y dirigente parlamentario del Partido Popular. Se convocó una reunión de los organismos directivos del Partido Popular en Barranquitas el 3 de julio de 1946 con el propósito de discutir el momento político. Luego de las intervenciones de Muñoz Marín, Susoni, Géigel Polanco, Eugenio Font Suárez y otros, se tomó un acuerdo contra el cual votó Géigel Polanco. Las luchas por lograr romper la colonia continúan en el seno del Partido Popular, pero la situación de los independentistas era difícil, el alto liderato buscaba otra solución que, para un conocedor del Derecho Constitucional, era colonial. El Presidente del Senado Luis Muñoz Marín pronunció el discurso durante la celebración oficial del 4 de julio de 1948. “Su discurso endosó totalmente la tesis de la tercera fórmula para la solución del problema político de Puerto Rico”.[53] Muñoz Marín interpretó el resultado electoral de noviembre de 1948, que le elige Gobernador, como un endoso del pueblo al status de dominio o pueblo asociado a Estados Unidos.[54] A esos efectos, anunció al día siguiente de las elecciones su intención de solicitar del Congreso de Estados Unidos que se permitiese a los puertorriqueños redactar su propia constitución. Sostuvo el Gobernador que era la Isla la que necesitaba a los Estados Unidos y no los Estados Unidos a Puerto Rico y prometió terminar las trazas de colonialismo. El New York Times de 5 de julio de 1949 publicaba sobre la visita del Gobernador Muñoz Marín a Washington. La prensa incluía declaraciones del Gobernador, a los efectos de que Puerto Rico en realidad era el Estado número 49 de los Estados Unidos. Se inician los procesos para hacer a Puerto Rico un Estado Libre Asociado.

Las autoridades federales en Washington, que dominan y ejercen plenos poderes sobre Puerto Rico de acuerdo a sus esquemas constitucionales y jurisprudenciales, tomaron la determinación de llevar a cabo algunos cambios en dichas relaciones entre el dominador y el dominado, pues ello convenía a los intereses norteamericanos. Es por ello que entre 1950 a 1952, el Presidente y el Congreso de los Estados Unidos, autorizan y aprueban las reformas constitucionales a las leyes que habían organizado institucionalmente a Puerto Rico, después de la invasión de 25 de julio de 1898, me refiero a las legislaciones federales: Foraker (1900), Jones (1917) y la Ley del Gobernador electivo (1948). El Congreso autoriza y consiente legislativamente la confección de la Constitución del Estado Libre Asociado, mediante una Asamblea Constituyente, cuya Constitución del Estado Libre Asociado será sometida a aquel Congreso para su revisión y aprobación. Los procesos político-constitucionales fueron, como dice Trías Monge «degradantes» y este jurista expresa que: «Dada la inclinación general del Partido Popular Democrático, en sus relaciones con Estados Unidos, a contemporizar, a envolver sus conceptos sobre el status en lenguaje ambiguo, críptico o esópico, a no adoptar posiciones firmes frente a Estados Unidos en la expresión de sus derechos…»[55] El proceso que se desarrolló en Puerto Rico y en el Congreso de Estados Unidos, de naturaleza colonial, donde los senadores y representantes planteaban que Estados Unidos no tenía colonias, la timidez de las propuestas puertorriqueñas para establecer al fin un régimen de gobierno local, carente de poderes soberanos las peroratas sobre el pacto y los numerosos detalles que ocurrieron, nos obligan a afirmar que: el título del libro del licenciado Vicente Géigel Polanco se justifica.[56] No ha dicho don José Trías Monge, en 1998, que:

“El 25 de julio de 1952, después de tan horrorosa ordalía y de un record vergonzoso, nació por fin el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.”[57]

III. Los quilates de don Vicente Géigel Polanco.

Lauros conseguirás, joven artista,
del borincano suelo serás gloria,
y de siglos en siglos tu memoria
Puerto Rico por siempre guardará.

Adiós, pues, prosigue tus cantares,
tan llenos de dulzura y sentimiento,
a tu patria darás ese ornato,
y ella tu justo anhelo premiará.

Emilia Cuebas Grappe.[58]

 

Es un lugar común decir que La farsa del Estado Libre Asociado es un libro polémico. Decía don Alfonso L. García Martínez,[59] mi estimado amigo, que hablar de simplezas, paparruchas y sandeces, de cuestiones manidas, lo hacen los espíritus débiles y mediocres, es decir, cualquiera. Aquellos, que quieren estar bien con Dios y el Diablo, repicar campanas y dar misa. Es de espíritus fuertes—y nunca una frase fue mejor usada—asumir su responsabilidad y ofrecer sus opiniones públicamente, como lo hace el docto Vicente Géigel Polanco. Afrontar, analizar y criticar las ideas centrales y fundamentales de una sociedad—aunque sean controversiales e impopulares—es tarea que requiere valentía, integridad intelectual, talante moral e inteligencia. De estas facultades estaba dotado don Vicente, hombre de una fibra moral inquebrantable, limpio de ideas, y poseedor de un talento esclarecido. Este cronista, prologuista de su libro, tuvo el privilegio de conocerle personalmente cuando se iniciaba en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, por aquellos, ya lejanos años de 1963, como estudiante de primer año y tratarle seguidamente durante años, hasta su desaparición. Esa relación de amistad con el licenciado Vicente Géigel Polanco me permitió aquilatar esas virtudes y otras que le adornaban. Obras son amores, dice el refrán. Si juzgamos a don Vicente por sus obras, tenemos que concluir que era un hombre de vasta cultura cultivada al calor de mil lecturas y experiencias, fogueada por su latente curiosidad intelectual, y sentido de lo propio, decoro, pero además lo he expresado antes, poeta.[60] Es decir que los dioses le tocaron y le dieron, para mí, el don más preciado, el de la poesía, la más exquisita de las gracias divinas. Es desde la poesía que don Vicente se proyecta al Derecho, la Historia y la reforma social, es abogado de primer orden por ser poeta, va al Derecho por medio de la poesía. Más aún, por ser un cantor de Puerto Rico, defiende a ultranza el Derecho natural a la libertad, personal y colectiva, que los puertorriqueños poseemos de forma inalienable, imprescriptible y perpetua. Eugenio María de Hostos, quien también cultivo la santa poesía, como la llamaba don José de Diego, expresaba: «nuestra patria, nunca dejará de ser nuestra». A propósito de la cita hostosiana, era don Vicente fervoroso estudioso de la vida y la obra de Eugenio María de Hostos. Le unía a Hostos un lazo espiritual, de comunes apetencias patrióticas, y pudo entender la trascendental aportación del Maestro mayagüezano de universal proyección, porque ambos, Hostos y Géigel Polanco, estaban anclados por una misma idea patriótica.

IV. Credo político y cultural.

Quiso una patria libre y digna
porque no podía querer otra cosa.

Margot Arce de Vázquez[61]

Su credo político y social quedó plasmado en sus luchas por la obtención de la soberanía, la independencia, la liberación y la libertad de su patria, Puerto Rico. Forma también parte esencial de su credo la vasta legislación obrera y social que ideó, preparó e hizo aprobar, como miembro de la Asamblea Legislativa, Senador y dirigente parlamentario del recién fundado Partido Popular Democrático.[62] Las bases de su pensamiento democrático estaban imbricadas en dos factores que se congregaban en su persona: el licenciado Géigel Polanco, además de abogado, era profesor de Sociología y Legislación Social en el Colegio de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y en la Facultad de Ciencias Sociales. Ambas disciplinas le ofrecieron un entendimiento de la conveniencia de una sociedad donde todos gozaran de derechos, libertades y trabajo. Conoció las penurias de los campesinos y de los trabajadores explotados que su generación destacó y tuvo la oportunidad de contribuir a lograr cambios sociales mediante la legislación social que se aprobaría después. El partido en que militaba, recién fundado, el Popular Democrático, cuyo líder era don Luis Muñoz Marín, así lo creía, como su alto liderato, entre otros don Ernesto Ramos Antonini, para mencionar sólo dos. Géigel Polanco al terminar sus estudios de Derecho se interesó en lo social y uno de sus primeros trabajos como abogado fue en el Departamento del Trabajo, investigando, estudiando y aplicando disposiciones legislativas laborales de avanzada. Tenía un fe profunda en la participación inteligente de las masas puertorriqueñas para la liberación del pueblo de Puerto Rico y de que estas se educasen para aportar al bien común, de ahí que había escrito su ensayo «La Integración nacional», incluido en su libro titulado, El despertar de un pueblo.[63] Allí nos expresa que:

«A estas horas de la civilización no bastan las minorías ilustradas que siempre terminan por erigirse en usurpadoras de todos los derechos. Hemos menester de masas cultas, de muchedumbres conscientes de su civilidad.»

Creía en las instituciones acendradas que educaban al pueblo y obligaban a los estudiosos a compartir sus ideas y saberes con los que no tenían esos conocimientos, por ello, se afilió al Ateneo Puertorriqueño y fue entusiasta miembro de su Junta de Gobierno, y militó y respaldó al Colegio de Abogados siendo director de la Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico. Géigel Polanco y sus dos compañeros de estudios de Derecho—Samuel R. Quiñones y Nilita Vientós Gastón—serán electos, en diferentes momentos presidentes del Ateneo Puertorriqueño y llevarán a nuevas alturas a la docta casa. La obra prosística de Géigel Polanco se dedicó a la interpretación de la realidad puertorriqueña. Josefina Rivera de Álvarez nos dice que: “En la raíz de su ensayismo el amor por el suelo natal se funde con un espíritu revisionista y una fundamental conciencia de hombre culto de apoyos universales, rasgos coincidentes con las inquietudes que presiden en la generación literaria a la cual perteneció”.[64] Es uno de los fundadores de la revista Índice, con Antonio S. Pedreira, Samuel R. Quiñones, Antonio Collado Martell, a la que se adhirió después Margot Arce. En su afán por estudiar nuestro pasado histórico y conservarlo, para enriquecer el patrimonio cultural, Vicente Géigel Polanco funda en enero de 1934 la Academia Puertorriqueña de la Historia. Esta institución cultural es otra aportación de la visión histórica de su fundador que la gestiona y establece desde la Presidencia de la Sección de Historia del Ateneo Puertorriqueño.[65] Se le elige Secretario Perpetuo de la Academia Puertorriqueña de la Historia, desempeñando ese prestigioso cargo hasta su desaparición.[66] De don Vicente se puede decir que por donde quiera que fue se dedicó a compartir sus ideas, a alumbrar nuevos caminos y a combatir el colonialismo que corroe su patria. Su brillante inteligencia y conocimientos jurídicos le hubieran permitido dedicarse a una lucrativa práctica de la abogacía y enriquecerse. Más don Vicente prefirió seguir su vocación de servicio desinteresado a su pueblo, aún a costa de muchos sacrificios.

V. Filiación política.

«que está siempre ahí la autoridad del Gobierno de los Estados Unidos, del Congreso, para legislar en caso de necesidad”.

Antonio Fernós Isern, comisionado Residente al Congreso, 11 de mayo de 1950.

 

Como jurista y político, el licenciado Géigel Polanco, fue miembro y líder destacado del Partido Unión de Puerto Rico, de su sector independentista, y simpatizaba con la fundación del Partido Nacionalista en abril de 1922.[67] Cuando el Partido Nacionalista celebra su Asamblea General el 11 de mayo de 1930 en los salones del Ateneo Puertorriqueño, convocada por el abogado Antonio Ayuso Valdivieso, Presidente de la Organización desde 1929, asistieron varias delegaciones de otros partidos, como la presidida por Antonio R. Barceló, que volvía a presidir la Unión de Puerto Rico, al desertar la Alianza de Puerto Rico. La delegación de líderes unionistas se componía de Barceló, Luis Lloréns Torres, José S. Alegría, Samuel R. Quiñones, Vicente Géigel Polanco y José Dávila Ricci. Después de saludar a la Asamblea Nacionalista y al candidato a presidente de dicho partido, el licenciado Pedro Albizu Campos la delegación unionista se retiró. Vicente Géigel Polanco suscribe un extenso Manifiesto a favor de la Independencia publicado en El Mundo el 28 de mayo de 1930, también lo firman: Ernesto Ramos Antonini, Samuel R. Quiñones, José Dávila Ricci, Pedro E. Anglade, José E. Gelpí, Francisco Susoni Lens, Manuel Cruz Horta, Enrique Campos del Toro, Cruz Ortiz Stella, Santos P. Amadeo,[68] y Pelayo Román Benítez.[69] Géigel Polanco, miembro del Comité Internacional del partido Unión publica el 10 de agosto de 1931 una denuncia contra el régimen colonial. El manifiesto se titula:

«Puerto Rico ante el imperialismo norteamericano». Denuncia del régimen de Gobierno que Estados Unidos de América impone al Pueblo de Puerto Rico”.

El texto de dicho manifiesto expresa en uno de sus párrafos que:

“En puridad de verdad, es una farsa el gobierno instituido en Puerto Rico por los invasores. Se nos rige al amparo de una ley del Congreso de Estados Unidos, en cuya aprobación no tuvo ingerencia nuestro pueblo. El gobierno estatuido aquí no emana, pues, de la voluntad de los gobernados. Es imposición de Estados Unidos.

“En resumen, al cabo de treinta y tres años de ocupación norteamericana, no existe en Puerto Rico ni un indicio de gobierno democrático. No hemos conquistado un solo derecho permanente bajo el nuevo régimen; por el contrario, se nos despojó de la Carta Autonómica que obtuvimos de España a fines del pasado siglo. Ninguna prerrogativa ciudadana dimana de nuestra soberanía. El invasor continúa ejerciendo ilegítimamente nuestro derecho. Nos impone por la fuerza un gobierno personal y exótico; centraliza en manos inexpertas y enemigas del país todas las funciones públicas; subordina nuestra vida nacional a los caprichos de gobernantes irresponsables y nos obliga a costear, a precio de diez a doce millones de dólares anuales, una maquinaria gubernativa que, lejos de responder a las necesidades del pueblo puertorriqueño, va rectamente encaminada a destruir los valores sustantivos de la nacionalidad.»

“El invasor ha pretendido, asimismo, desnaturalizar el alma de este pueblo, corromper su moral, prostituir sus creencias, humillar su decoro y envilecer su conciencia”.

Lo suscriben los líderes unionistas: Antonio R. Barceló, Luis Lloréns Torres, Manuel A. Martínez Dávila, Ernesto Ramos Antonini, Vicente Géigel Polanco, Antonio Coll Vida, José Dávila Ricci, Samuel R. Quiñones, Joaquín Velilla y José Enrique Gelpí. Cuando los unionistas perdieron el uso del nombre por decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico, entonces controlado por los anexionistas del Partido Republicano, después de disolverse la Alianza de Puerto Rico, y reclamar tal designación para sí, el Partido Republicano, de programa anexionista, se funda el 29 de diciembre de 1931 el Partido Liberal que presidirá don Antonio R. Barceló. En estas banderas se inscribe Géigel Polanco. Sin embargo, este siguió, el 23 de agosto de 1936, a don Luis Muñoz Marín, su gran amigo, cuando este rompió con don Antonio R. Barceló, y se iniciaron los procesos por la renovación del liderato de los liberales. Surgió el Partido Liberal Neto, Completo y Auténtico, de corta duración. De esta manera el licenciado Géigel Polanco es líder de Acción Social Independentista [ASI], que dirige después el señor Muñoz Marín, y uno de los fundadores del Partido Popular Democrático en 1938. Géigel Polanco es uno de los candidatos a Senador, y será electo, confiándosele por el Presidente del Senado la responsabilidad de desempeñar el cargo de dirigente parlamentario de la mayoría del Partido Popular Democrático en el Senado de Puerto Rico y la presidencia de la Comisión de Instrucción y Cultura. Es un Senado de políticos destacados.

Durante ocho años el Senador Vicente Géigel Polanco prepara y hace aprobar, bajo el liderato del Presidente del Senado, Muñoz Marín, un cuerpo extenso de legislación social y renovación del ordenamiento jurídico puertorriqueño. El 2 de enero de 1949, fue designado Procurador General, cargo equivalente a secretario o ministro de justicia en el primer gabinete del Gobernador Luis Muñoz Marín, primer gobernador electo por los puertorriqueños, por enmienda de la Ley Jones.[70] Al ser destituido, por cuestiones políticas, de ese cargo ministerial en 2 de febrero de 1951,[71] don Vicente se retiró a vivir en Nueva York, donde practicó el periodismo y dirigió diarios. Militó desde entonces en el Partido Independentista Puertorriqueño y tuvo una destacada participación en las distintas negociaciones y audiencias que se llevaron a cabo en la Organización de las Naciones Unidas sobre el caso de Puerto Rico por partidos y movimientos en pro de la soberanía. La Carta, que no es otra cosa que un tratado multinacional, establece en su capítulo número XI el régimen de los territorios no autónomos, o sea, los países coloniales.[72] El Gobierno de Puerto Rico inició desde el 19 de enero de 1953 un proceso en la ONU para que Estados Unidos descontinúase informado sobre Puerto Rico como dependencia colonial. El 7 de agosto de 1953 el Partido Independentista Puertorriqueño se opone a los planes de Estados Unidos y el Gobierno de Puerto Rico a esos efectos, pues entendía era un país colonial. Las reformas constitucionales del Estado Libre Asociado eran estéticas y de forma, no de sustancia. También se preparó por la antes mencionada colectividad, el PIP, un extenso documento titulado Memorial del Partido Independentista a la Organización de las Naciones Unidas (1953) suscrito por Gilberto Concepción de Gracia, Baltasar Quiñones Elías, Vicente Géigel Polanco y Gabriel Vicente Maura. La última parte de este extenso y bien documentado Memorial aplica los factores a la situación colonial puertorriqueña. Al final de estos procesos Estados Unidos logró sus fines de dejar de enviar informes. Según Géigel Polanco, el resultado de la situación fue el siguiente: “La jornada de las Naciones Unidas tuvo el alcance práctico de llevar al mundo libre el firme convencimiento de nuestra sujeción colonial, relevar a Estados Unidos del envío de informes sobre Puerto Rico y dejar frente al destino de nuestro pueblo el pronunciamiento del Presidente Eisenhower”.[73] Modernamente se interpretan y critican los resultados de esos procesos en la ONU por Steven Hillebrink en 2008, que:

«The debate in the UN revealed a considerable degree of skepticism among a number of non-Western states about the measure of self-government Puerto Rico had obtained. Opposition by the Communists states and a number of Asian states had been expected by the US, but their opposition was enlarged by a number of Latin American and Middle Eastern states, which found the commonwealth did not meet the standards for full self-government. Puerto Rico did not appear to be associated with the US, and it had clearly not integrated to the US.»[74]

Don Vicente Géigel Polanco regresa a su patria, y se dedica a las luchas políticas, a cultivar la poesía, a trabajar en su bufete de abogados y a contribuir, con su enorme talento, al comentario político y a ofrecer conferencias. Es así mismo asesor jurídico de las delegaciones independentistas y descolonizadoras que intervienen en el Comité de descolonización de las Naciones Unidas, haciendo aportaciones muy importantes y decisivas en muchos casos.[75]

En esta obra del licenciado Vicente Géigel Polanco, La Farsa del Estado Libre Asociado, se estudia con rigor todo el proceso de aprobación del Estado Libre Asociado, en Puerto Rico y en Estados Unidos. Es un libro de actualidad, pues a la altura de nuestro tiempo, continuamos todos los puertorriqueños pendientes, exigiendo la solución soberana de la condición política o status de Puerto Rico que es una de dependencia colonial.

VI. Los estudios universitarios.

«Usted sabe, por supuesto, que si el Pueblo de Puerto Rico se volviese loco, el Congreso podría siempre salirle al paso y legislar en contra.»

El Gobernador don Luis Muñoz Marín al Representante William Lemke.[76]

 

La Facultad de Derecho donde estudia Vicente Géigel Polanco está integrada por el Decano, Rafael Martínez Álvarez, y los profesores de Derecho Juan B. Soto, Jacinto Texidor y Alcalá del Olmo, Manuel Benítez Flores, Peter J. Hamilton, Manuel F. Rossy, Antonio González Lamas, Enrique Campos, Manuel Cruz Horta, Leopoldo Santiago Carmona; y es Bibliotecario, J. T. Martínez. Eran estudiantes de Derecho e integraban la clase de 1926, que inicia estudios en 1922, un grupo de estudiantes que eventualmente se distinguirán en la vida jurídica, judicial, cultural y política del país.[77] La clase de 1926 se compone de los siguientes estudiantes de Derecho: Francisco O’Neill,[78] Guillermo Pierluisi,[79] Ángel Rivera Colón,[80] José Carbia Hernández[81] Antonio R. Barceló, Jr. Gustavo Benítez Gautier, Antonio Oliver Frau, Wilson P. Colberg, Carlos M. Pesquera, Adolfo F. García, Eugenio Astol Arce, Antonio Quirós Méndez, José Freyre Díaz, Juan M. García, Estrella García Capella, Samuel R. Quiñones, Edmundo Arroyo Vivas, Rafael Hernández Matos, Vicente Géigel Polanco, John Philip Padilla, Alfonso Rey, Arturo Sánchez Bahamonde, Carlos J. Tessoniere, Nilita Vientós Gastón, Miguel Santoni y Francisco M. Susoni. Dos miembros de esa promoción murieron: José de Choudens Cobían y Germán R. Malaret Tió.

La promoción o clase de Nilita Vientós Gastón y Vicente Géigel Polanco, como la designamos, por ser de los más connotados y polifacéticos y por desempeñar en nuestra sociedad un liderato intelectual, jurídico, cultural, y político destacado y reconocido, estaba integrada por distinguidos profesionales.      Se destacaron, y tuvieron una actuación social importante, más allá de la práctica de la abogacía en la clase de 1926, Nilita Vientós Gastón, Vicente Géigel Polanco, Samuel R. Quiñones, Francisco M. Susoni, Antonio Oliver Frau, Rafael Hernández Matos, Wilson P. Colberg, Carlos M. Pesquera. Eugenio Astol Arce. No podemos mencionar sus hazañas culturales, ni sus aportaciones políticas, porque no hay espacio en este escrito. Susoni y Quiñones fueron Presidentes del Colegio de Abogados; Quiñones, Géigel Polanco y Vientós Gastón fueron Presidentes del Ateneo Puertorriqueño; Hernández Matos fue Juez Asociado del Tribunal Supremo de Puerto Rico; Oliver Frau fue un interesante y destacado narrador; Colberg fue Catedrático de Derecho. La licenciada Nilita Vientós Gastón es la «Abogada de la Lengua», defensora de la cultura puertorriqueña y reconocida líder feminista.[82]

VII. Vicente Géigel Polanco y el Centenario de Hostos.

“Congress retained its full undiluted power over Puerto Rico.”

Opinión oficial del abogado del Departamento de Justicia de Estados Unidos ante el Congreso, Harold Reis, 1951.

 

Uno de los intelectuales, de aquellos momentos, mediados de la década de los treinta, más sólidos, por su seriedad, así como por su formidable manejo del Derecho, la historia y la Sociología y exquisito dominio de la lengua castellana es el licenciado Vicente Géigel Polanco. Hombre de una atractiva personalidad, firmes ideales, creyente en la soberanía de Puerto Rico, de su Independencia y libertad, así como de una renovación total de la sociedad puertorriqueña, a base de trabajo, esfuerzos y educación. Se ha destacado en la Universidad como estudiante y líder universitario. Ha sido uno de los miembros del grupo literario renovador congregado en la revista Índice, de 1929. Es Géigel Polanco un acucioso y riguroso estudioso de la obra y de la vida de Hostos. Sus ensayos se distinguen por la amplitud del pensamiento, la sobriedad de sus formulaciones y lo medular de sus intenciones. El licenciado Vicente Géigel Polanco critica las celebraciones oficiales del «Centenario de Hostos», que inician los preparativos en 1937 y culmina en 1939 con los actos oficiales llevados a cabo en la Universidad, ceremonias que auspicia y dirige el Gobernador Blanton C. Winship, autor intelectual y ejecutor de la «Masacre de Ponce», y cuyo «Comité del Centenario de Hostos» preside por delegación de aquel, el líder del anexionismo cultural, el Juez Presidente del Tribunal Supremo, Emilio del Toro Cuebas. Al criticar públicamente Géigel Polanco esas ceremonias en actos universitarios y atenéisticos y por escritos en el diario El Mundo y Puerto Rico Ilustrado,[83] recoge una opinión generalizada en el país y que calaba entre la juventud estudiantil y universitaria y la gente de la cultura. Se preguntaban todos los hombres de buena voluntad y ecuanimidad: ¿Como el General Blanton Winship,–Gobernador cuestionado– autor y propiciador de la «Masacre de Ponce»– va a ser el que auspicie y promueva el «Centenario de Hostos». Contradicciones de la dependencia colonial. El General Winship un militar que participó en la Guerra Hispano-americana en Filipinas, durante las atrocidades cometidas por el ejército de Estados Unidos y que ha servido en las nuevas posesiones insulares, ahora es Gobernador de Puerto Rico.[84] Así mismo había trabajado Winship en Cuba. Como era abogado y miembro del Judge Advocate se le designó miembro de la «Advisory Law Commission of Cuba», nombrada por el Gobernador interino de la Antilla Mayor, Charles E. Magoon, bajo la intervención norteamericana de 1906, posibilitada por la «Platt Amendment».[85]

El ahora Gobernador de Puerto Rico es responsable de una matanza de civiles que desfilaban desarmados ocurridos el Domingo de Ramos de 1936. Ante su descrédito y el desprecio moral que concita la acción represiva, interviene activamente con la vida limpia y ejemplar de Eugenio María de Hostos que celebra centenario en 1939. ¿Es que no hay decoro en este país se planteaba? Todos observaban la difícil y delicada posición que asumía el doctor Antonio S. Pedreira, en esta comprometida coyuntura. Muchos se preguntaban, ¿que hace Antonio S. Pedreira en esos comités de las obras completas y del centenario auspiciados y nombrados por Winship y dirigidos por su representante personal e institucional don Emilio del Toro Cuebas? Se conocían las seguidas conversaciones del Gobernador con el Juez Presidente, y los resultados de las mismas, que se traducían en estrategias para excluir sectores no afines al oficialismo de las actividades centenarias de Hostos. Las contraprestaciones del Gobernador Winship y del Juez Presidente del Toro Cuebas eran tales, que don Emilio le elogia públicamente en la celebración del día de la Independencia de Estados Unidos, correspondientes al año de 1937.

En medio de este clima de represión y persecuciones, don Vicente Géigel Polanco presidente del Ateneo Puertorriqueño cree que su deber es llamar la atención del país sobre las contradicciones y manipulaciones que ocurren con la celebración del Centenario hostosiano. Así plantea públicamente su posición el licenciado Géigel Polanco, a pesar de su estrecha amistad con Pedreira, el 11 de enero de 1939, en el Ateneo Puertorriqueño, en su breve conferencia titulada Meditación del Centenario:

«Estamos ahora en el centenario de su natalicio. Pretendemos celebrarlo. Nuestra conciencia está en estos momentos frente a la vida y la obra de Hostos. ¿Qué hacer? Ya se ha cumplido el programa de las exterioridades. Se han realizado los actos de de público reconocimiento. Pero dijimos al principio que el centenario de Hostos clama además, por actos de más recoleto sentido, por aproximaciones de más fecundo alcance social, por devociones de más efectiva espiritualidad”.

“En realidad la celebración del centenario no ha empezado aún. Empezará cuando este pueblo, profundamente compenetrado del pensamiento de Hostos, imprima a su vida la dignidad que tenía la de aquel hombre de excepción. La celebración del centenario, la verdadera, la auténtica, la legítima, la valedera ante su espíritu, empezará, pues cuando este pueblo despierte su voluntad y tome a cuestas el grande ideal de su vida hasta consagrarlo como norma de derecho y justicia”.[86]

Géigel Polanco, entonces Presidente del Ateneo Puertorriqueño, cuestiona la celebración oficialésca, no importa que allí este su compañero de generación el doctor Pedreira. Tampoco le arredra el clima de represión y persecución que impera en Puerto Rico desde 1936 a 1939. Don Vicente cumple con su conciencia y con su deber moral, un imperativo ético lo obliga. Es por ello, que al margen de las celebraciones oficiales, llevadas a cabo durante la semana del 11 de enero de 1939, la juventud universitaria, los estudiantes y un sector del profesorado, en la misma Universidad de Puerto Rico, se lleva a cabo una ceremonia de pueblo de reconocimiento de Eugenio María de Hostos, el 1 de febrero de 1939. Es el homenaje convocado por los admiradores y estudiosos de la vida ejemplar y la obra revolucionaria y literaria de don Eugenio María de Hostos. Los que acuden, cientos, son quienes reconocen la valía intelectual de Hostos, pero también el magisterio patriótico a favor de la libertad, soberanía e Independencia de Puerto Rico y Cuba, y la libertad de Santo Domingo, así como la adhesión de Hostos al ideal de la «Confederación de las Antillas.» Participan en esta ceremonia de la juventud universitaria, la doctora Margot Arce Blanco,[87] consejera del Ateneo Universitario; Guillermo Cotto Thorner, Presidente del Ateneo Universitario, Vicente Géigel Polanco, Presidente del Ateneo Puertorriqueño. Están presentes numerosos universitarios entre estos el joven José Ferrer Canales, Francisco Manrique Cabrera, Lidio Cruz Monclova, Samuel R. Quiñones, Carmen Alicia Cadilla, los hermanos Perea, José Emilio González, José Paniagua Serracante, Manuel Negrón Nogueras, entre otros. Dice la doctora Arce Blanco, expresando hondas, inteligentes y profundas palabras llenas de intenciones que:

“Para la juventud universitaria en esta noche en acto de devoción al patriota, sea De Hostos ejemplo y mentor. Nunca estuvo la patria tan necesitada del amor de sus hijos, nunca se vieron sus virtudes y su dignidad más empeñadas. Acuda esa juventud al pronto remedio; imite a De Hostos, entréguese como él a una obra apasionada, sirva a Puerto Rico con hechos sin gastarse en palabras vacías; ame la libertady ejérzalacon la dignidad propia de los hombres. Entonces y solo entonces esa juventud será digna de pronunciar sin mancillarlo el nombre clarísimo de Eugenio Maria de Hostos.” [88]

VIII. El Foro del Ateneo de 1940.

“Nosotros vehementemente repudiamos cualquier constitución sujeta a enmienda, repudio, suspensión, control o alteración por el Congreso o por cualquiera otro poder ajeno al pueblo de Puerto Rico propiamente”.

Dr. Gilberto Concepción de Gracia.[89]

 

La oportunidad de la celebración del Foro del Ateneo, no escapa a los organizadores, es un momento muy especial y emblemático.[90] Viejas estructuras políticas han sido descartadas, sacudidas, como el Partido Liberal sustituido por una nueva colectividad fundada apenas casi dos años, donde militan los independentistas no afiliados al nacionalismo, el Partido Popular Democrático. Imperan aires de renovación. Hay deseos de renovación y cambios y estos jóvenes profesionales están anhelantes de expresar sus ideas. El principal animador de las conferencias y debates es el licenciado Vicente Géigel Polanco, jurista y poeta de 36 años de edad. Su formación tiene un hito interesante, pues ha estudiado en dos instituciones rigurosas y reconocidas en la docencia puertorriqueña: el Colegio o Instituto José de Diego y la Escuela Superior Central, de Santurce, ambas formadoras de nuestros más importantes juristas y profesores. El joven de apenas diez y siete años se distingue dirigiendo la revista Patria y luego el anuario estudiantil El Caribe, estudia Derecho en la Universidad de Puerto Rico, en el Ateneo se inicia en las ludes poéticas y oratorias. Géigel es editor literario de Athenea, en 1926. Trabaja como redactor de La Democracia, en 1929, donde fortalece su amistad con el joven Luis Muñoz Marín, que allí trabajaba de periodista y escribía, como Géigel poesía. Largas e interesantes discusiones tenían estos jóvenes intelectuales. Entre 1937 y 1941 es editorialista del diario El Mundo, allí demuestra un dominio absoluto de la lengua y se interesa por numerosos problemas sociales y políticos, que estudia para preparar sus editoriales. Géigel Polanco es autor de la monografía El Problema de Puerto Rico. (1940). Están próximos los días de la senaduría y de que se le llame por la prensa “El cerebro mágico de Puerto Rico,”[91] por su talento y laboriosidad, resolviendo complejos problemas de Derecho, y de otras disciplinas. Es un reconocimiento a la dedicación de Géigel Polanco quien es fuente e inspiración de las reformas laborales y sociales que su partido impondrá, siendo Presidente del Senado, don Luis Muñoz Marín. Géigel Polanco tiene una idea vital que le inspira, su dedicación al logro de la soberanía para Puerto Rico, creencia auténtica que le infunde arrestos para el trabajo intelectual.

En el discurso inicial del Foro del Ateneo, que versa sobre cultura y sus problemas en Puerto Rico dice Géigel Polanco que: cultura: […] “Ya es tiempo de que nuestro pueblo vaya en busca de su expresión. Ya es tiempo de que precise su fisonomía moral, que articule en síntesis definidoras las manifestaciones fragmentarias de su espíritu; que se fije normas de trabajo, trayectorias de lucha, ansias de mejoramiento, afincados en sus antecedentes históricos y en sus capacidades de expansión; que encauce sus energías espirituales por aquellos derroteros que mejor respondan a sus realidades íntimas.” Luego el poeta e intelectual recio y profundo expresa:

“La tarea es grande, pero es nuestra, y precisa afrontarla con ánimo decidido, juicio claro, actitud levantada y voluntad firme. Se trata nada menos que de la cimentación de nuestro pueblo en el mundo de la cultura. Cuatrocientos cincuenta años de coloniaje gravitan sobre el espíritu de nuestro pueblo, sin que hasta ahora haya triunfado un solo movimiento colectivo de integración nacional. Hay una espantosa dispersión en las fuerzas cívicas, en los elementos de cultura, en los valores morales, en todos los factores indispensables para la cabal formación de nuestra nacionalidad. Hay un poderoso complejo de inferioridad, agarrotando las almas, empobreciendo el esfuerzo y coartando la libre iniciativa.”[92]

XI. Géigel Polanco y la defensa de la autonomía universitaria.

«Muchas veces el no hablar es una imprudencia terrible».                                                                          

Monseñor Antulio Parrilla Bonilla[93]

 

El licenciado Vicente Géigel Polanco como multifacético pensador, nos dejó sus Ideas, siempre interesantes,[94] siempre vigentes sobre una reforma democrática que transformaría la Universidad de Puerto Rico en una institución democrática.[95] Una Universidad de Puerto Rico que se gobernase a sí misma, producto de una auténtica autonomía universitaria. «Lo que la Universidad necesita es sacudir el marasmo y articularse en la vida puertorriqueña.» «…la Universidad la forman maestros y estudiantes en una tarea común de cultura.»[96] La Universidad clamaba por una reforma que incluyese librarla de las intervenciones políticas de líderes y partidos dominantes, y que su gobierno y administración se llevase a cabo por los propios universitarios. El Senador Vicente Géigel Polanco ofrece una conferencia el 29 de enero de 1941 sobre el problema de la universidad.[97] Este era además Presidente del Ateneo Puertorriqueño. La conferencia trata de las ideas, sugerencias y sugestiones que el estudioso legislador tiene sobre como reestructurar y reformar la legislación que pauta la Universidad de Puerto Rico para democratizarla, hacerla participativa, y que se auto-gobierne. Es decir, implantar una verdadera autonomía universitaria. La conferencia fue interesante y atendida, el expositor, es un orador claro, tiene habilidad de comunicar muy bien sus ideas y como posee una conceptuosa cultura, sus pronunciamientos cautivan la audiencia. Sin embargo, hay sectores universitarios que no están de acuerdo con estas ideas, como lo están partidos políticos y líderes, entre ellos, de su mismo Partido Popular Democrático, que inicia su dominio de la Asamblea Legislativa y de otros sectores gubernamentales. El Consejo de Estudiantes, el primero organizado, que presidía Yamil Galib, reaccionó de forma conciliadora. Nos expresa la autora Nereida Rodríguez que: «Otra voz protagónica fue la del profesor Jaime Benítez. Su reacción inmediata al proyecto geigeliano la expuso en seis artículos consecutivos publicados en La Torre.[98] En dos de éstos se percibe la ingerencia significativa del Partido Popular Democrático en la redacción inicial del proyecto de 1940, y el desencuentro, a partir de ese momento, de los dos políticos ilustrados: Géigel y Benítez.»[99] El 24 de julio de 1941 renunciaba el Rector Juan B. Soto. Luego de diversas negociaciones, entre la Junta de Síndicos, que presidía el licenciado Samuel R. Quiñones, y donde la más influyente y decisiva presencia política es la de don Luis Muñoz Marín juró como Canciller el 1 de agosto de 1941, en Washington, Rexford G. Tugwell. Este ocupará, como sabemos, además el cargo de Gobernador de Puerto Rico.

En la primera sesión legislativa de la recién electa Asamblea Legislativa de 1941 se presentaron dos proyectos de reforma universitaria, uno por el licenciado Eudaldo Báez García, representante por el Distrito de Mayagüez y el otro por el senador por acumulación, licenciado Vicente Géigel Polanco.

El profesor Rafael Aragunde nos informa que:

«En Margot Arce de Vázquez, una vez más, se respira otro aire. Sin abandonar a Ortega, sugiere la fundación de la ‘universidad ideal puertorriqueña’. Esta ‘debe ser creación nuestra; debe acordarse con nuestro ambiente, nuestra historia, muestra tradición, nuestras esperanzas.» Si le es fiel a Ortega en su propuesta fe creación de una Facultad de Cultura, lo es para que a ésta se le incorpore ‘la síntesis completa de nuestras circunstancia puertorriqueña: nuestra geografía, nuestra historia, sociología, política, lengua, arte, tradición.’ No hay aquí ni el occidentalismo obsesivo de Benítez, ni el ‘americanismo’ igualmente alejado de nuestra realidad, de Soto.

En aquel momento de comienzos de la década del cuarenta, quien comparte con la profesora Arce de Vázquez algunas de sus posiciones y a quien único se le pueden identificar esfuerzos por comparar visiones en torno a lo universitario y por incorporar ideas que no fueran exclusivamente de Ortega y Gasset, es a alguien que maliciosamente ha sido olvidado por nuestra oficialidad cultural autonomista: Vicente Géigel Polanco. Hay, ciertamente, expresiones orteguianas en su reflexión, pero al igual que con la profesora Arce de Vázquez, quedan subordinadas en el proceso de la deliberación a su afán por construir una ‘Universidad verdaderamente puertorriqueña, articulada en la vida espiritual de nuestro pueblo y al servicio de nuestros intereses culturales’. La insistencia en que la Universidad de Puerto Rico de aquel momento no ‘promueve’ una juventud con ‘bríos’, ‘fe’ , ‘; superioridades’ y ‘espíritu’, no es, sin embargo, un llamado a una moral abstracta tan presa de la retórica. Es más bien un llamado a ‘ubicarnos en lo nuestro.’

Vicente Géigel Polanco, quien, se desempeñaría como portavoz de la mayoría de la delegación del Partido Popular en el Senado de aquel cuatrienio (1941-1944), no desconoce nuestra dinámica nacional y ofrece inmediatamente la condición de posibilidad imprescindible para la gesta de la Universidad que propone. ‘Para iniciar esa obra’, escribe en aquel enero de 1941, ‘hacer esa definición y afrontar esas responsabilidades, precisa que la Universidad de Puerto Rico goce de completa autonomía. […] La institución debe gobernarse por sí misma, libre de toda intervención de la política partidista.»

«Géigel Polanco conoce adecuadamente la realidad puertorriqueña. Ha sido miembro prominente del grupo de intelectuales que comienza a distinguirse en los albores de la década del treinta, entre los que estaban Antonio S. Pedreira, Samuel R. Quiñones y Tomás Blanco.

Como ha escrito Emilio González Díaz en un trabajo que es de gran relevancia para la actualidad universitaria que vivimos hoy en el 1994, Géigel Polanco fue autor de una especulación mucho más rica que la de Benítez sobre lo que debía ser la Universidad de Puerto Rico[100] y quizás por esto mismo, no fue incorporado al canon oficial del Estado Libre Asociado. No importó que fuera, por sus propios méritos, uno de los líderes más sobresaliente del entonces naciente Partido Popular Democrático y que en función de ello, como ya decíamos, ocupara un puesto clave en la legislatura. Tampoco importó y más bien pudo haberle afectado, que produjera una propuesta de organización universitaria que sí conseguía para la UPR la autonomía plena. Géigel Polanco conocía de cerca la política puertorriqueña y de esta familiaridad fue de donde debió haber nacido su reclamo. Su insistencia es evidente: se ‘…precisa que la Universidad de Puerto Rico goce de completa autonomía. Esta Universidad tiene derecho a disfrutar de plena autonomía. En ella debe establecerse un régimen de completa libertad académica. La institución debe gobernarse a sí misma, libre de toda intervención de la política partidista. Sólo de esta manera es que lograría cumplir los altos objetivos que le están encomendados.» ¿Como se hubiera podido haber defendido la autonomía universitaria más claramente?»[101]

Entre los que subrayan que la Universidad de Puerto Rico se transforme en una «Universidad Panamericana», se encuentran los Rectores Carlos Chardón y Juan B. Soto. Soto.[102] Este enfatiza que la institución universitaria puertorriqueña sirviera de puente entre Estados Unidos y América Latina. Dice Soto que: «Hay una esfera de actividades en que la Universidad de Puerto Rico tiene una misión muy especial que cumplir: me refiero al acercamiento espiritual entre los pueblos de la América Latina y los Estados Unidos.»[103] Expresa también Soto, promotor poco fino, de la norteamericanización que: «El puertorriqueño necesita aprender a evaluar correctamente la cultura universal. Su condición de isleño y su status de colono se lo han impedido hasta hoy.» Además de su evidente mediocridad, el profesor de Derecho y Filosofía, Juan B. Soto, escenifica una de los «capítulos más tristes en la historia intelectual de la institución».[104] Relata el profesor Aragunde que designado el profesor Soto, Rector de la Universidad de Puerto Rico, la Junta de Síndicos, que le nombró, aprobó una resolución de septiembre de 1936, prohibiendo a «todo profesor o empleado de la Universidad de Puerto Rico» ser «parte de la Junta de Gobierno de cualquier partido político o de uno o más de sus…Comités Directivos». La referida Junta de Síndicos prohibía que aquellos universitarios asistiesen «en calidad de delegados a cualquier asamblea política». La prohibición incluía la comunicación oral o por escrito y la realización de propaganda a favor de cualquier partido político.[105] Mientras, se destacan Vicente Géigel Polanco y Margot Arce de Vázquez, por sus aportaciones intelectuales a favor de la reforma democrática de la Universidad.

Las reformas recomendadas por don Vicente Géigel Polanco y Margot Arce de Vázquez no fueron acogidas. A pesar de que Don Vicente sugería que los cambios fueran llevados a cabo por el esfuerzo y la inteligencia puertorriqueña, desde Puerto Rico y para Puerto Rico. Enfatizaba Géigel Polanco que: «No son técnicos del Norte ni expertos del Sur ni sabios de Europa, los que han de operar el milagro.» Decía que «la obra será hija de nuestro esfuerzo, de nuestro sacrificio, de nuestro patriotismo.»[106] Sin embargo, otras fuerzas actuarían, llevando a la Universidad de Puerto Rico hacia otros derroteros. El Presidente de la Junta de Síndicos de la Universidad, don Luis Muñoz Marín, Presidente del Senado, y del Partido Popular Democrático le ofrece la Rectoría de la Universidad de Puerto Rico al Gobernador Rexford G. Tugwell.[107] Nos dice Luis Alfredo López Rojas que: «…el debate de la reforma universitaria tomaba cariz muñocista, privilegiando la enseñanza y el fomento de la cultura occidental versus la enseñanza y el fomento de la cultura puertorriqueña. Esta fue la posición de Jaime Benítez que defendía el modelo norteamericano (tomado de la Universidad de Chicago) como el apropiado para desarrollar la ‘nueva’ universidad. Este modelo dejaba en un segundo plano todo lo que tenía que ver con Puerto Rico.»[108] Finalmente, nos dice el profesor Rafael Aragunde que: «La reforma universitaria de 1942 hizo a la Universidad de Puerto Rico un instrumento del proyecto político del Partido Popular.» Luego expresa que:

«El proyecto de Géigel Polanco, si bien hubiera podido ser parte de ello, proveía, sin embargo una estructura de participación democrática que habría hecho de la colaboración entre la Presidencia del Senado y los estudiosos que entonces trabajarían en la UPR, una relación de carácter erudito y no político-partidista.»[109]

Además de las lecturas de diversos diarios, libros y revistas, que de forma disciplinada leía, de las conversaciones con otros intelectuales puertorriqueños y extranjeros, don Vicente se nutría intelectualmente y ampliaba su cultura de viajes que hacía a países de América del Sur, donde conversaba, intercambiaba ideas y proyectos con profesores, eruditos y políticos. Así mismo, fue don Vicente un activo internacionalista, que visitó diversas naciones, como el cono sur, para promover la causa de Puerto Rico, entrevistándose, a fines de 1936 y principios de 1937 en Buenos Aires con sus amigos don Alfredo Palacios, y don Constancio C. Vigil, para promover el respaldo latinoamericano de la libertad e independencia de Puerto Rico. Allí conoció de primera mano la experiencia universitaria cordobesa. En la prensa de enero de 1939 se informó un hecho interesante ocurrido en uno de estos viajes a la América Latina, de sectores políticos encontrados. Se dio el caso publicado en el diario El Mundo, del hecho de que regresaban, a la misma vez, y en el mismo avión desde la República Argentina, el Juez Emilio del Toro Cuebas y el licenciado Vicente Géigel Polanco, Presidente del Ateneo Puertorriqueño. Ambos viajaban desde Buenos Aires, donde el primero era miembro oficial de la delegación de Estados Unidos, en una reunión panamericana de la política del buen vecino y el segundo, protestaba esa reunión con el respaldo de las organizaciones no gubernamentales. El Juez del Toro expresó a su llegada a la Isla, en rueda de prensa que: “Como puertorriqueño me sentí verdaderamente feliz en la Conferencia cuando ésta recomendó por el voto unánime de sus delegaciones la celebración del Centenario de Hostos, llamándole ciudadano de América, y fuera de la conferencia cuando me enteré que se levantará en Lima un monumento a otro insigne hijo de nuestra Isla, don Fermín de Tanguiz, que consagró lo mejor de su vida al Perú y que creó la variedad de algodón que lleva su nombre, resolviendo un grave problema de su economía nacional, cambiando la perspectiva de ruina cierta en la realidad de una riqueza que se extiende a todos.”[110]

Géigel Polanco estaba en la misma capital argentina participando en una reunión paralela de pueblos y partidos populares latinoamericanos protestando, aquel conclave oficial. Géigel Polanco se entrevistó con Constancio C. Vigil[111] y Alfredo Palacios, amigos de la causa de Puerto Rico. Es obvio que Géigel Polanco, intelectual de primera, estudioso, se interesase por la reforma universitaria en Argentina. Ambos—del Toro Cuebas y Géigel Polanco–regresaban a Puerto Rico en la misma aeronave. Dicho avión donde viajaban ambos, del Toro y Géigel, hizo escala en Recife. Allí el jurista Géigel Polanco hizo declaraciones a la prensa señalando el fracaso de la conferencia internacional y haciendo declaraciones contrarias a la política imperialista expuesta por el Secretario de Estado Cordell Hull. Uno de los periódicos—El Diario de Pernambuco— atribuyó por error, las declaraciones de Géigel Polanco, al Juez del Toro Cuebas. Este, cuando se las comunicaron, se preocupó mucho, pues pensó que se conocerían en Estados Unidos y le traerían consecuencias no deseadas por él. Como hemos señalado, el Juez del Toro Cuebas era el líder cultural del anexionismo en Puerto Rico y hombre de confianza del Gobernador Blanton Winship. Amigos del Juez del Toro Cuebas, se comunicaron con el señor Géigel Polanco para que rectificase el error de atribución, y este así lo hizo. El mensaje corrigiendo las declaraciones, que suscribió, el licenciado Géigel Polanco expresa en un cablegrama que: «Declaraciones hechas por mí en Recife sobre conferencia de Paz fueron erróneamente atribuidas por Patury Accioli al honorable Emilio del Toro Cuebas. Ruégole aclare situación.» [112]

X. Don Vicente Géigel Polanco: Realidad actuante en nuestro tiempo.

«No advirtieron en el acento reposado de su palabra apostólica la voz del maestro; no captaron el alcance de sus admoniciones cívicas; no se dieron cuenta de que les hablaba quien traía el mensaje de la verda­dera orientación. Así pasó a la eternidad: ig­norado, desconocido, incomprendido por su pueblo”.

Vicente Géigel Polanco.[113]
Presidente del Ateneo Puertorriqueño
sobre don Eugenio María de Hostos.

 

Don Vicente Géigel Polanco figura entre los puertorriqueños más notables de su tiempo. Época la suya, de hombres y mujeres de mucho talento y gran destaque intelectual y político. Son muchas las personalidades representativas de aquellos años en lo ético, lo educativo, lo académico, lo cultural y lo político. A lo largo y lo ancho de este escrito, que prologa uno de sus libros, La Farsa del Estado Libre Asociado, hemos aludido a muchos de sus contemporáneos que llenan y desbordan las exigencias de excelencia y servicios a su pueblo. Hombres y mujeres con una determinada vocación de abrazar e identificarse con las más nobles causas, aún a costa de grandes sacrificios personales. Quiero mencionar algunos de los más significativos que interactuaron por aquellas épocas: en las diferentes agrupaciones partidistas—de variadas ideologías— desde, don Antonio R. Barceló, don Pedro Albizu Campos, don Luis Muñoz Marín, don Ernesto Ramos Antonini, don Samuel R. Quiñones, don José Tous Soto, don Rafael Martínez Nadal, don Leopoldo Figueroa, don Jaime Benítez, don Gilberto Concepción de Gracia, don Antonio Fernós Isern, doña Felisa Rincón de Gautier, don Juan Antonio Corretjer, don Francisco Susoni, don Luis A. Ferré, don Juan Mari Bras, don Rubén Berrios. En los diferentes campos de la cultura: doña Margot Arce, doña Nilita Vientós Gastón, don Emilio S. Belaval, doña María Cadilla de Martínez, don Antonio S. Pedreira, don Tomás Blanco, don Lidio Cruz Monclova, don Arturo Morales Carrión, don Ricardo E. Alegría, don Eladio Rodríguez Otero, doña Isabel Andréu de Aguilar, doña Julia de Burgos, doña Isabel Gutiérrez del Arroyo, don Domingo Marrero, don Francisco Manrique Cabrera. En el pensamiento jurídico: don Luis Muñoz Morales, don Miguel Guerra Mondragón, don José López-Baralt, don Santos P. Amadeo, don José Trías Monge, don Benjamín Ortiz, don Pedro Pérez Pimentel, don Luis Negrón Fernández, don Marco A. Rigau, padre, don Marcos Ramírez, don Raúl Serrano Geyls, don Pedro Muñoz Amato, don Lino J. Saldaña, doctor David M. Helfeld, don Francisco Ponsa Feliu; en la defensa y cultivo de la lengua castellana, doña Concha Meléndez, don José Padín, doña Antonia Sáez, doña Inés María Mendoza, don Epifanio Fernández Vanga, don Miguel Meléndez Muñoz, don Manuel Fernández Juncos, don José S. Alegría, don Luis Llorens Torres, don José Ferrer Canales, don Luis Manuel Rodríguez Morales, don Rafael Arjona Siaca, don Mariano Villaronga, entre otros.

¡Un notable puertorriqueño falta de mencionar entre estos, para que el panorama político y cultural esté completo! Inmediatamente se nota la ausencia de una personalidad que por su eticidad, trabajo, y laboriosidad se hizo notar y apreciar. Esta ausente un coterráneo que luchó, se esforzó y demostró sus méritos y talentos variados logrando un sitial entre ellos, me refiero, por supuesto, a don Vicente Géigel Polanco. He querido ser prolijo con los nombres de las figuras que actuaron por aquellas épocas—en el texto de este prólogo están consignados— para que el lector las reconozca y distinga y pueda apreciarlas. Y porque esas generaciones formaron una totalidad activa que se impuso un deber: intentar por todos los medios posibles y aún los imposibles el logro de la descolonización, es decir, romper con las cadenas jurídicas y espirituales de la sujeción de Puerto Rico a los Estados Unidos. Por supuesto que hay divergencias políticas y diferencias ideológicas entre estas figuras cimeras, que hemos señalado, no podía ser de otra forma, pero ello no es impedimento para creer que no merecen tal reconocimiento y el afecto de nuestro Pueblo, muy por el contrario. Es por sus acciones dirigidas a la búsqueda de la libertad y sus aportaciones al mejoramiento de nuestra Patria, en diversos órdenes, que son merecedoras de nuestros reconocimientos y distinción. Por encima de todo, entre estas personalidades hay un gran amor por nuestra Patria puertorriqueña. Entonces, ¿porque se ha olvidado al que llaman: «El cerebro mágico de Puerto Rico?

Es por ello que nos preguntamos, ¿porque don Vicente Géigel Polanco no es conocido por las nuevas generaciones? Y su figura prócer—en el mejor de los sentidos—se ha mantenido desconocida e ignorada por generaciones de buenos puertorriqueños. Nos preguntamos: ¿Cual escuela lleva su nombre? Él, que se dedicó al estudio y lo hizo un propósito de vida. ¿Se han publicado sus Obras Completas? Él, que dominó la palabra y las ideas y nos dejó numerosos escritos, todos bien pensados, bien escritos, aportaciones importantes y serias. ¿Porque no recibe en nuestros tiempos los honores públicos? y solamente se le honra, se le estima y se le admira inconmensurablemente cuando se leen y se estudian sus enjundiosos libros, sus importantes obras, sus sustanciosos artículos, cuando conocemos de la decisiva y calante legislación de reforma social que preparó, disfrutamos de los ensayos que publicó y leemos y recitamos las exquisitas poesías que nos legó. Se le admira cuando se conocen sus ejemplares y valientes actos, recoletos y públicos, y sus valientes gestos a favor de nuestra nacionalidad puertorriqueña y nuestra cultura. Leerle y estudiarle es una altísima forma de honrarle, pero sugerimos también que se le hagan, los usuales despliegues públicos de reconocimiento, usuales en todos los países, para los hombres y mujeres que han contribuido destacadamente en la fundación y engrandecimiento de las patrias que les vieron nacer y florecer.

Las aportaciones del animador cultural que fue don Vicente Géigel Polanco al Derecho Laboral, la Justicia Social, la Cultura nacional, la Historia de las Ideas están disponibles. No debemos olvidar de que don Vicente trabajó con diversas organizaciones a favor de la descolonización en diversos foros internacionales, como el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. Que su talento y profundo conocimiento del Derecho, sirvió en diversas formas para preparar diversos memorandos y opiniones, ponencias y aportaciones a favor de la de la descolonización y el derecho a la Independencia. En medio de su activa vida intelectual, una de sus más importantes quehaceres fue la apreciación crítica de la vida y las fecundas obras de don Eugenio María de Hostos y otros grandes puertorriqueños. Un hombre público de la talla del licenciado Géigel Polanco y su proyección cultural y política debiera estar presente seguidamente entre nosotros y disfrutar del aprecio público de su Pueblo. La gestión que realizó como dirigente de la mayoría del Partido Popular Democrático en el Senado de Puerto Rico, donde dio tantas batallas legislativas, demuestra su calidad y reciedumbre como parlamentario, legislador y hombre público. Dedicación y dinamismo que revalidó, y que demostró a la saciedad, cuando don Luis Muñoz Marín, Gobernador de Puerto Rico lo designó Procurador General, en su primer gabinete, equivalente de secretario de justicia. La prensa de entonces y la documentación demuestran claramente su dinámico desempeño. Ello pesar de los duros escollos que tuvo que superar.

Son muchas las facetas de este hombre singular, entre estas, ser el orientador de su pueblo durante los atribulados años que transcurren desde 1948 hasta 1952, cuando se aprueba la condición de Estado Libre Asociado que combatió, porque así lo exigió su conciencia y su inconmovible ética personal. ¿Quizás esa es la clave del ocultamiento de su figura y de la indiferencia que ciertos sectores, todavía ejercen hacia su persona? ¡Que no a su obra, sus gestos y posiciones, porque estas son insuperables aportaciones y se salvaguardan y valen por sí mismas, por su calidad, su enjundia intelectual y constituir contribuciones de primerísima importancia? Sin embargo, debemos entender, que cada uno de los protagonistas de aquellos eventos, quienes también aportaron lo mejor de sí, trataron de cumplir con su deber, como lo entendieron correcto. El transcurso del tiempo, noveles generaciones, nuevas luchas, cambios, diferentes visiones, antinomias y contradicciones, la amplitud de la perspectiva histórica y la acumulación de experiencias confirió y ofreció nuevas perspectivas históricas sobre aquella generación del treinta, sus ideas políticas, sus procesos políticos y culturales. Don Vicente Géigel Polanco, desde la atalaya de nuestros momentos, creemos fue más allá del deber en su empeño por contribuir a las libertades de su Pueblo puertorriqueño.

Por encima de lo político, ideales comunes de equidad, justicia y libertad prevalecerán, pues la figura eminente de don Vicente Géigel Polanco lo merece y nuestro pueblo siempre ha sido generoso con quienes le aman, le defienden y le orientan. Ha dicho un hombre paradigmático, don Luis Muñoz Marín, en su conferencia «Cultura y Democracia», en el Foro del Ateneo de 1940, que es necesaria «la unión de los que saben, por ser cultos», para lograr «la unión de la cultura y la democracia». Sabias palabras de uno de nuestros más grandes hombres, de figura ilustre y perfil prócer, que amó a su tierra y contribuyó a la búsqueda de la justicia social y poderes para su gente. Estos ideales—saber, cultura y democracia— décadas después, volvieron a unir los nombres de Muñoz Marín y Polanco Géigel, ambos claves en nuestra historia, como estuvieron antes tan cerca en las luchas políticas, en la amistad cordial, el respeto mutuo, basado en similares ideales sociales y en el afecto personal, unidos, durante décadas sirviendo a Puerto Rico y a la justicia social. De esta manera el 19 de enero de 1977, don Luis Muñoz Marín, con la grandeza de espíritu que le caracteriza, más allá y por encima de las refriegas políticas, escribió a la Presidenta de la Sociedad de Autores Puertorriqueños, la doctora Amelia Agostini de Del Río, y le expresó:

«Es honroso para mí haber compartido labores de amplia justicia social con Vicente Géigel. Siento profundamente que sin culpa alguna de Vicente Géigel no se prolongara el trabajo juntos por el bien de Puerto Rico.»

A la hora de la muerte de don Vicente Géigel Polanco, don Luis escribe:

«Puerto Rico pierde uno de sus mejores hijos. Uno de los pesares más hondos de mi vida es haber perdido durante tantos años por mi culpa, su grande e ilustre compañía.»

XI. La actualidad y vigencia de «La Farsa del Estado Libre Asociado.» 

“Estamos bajo la constitución de los Estados Unidos reteniendo los derechos sobre Puerto Rico, No podemos escapar de eso”.

Senador Olin D. Johnston, U.S. Senate el 23 de junio de 1952. [114]

 

En esta obra del licenciado Vicente Géigel Polanco—La Farsa del Estado Libre Asociado— se estudia con rigor todo el proceso de aprobación del Estado Libre Asociado, en Puerto Rico y en Estados Unidos. Es un libro de total actualidad, pues a la altura de nuestro tiempo, continuamos todos los puertorriqueños pendientes, exigiendo la solución de la condición política o status de Puerto Rico que es una de dependencia colonial. No se pueden entender los procesos del status constitucional de Puerto Rico sin leer el libro de Géigel Polanco, «La Farsa del Estado Libre Asociado».

Se ha presentado por el actual Comisionado Residente en Estados Unidos, el licenciado Pedro Pierluisi, del Partido Nuevo Progresista, un proyecto de ley en el Congreso de Estados Unidos solicitando un plebiscito federal, desde su perspectiva. El anterior Gobernador, el licenciado Aníbal Acevedo Vilá, también ha presentado su proyecto para el desarrollo del ELA y su culminación. El sector de soberanistas, populares que interesan una condición soberana de Estado Libre Asociado a Estados Unidos, y que están dentro del Partido Popular Democrático, cuyo mentor es el respetado y estimado Alcalde de Caguas, el licenciado William Miranda Marín. Antes fue el licenciado Francisco Aponte Pérez, fundador de Pro-Ela, Senador y Presidente del Colegio de Abogados. Entre otros que militan en este sector, mencionemos a los legisladores, el licenciado Luis Vega Ramos, Carmen Yulín Cruz, Charlie Hernández, todos Representantes a la Cámara; el ex Secretario de la Cámara de Representantes y analista político Néstor Duprey, entre otros.

En el Partido Popular Democrático hay luchas ideológicas parecidas a las que hemos relatado y que ocurrieron en esa colectividad en sus inicios. Otro sector de ese partido, del cual es líder, el licenciado José Alfredo Hernández Mayoral, Juan Eugenio Hernández Mayoral y Alejandro García Padilla. Estos, y el ex Gobernador licenciado Rafael Hernández Colón, tienen otros proyectos sobre el ELA de carácter diferente al expresado por los soberanistas. El Presidente del Partido Popular Democrático, el licenciado Héctor Ferrer, ha presentado su propio «Pacto de Futuro»,[115] donde se plantea los esbozos de una nueva relación con Estados Unidos. Dice:

«Reconocerá de forma específica la autoridad del pueblo de Puerto Rico para gobernarse a sí mismo.»

De otro lado, los Presidentes del Senado y la Cámara de Representantes, el licenciado Thomas Rivera Schatz y doña Jennifer González, del integracionista, estadista y anexionista Partido Nuevo Progresista, presentaran un proyecto de ley de plebiscito, si el Congreso de Estados Unidos no actúa. Se expresa que dicho proyecto de ley sólo incluirá fórmulas de status de carácter definitivo y no coloniales, como son la Independencia, la Estadidad, la Libre Asociación y lo fundamentado por la Resolución de la ONU 2625. Únicamente estas tendrían cabida en esa votación plebiscitaria han asegurado los presidentes camerales. Han sostenido que el Estado Libre Asociado no estará siendo considerado por ser de condición colonial. Su constitución fue un arreglo colonial se argumenta. El panorama del Estado Libre Asociado se presenta, pues, interesante y complicado: legislativamente, plebiscitariamente y judicialmente, por razón de que en cada esfera hay situaciones políticas e institucionales diferentes que presentan un panorama complejo. El libro de don Vicente Géigel Polanco fue de vital importancia entonces y ahora más aún, para entender estos procesos.

El destino de Puerto Rico está en manos de los puertorriqueños. Son estos los llamados a buscar un régimen de libertad y una condición política que no contenga ni vestigios coloniales, como ha planteado el constitucionalista doctor David M. Helfeld[116] ni déficit democrático como ha expresado el licenciado Rafael Hernández Colón. Todos los sectores de opinión política, con muy raras excepciones, están de acuerdo que el Estado Libre Asociado es un régimen que no le sirve bien a Puerto Rico. Si don Vicente Géigel Polanco publicó en 1972, La Farsa del Estado Libre Asociado, en 1998, don José Trías Monge publica Puerto Rico: las penas de la colonia más antigua del mundo. Y es que en Puerto Rico no reside la última fuente del poder político-constitucional, el Congreso de Estados Unidos continúa ejerciendo sus poderes plenarios sobre la Isla de Puerto Rico. Son los Estados Unidos, las diferentes autoridades federales, quienes tienen el control y el poder sobre las decisiones y los asuntos puertorriqueños. Estas determinan quienes entran y quienes salen de Puerto Rico; funciona un Tribunal de los Estados Unidos y una Fiscalía Federal, que interesa imponer la pena de muerte; se controlan las comunicaciones radiales y televisivas; la Aduana federal censura libros y objetos de Arte; carecemos de representatividad internacional, no somos miembros, ni siquiera de la UNESCO; rigen las leyes de cabotaje; nos imponen las leyes de quiebra y naturalización; no podemos participar en intercambios comerciales internacionales, entre otros poderes reservados a esa esfera. Un ejemplo craso, de esa intervención se dio cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos, dirigido por el Secretario Colin Powell, le prohibió públicamente al gobierno de Puerto Rico que dirigía, por entonces, la Gobernadora de doña Sila Maria Calderón, relacionarse internacionalmente con los paí­ses de nuestro orbe histórico, América Latina. Vuelvo a repetir, ¡los puertorriqueños, no somos un grupo, muchedumbre o bonche de ciudadanos norteamericanos en el Caribe! Muy por el contrario, pertenecemos por derecho propio a la comunidad de naciones latinoamericanas. La historia está ahí, es clara y diáfana. Puerto Rico es una nación hispanoamericana con su lengua natural, el idioma español o lengua castellana, nuestra cultura y nacionalidad particular y pertenecemos, por derecho propio, histórico y natural a la comunidad de naciones latinoamericanas.[117] Tan es así que cuando nos referimos a un país latinoamericano le damos trato de hermano y a España la llamamos en Puerto Rico, “la Madre Patria.” [118] Aun usando las categorías de la jurisprudencia norteamericana, sentada por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, “Puerto Rico no es parte de Estados Unidos.”

Al lector no puertorriqueño, les indicamos que en Puerto Rico, además de las luchas y sectores antes descritas hay un vigoroso sector que respalda y lucha por la Independencia de Puerto Rico. Están vigentes y activos el Partido Independentista Puertorriqueño, que dirige el doctor Rubén Berrios Martínez y el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) dirigido por el doctor Héctor L. Pesquera, y el profesor Julio Muriente, entre otros. La obra de don Vicente Géigel Polanco examina y analiza todas estas cuestiones de forma clara, precisa y profunda. Sus críticas y recomendaciones siguen vigentes en nuestro tiempo. Tan actuales son los análisis del licenciado Géigel Polanco que en 2 de marzo de 2010 se llevaron a cabo vistas públicas en el Centro de Convenciones de San Juan, por un Comité Interagencial de Casa Blanca, para auscultar los próximos procesos para la descolonización de Puerto Rico, así que los comentarios y análisis del constitucionalista Vicente Géigel Polanco, nos preparan para entender estos avances en la solución del status.

XII. La farsa del Estado Libre Asociado continua: las vistas del Task Force.

“Quede bien claro que aquí se habla español.”

Manuel Rodríguez Orellana ,
a los miembros del «Task Force»[119]

 

¿Tú sabes lo que son tres minutos
para resolver un problema centenario?

Jorge Santini, Vice-presidente del PNP.[120]

 

A. La columna de Ana Lydia Vega

La escritora y profesora universitaria, Ana Lydia Vega en una de sus chispeantes columnas, por lo inteligentes, mordaces y humorísticas, comenta las sandeces, el tono y las curiosas actuaciones cometidas por los burócratas washingtonianos miembros del Presidential Task Force en el Centro de Convenciones en San Juan celebrando vistas públicas[121] sobre el status político de Puerto Rico.[122] Este es un comité designado por los últimos Presidentes de Estados Unidos (Bush, senior; Clinton, Bush, junior y últimamente Obama) para recomendar soluciones al más que centenario problema del colonialismo, la dependencia que nos ahoga y el funcionamiento endeble, arruinado, incapacitado y falaz desde 1952 de la entelequia llamada el Estado Libre Asociado. La profesora Vega en su sabroso escrito titulado «Llegaron los gringos», publicada en el diario El nuevo Día[123] comenta las agridulces papanatadas y sandeces ocurridas durante dichas audiencias públicas llevadas a cabo la semana del 1 de marzo de 2010. La queja general es que un tema tan importante y trascendental como es la descolonización de Puerto Rico—tan estudiado y debatido—que tiene que estar basado en la libertad y la autodeterminación y por fórmulas no coloniales no dependientes, se trate por el Gobierno de Estados Unidos de la manera insustancial en que se hizo, por quienes se hizo como se hizo. La asistencia a las vistas fue escasa.[124] Ana Lydia Vega nos comenta que hicieron, dijeron y entendieron «los gringos», expresó:

«Esperaba encontrar afuera un mar de militantes estadistas. Me asombro toparme sólo con un raquítico puñado de manifestantes armados de pancartas y ; pecosas; . Ya nadie se moviliza para nada, concluí con un dejo de melancolía. Dediqué un minuto de silencio a doña Myriam Ramírez y sus gestas grueras del ayer. Y un suspiro prolongado a la memoria del inefable Pedro Roselló. ¡Ha, los buenos tiempos del ‘don’t push it’ y el plan Tenesí! Jamás creí que los echaría de menos.

En lugar de la mesa redonda anunciada, había tres mesas dispuestas en forma semi-rectangular a millas del público presente. Dos pantallas gigantes retrataban inmisericordemente las caras sudorosas de los deponentes.

De entrada, los dirigentes del Grupo interagencial alabaron el alto grado de participación democrática exhibido por los puertorriqueños, afirmación que desmintió con elocuencia la gran cantidad de sillas vacías.

Y arrancó el kareoke. Cada uno de los participantes contaba con sus cinco minutos de gloria. Tremendo intercambio: ¡cinco minutos por ciento doce años! Hay que admirar el sentido de justicia y proporción de nuestros conciudadanos del Norte.

Dos ponencias refrescantes interrumpieron mis pensamientos tétricos. La profesora María Enchaustegui ilustró los disparates del colonialismo paternalista denunciando la aplicación ciega de políticas diseñadas para países ricos a sociedades pobres como la nuestra. Camila Feibelman, coordinadora del Sierra Club, describió magistralmente la catástrofe ecológica de la Isla y esbozó, a partir del desarrollo de una economía verde sustentable, un proyecto convincente de reconstrucción nacional.

Los delegados de los partidos mayoritarios no sorprendieron a nadie con su fervoroso reclamo de paridad en la distribución de fondos federales. El estadista, por supuesto, lo fundamentó en el déficit de derechos civiles que, según su catecismo asimilista, sólo resuelve la integración a la metrópoli. Y el estadolibrista, fiel a la tradición paralizante del muñocismo puro y duro, insistió en separar el problema económico de la discusión del estatus.

Quien se la almorzó seriamente fue el delegado independentista . En español y con empuje dramático el licenciado Manuel Rodríguez Orellana les espepitó la verdad monda y lironda a los emisarios de Obama. Directo y contundente, expresó lo que es casi una posición de consenso: que estamos hasta la coronilla de estudios y comisiones; que ya basta de cotorreo entre nosotros; que ahora le toca declarar al testigo mudo.

Como ven, las vistas que organizan los americanos para entretenernos tienen alguno que otro momento emocionante. Me abstuve, sin embargo, de tirarme el silletazo de la tarde. Demasiado estatus para un solo día.

Llegaron los gringos. Y se fueron. Sabrá Dios lo que entendieron. Ojalá hayan captado, por lo menos, el amargo descontento que dejó el simulacro de su atención.»

B. Las vistas del «Task Force»

El eterno problema del status constitucional de la Isla se debatió en unas audiencias llevadas a cabo en San Juan por el mencionado «Grupo Interagencial de Casa Blanca.»[125] Las discusiones demuestran que el libro de Vicente Géigel Polanco, La Farsa del Estado Libre Asociado es una aportación que continúa vigente y que es necesario leer para poder entender estas discusiones. La historia de esos últimos desarrollos, de como surgió dicho «Task Force» está en su Informe, allí se expresa:

«On December 23, 2000, President William J. Clinton signed executive Order 13183, which established the President’s Task Force on Puerto Rico’s Status and the rules for its membership. This executive Order outlines the policy and functions of the Task Force in identifying the options for Puerto Rico’s future status and the process for realizing an option. On April 30, 2001, President George W. Bush amended executive Order 13183, extending the deadline for the Task Force to forward a report to the President until august 2001. President Bush signed an additional amendment to executive Order 13183 on December 3, 2003, which established the Task Force co-chairs and instructed the Task Force to issue reports as needed, but no less than once every two years.»

El presidente Barrack Obama también lo actualizó. Veamos el Informe de 2007, y sus fines:

«Report by the President’s Task Force on Puerto Rico’s Status» (2007),

«The mission of the President’s Task Force on Puerto Rico’s Status (“Task Force”) is to provide options for Puerto Rico’s future status and relationship with the Government of the United States. The Task Force has approached this mission without prejudice towards a status option and has developed options that are compatible with the constitution and basic laws and policies of the united States.»

El 2, 4 y 5 de marzo de 2010 presidido por los funcionarios norteamericanos Cecilia Muñoz[126] y Tom Perelli, Secretario adjunto de Justicia se llevaron a cabo audiencias o vistas públicas en el Centro de Convenciones de San Juan. Carlos Gallisá plantea en una columna periodística que: «La presencia de este comité, llamado interagencial, como si la relación de Puerto Rico con Estados Unidos fuera un problema entre agencias de gobierno, es una burla y una falta de respeto al pueblo puertorriqueño. Una vez más se repite la negativa de Washington a reconocer el problema colonial y enfrentarlo.»[127]Muñoz reconoció en la audiencia la presencia de Adolfo Carrión, director de la Oficina de Asuntos Urbanos de la Casa Blanca, y James Albino, administrador del principal programa en la Oficina de Política Nacional sobre el SIDA. Ambos son de origen puertorriqueño. El comisionado residente en Washington, licenciado Pedro Pierluisi, envió una declaración escrita en la que indica que todos los miembros del comité interagencial son aliados de los puertorriqueños. “Es mi deseo que la vista de hoy, del grupo de trabajo de la Casa Blanca, sea una productiva para todos los participantes”. La señora Muñoz expresó: “Es un honor para nosotros y una oportunidad histórica estar aquí hoy”. Ante escasa asistencia e interés, el «Grupo Interagencial de Casa Blanca» escuchó breves ponencias de cinco minutos. Según la periodista Maritza Díaz Alcaide, de Primera Hora,

«Los populares pidieron otro comité para que estudie la viabilidad de la asamblea constituyente como mecanismo procesal para dilucidar el tema del status. Los estadistas insistieron en el plebiscito. Y los indepependentistas tomaron el toro por los cuernos y reclamaron del Gobierno de Estados Unidos ‘que se deje de paternalismos’y de una vez y por todas diga ‘que es lo que está dispuesto a darle a Puerto Rico en materia de status.» [128]

Se destacó el profesor de Derecho Manuel Rodríguez Orellana, representando el Partido Independentista Puertorriqueño, quien fue aplaudido por todos los sectores presentes. Afirmó de forma contundente, el licenciado Rodríguez Orellana que:

“El presidente Barrack Obama se comprometió a resolver el problema del status de Puerto Rico durante sus primeros cuatro años. Se le otorgó un premio Nóbel de la Paz por sus promesas. Estoy seguro de que ameritaría otro si las cumple. Si no cumple con Puerto Rico, estaría dándole la espalda al pueblo puertorriqueño y haciendo un daño gratuito y permanente a sus relaciones con América Latina”.

Rodríguez Orellana indica que: «La independencia es un derecho y eso no nos lo pueden quitar. Pero pónganse ustedes de acuerdo y digan qué están dispuestos a dar. Vamos a dejarnos de boberías. Pero no se tomen un siglo más; es importante que lo hagan pronto.» El profesor Rodríguez Orellana, luego sostuvo que: “Quede bien claro que aquí se habla español”, sostuvo el también Secretario de Asuntos de Norteamérica del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), el estudioso profesor Manuel Rodríguez Orellana, uno de dos ponentes que habló en español. El licenciado Rodríguez Orellana ante las preguntas de Perrelli, mantuvo que “las posiciones de los tres partidos políticos están documentadas, lo único que tienen que hacer es leerlas». Luego afirmó que: «solicitó enérgicamente a los miembros del ‘task force’ decir ‘de una vez y por todas si están dispuestos a otorgar la estadidad.»[129]

Habló por el Partido Popular Democrático, el licenciado José Alfredo Hernández Mayoral, quien fue precandidato a Gobernador por esa organización política, quien separó el «status» de la «economía». Hernández Mayoral propuso que el «Task Force» cree dos grupos, uno para que estudie y examine encaminar el debate de status a través de una Asamblea Constituyente y otro para que se estudie y examine la situación económica, incluidos los efectos de la desaparición de la sección 936 del Código de Rentas Internas federal y la necesidad nuevas inversiones estadounidenses. El representante del PPD, José Hernández Mayoral, solicitó al grupo interagencial que no permita que los asuntos bajo su consideración se interpongan unos con otros. “El status es una bestia torpe que normalmente tropieza. No permitan que obstruya la promesa del presidente Obama de una agenda agresiva para crear empleos, para promover el desarrollo económico y una nueva prosperidad.»[130] También sostuvo que la estadidad puede ser otorgada con una súpermayoría.[131] También expresó: «Hemos celebrado tres plebiscitos y los tres han resultado inefectivos. Los plebiscitos no precluyen nuestra cultura política del sabotaje, dijo el portavoz estadolibrista.»[132] «Hernández Mayoral insistió en que en que el presidente Obama, en una carta que le envió al ex presidente del PPD Aníbal Acevedo Vilá, planteó que los puertorriqueños deben decidir entre tres opciones válidas de status, y que en ésas está el ELA.»[133]

El ingeniero Carlos Vivoni habló por el Partido Nuevo Progresista. Vivoni rechazó la alegación de los opositores de la estadidad de que un Puerto Rico Estado federal, es decir, la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos vaya a incrementar el mantengo y se convierta en una carga económica para el tesoro federal. Vivoni «insistió en que nunca se ha dado la oportunidad para que los ciudadanos decidan el status político a través de un plebiscito con definiciones válidas, dejando de lado elEstado Libre Asociado ‘que ni los que lo favorecen se han puesto de acuerdo en una definición». Al concluir su ponencia, Vivoni solicitó apoyo para el proyecto de status 2499 sobre el status político de Puerto Rico, recibió aplausos de los miembros de su partido político. El representante del PNP Carlos Vivoni sostuvo que: «La capacidad de desarrollo económico bajo el Estado Libre Asociado se ha extinguido. Si Puerto Rico tiene problemas económicos es porque el modelo del ELA dejó de funcionar. Si la estadidad fuese una receta para el desastre, no habrían 50 estados.»[134]

     El Profesor de Derecho Constitucional, Antonio Fernós, «expresó la importancia de que el Grupo Interagencial recomiende al presidente de Estados Unidos, Barrack Obama liderar el ‘proceso de descolonización.'» Sus palabras fueron: «Como jefe de Estado, Obama debe dirigir el proceso de descolonización de Puerto Rico…» Sostuvo el doctor Fernós que: «Este es un asunto de relaciones exteriores; no es un proceso doméstico. No somos una propiedad de Estados Unidos. No somos bienes muebles, somos personas.»[135] También otras personas hablaron, como el Presidente del Colegio de Abogados, licenciado Arturo Hernández, quien sostuvo: «Que cese el crimen del coloniaje sobre nuestro país …Es hora que ustedes nos permitan desarrollar nuestras propias capacidades. Debe derogarse la ley de cabotaje que obliga a Puerto Rico a utilizar los barcos de matrícula estadounidense.» La senadora Norma Burgos, y el ex Presidente de la Cámara de Representantes, José Aponte, «quienes catalogaron la resolución del status político de la Isla como un asunto de derechos civiles y reclamaron que Estados Unidos diga si están dispuestos a otorgar la estadidad o la independencia.»[136] Por su parte la licenciada Wilma Cadilla, activista estadista expresó: «quien al igual que otros participantes cuestionó la rapidez con la que se coordinó la sesión de trabajo del ‘task force’ en la Isla.» Sostuvo Cadilla que: «No se como van a entender cómo pensamos y cómo somos.»Así mismo cuestionó que dicho comité interagencial no cuente con la presencia de un representante puertorriqueño.»[137]

También hablaron Andrés Guillemard, Zoraida Fonalledas, quien dijo: «…no queremos excusas para un asunto de dignidad humana.»; el profesor José Barbosa Muñiz, Jimmy López, representó al disuelto Partido de Puertorriqueños por Puerto Rico quien afirmó que “necesita revisarse con urgencia” la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos.»; el economista Joaquín Villamil, este planteó: “La economía cada vez se pone peor. La economía no ha sido capaz de generar crecimiento económico. Lo que nos servía bien hace unos años, no nos servirá bien de cara al futuro”. El publicista Manuel Casiano expresó: «Durante los últimos diez años, la economía de Puerto Rico ha tenido crecimientos negativos. Si la Casa Blanca quiere ayudar, tiene que atender el asunto del status, y sólo puede hacerlo por medio de la soberanía política o la estadidad.»[138] Así mismo habló Joxel García, decano de la Escuela de Medicina de Ponce, sostuvo que Estados Unidos puede utilizar a Puerto Rico como modelo para una reforma del sistema de salud. “No somos pidiones, lo que estamos buscando es trato igual en los programas de salud”. El presidente del Partido Puertorriqueños por Puerto Rico, Rogelio Figueroa afirma que: “Este proceso no es decepcionante. Marca una nueva forma de atender los problemas de Puerto Rico, que es sacando a los partidos tradiciones del medio”. José Marzán Figueroa, «quien pareció hablar con el alma» pidió al «Task Force» que: «No nos pueden vender como una ensarta de jueyes.»[139]

Las vistas estuvieron deslucidas y desairadas.

Notas al Calce

[*] En esta tercera edición de La Farsa del Estado Libre Asociado, publicada por la Editorial Edil, se conserva el prólogo original escrito por don Vicente Géigel Polanco, para preservar la autenticidad del mismo y el recuento histórico en se escribió.

[**] Carmelo Delgado Cintrón es Catedrático de la Escuela de Derecho del Recinto de Río Piedras, de la Universidad de Puerto Rico, donde enseña Historia del Derecho Puertorriqueño; Derecho y Literatura, Historia Constitucional de Puerto Rico, Seminario sobre el pensamiento constitucional de Eugenio María de Hostos y Derecho y Cine. Ha sido Director Ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña; Director de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico y Director y Editor de la Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico durante décadas, desde 1970. La responsabilidad de sus opiniones es únicamente suya. Su dirección electrónica: [email protected], [email protected]

[3] Félix Varela, catedrático de filosofía y constitución del Seminario de San Carlos de La Habana, es autor de Observaciones sobre la Constitución Política de la Monarquía Española, La Habana, Imprenta de D. Pedro Nolasco Palmer e hijo, 1821. La Universidad de la Habana la reimprimió con un prólogo de Rafael García Bárcena, La Habana, 1944. Véase, José Ignacio Rodríguez, Vida del Presbítero don Félix Varela, Nueva York, Imprenta del Nuevo Mundo, 1878. La bibliografía sobre el padre Varela es abundante. Sobre Félix Varela dijo José de la Luz y Caballero que: “Varela nos enseño a pensar.” Herminio Portell Vila expreso que en el padre Varela “el régimen constitucional, influyo poderosamente sobre su ideario político y le convirtió a la independencia.”, en “Sobre el ideario político del padre Varela,”Revista Cubana, febrero-marzo, 1935. Afirma José Antonio Portuondo que: “Varela, sacerdote secular, nativo de una provincia esclavizada, es la voz de un pueblo que exige libertad.” en “Significación literaria de Varela”, Vida y pensamiento de Félix Varela, La Habana, Oficina del Historiador de La Habana, 1944, dos Tomos, Volumen II, p. 23.

[4] José Trías Monge, Puerto Rico. Las penas de la colonia más antigua del mundo, Río Piedras, EDUPR, 1999. p. 57. La versión original es en lengua inglesa, The Trials of the Oldest Colony of the World, New Haven, Yale University Press, 1997.

[5] D.K. Fieldhouse, The Colonial Empires: A comparative survey from the Eighteenth Century, 1965, p. 103. Cf. Edward W. Said, Culture and Imperialism, New York, Vintage Books, 1994, p. 11.

[6] El licenciado Vicente Géigel Polanco, además de practicar la abogacía y la política fue Conferenciante de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales desde 1940 hasta 1949, véase carta del Procurador General Vicente Géigel-Polanco de 10 de enero de 1949 al Rector Jaime Benítez donde plantea que: «Habiendo sido nombrado Procurador General de Puerto Rico con fecha de 2 de enero en curso, no podré continuar dictando las clases que he tenido a mi cargo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad.» La renuncia fue aceptada por Certificación Núm. 516 de 29 de enero de 1949; Es Catedrático Auxiliar desde 1941 en el Colegio de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, donde enseñó Derecho del Trabajo y Legislación Social. Véase Expediente de Vicente Géigel Polanco, Archivo Central del Recinto de Río Piedras. Trabajó en el Departamento de Agricultura, como Asesor jurídico, en legislación; en el Departamento del Trabajo fue Director de la División de Investigaciones Sociales y Económicas; Editorialista del diario El Mundo; Presidente de la Sección de Historia del Ateneo; Presidente del Ateneo Puertorriqueño, Secretario Perpetuo de la Academia Puertorriqueña de la Historia; Vice-Presidente de la Sociedad de Periodistas, Secretario del Instituto de Literatura Puertorriqueña, Director de la Revista del Colegio de Abogados; Senador y portavoz y líder de la mayoría, Presidente de la Comisión de Instrucción del Senado, 1940-1948. Es Procurador General de Puerto Rico, desde 2 de enero de 1949 hasta 1 de febrero de 1951. Géigel Polanco fue destituido del cargo de Procurador General (Secretario de Justicia) por el Gobernador Luis Muñoz Marín, a principios de febrero de 1951 le despide injustamente de su cargo por razones políticas. Véase, EL Mundo, 2 de febrero de 1951, p. 1. La cronología y los hechos nos hacen deducir que las reformas constitucionales que realizará el Gobernador Luis Muñoz Marín se inician después de las elecciones de 1948. En su discurso inaugural de 2 de enero de 1949 ya expresaba tales intenciones. Véase el folleto Discurso Inaugural del Primer Gobernador de Puerto Rico, elegido por el Pueblo, Luis Muñoz Marín, San Juan, 1949, pp. 7 y 8. El Procurador General Géigel Polanco no participa en esas reuniones iniciales para crear el Estado Libre Asociado.

[7] Hay que tener en cuenta, que los escritos recogidos en su libro, La Farsa del Estado Libre Asociado, cuyo título es todo un programa y una posición, fueron publicados, muchos de ellos en la prensa en los mismos momentos en que se debatían y aprobaban en Puerto Rico y en Estados Unidos dichas propuestas gubernamentales, que el clima de represión imperaba en Puerto Rico, porque se había aprobado la «Ley de la Mordaza» y ha ocurrido la insurgencia del Partido Nacionalista Puertorriqueño, como respuesta a los planes del Gobernador Luis Muñoz Marín de crear el Estado Libre Asociado. Escribir contra esos procesos políticos, en esos mismos momentos requería de mucha valentía moral, entereza de carácter y temple. El poderío del Gobierno de Muñoz Marín, su partido y gobierno era inmenso e inmarcesible. Todavía después de sesenta años hay ciertos resquemores y alguna oposición a estos escritos de don Vicente.

[8] Véase Néstor R. Duprey Salgado, Independentista popular: las causas de Vicente Géigel Polanco, San Juan, 2005.

[9] Así la bautizó el Dr. Leopoldo Figueroa. Recuérdese que la Junta de Síndicos y el Canciller de la Universidad de Puerto Rico, licenciado Juan B. Soto, recién nombrado, 1934, prohibió a todo profesor o miembro de la Universidad pertenecer, ser miembro o ayudar en cualquier forma de una organización política.

[10] Trías Monge nos indica que el responsable de designar al régimen creado por la Constitución de 1952, en su nombre oficial, [la versión de las leyes que tiene oficialidad es las de lengua inglesa], «Commonwealth of Puerto Rico» fue el doctor Antonio Fernós Isern. Expresa Trías Monge en sus Memorias que: «en la resolución 22 él fue el responsable de la insostenible traducción del nombre de ‘Estado Libre Asociado’ como ‘Commonwealth’, argumentando internamente que el uso del termino ‘Free Associated State’ para la nueva colectividad podría asustar al Congreso.” Véase, José Trías Monge, Como Fue. Memorias, San Juan, La Editorial, Universidad de Puerto Rico, 2005, p. 161.

[11] Nos dice Trías Monge que: «Muñoz no asistió a muchas reuniones plenarias de la Convención, no compareció a ninguna sesión del caucus, ni a reunión alguna de las comisiones, pero todo se consultó con él, usualmente en su casa de Trujillo Alto. La Constitución fue en última instancia, en todas sus partes, el reflejo de sus puntos de vista.» Trías Monge, Memorias, Op. Cit. p. 159. Don Luis Muñoz Marín, expresa el 17 de septiembre de 1951 que: «Una de las creaciones de Puerto Rico es la afirmación de que el destino no tiene fórmula, que su naturaleza no es la de un diagrama, sino la de una energía. Crear es así, es la más alta vocación de la libertad.» Véase, Diario de Sesiones de la Convención Constituyente, New Hampshire, Equity, 1961, p.11. Citado por el profesor Héctor Luis Acevedo, «La convocatoria de una semilla. A manera de prólogo.» «La generación constituyente», p. xiii. La Generación del 40 y la Convención Constituyente, Héctor Luis Acevedo, Editor, San Juan, Universidad Interamericana de Puerto Rico, 2003, p. xi. Afirma José Trías Monge: «En el fragor de la lucha sobre el alcance del Estado Libre Asociado, ante las críticas que se desataron, nos hicimos de una retórica abultada, operática que exageró sus logros, que fueron muchos y notables, pero que no llegaron a extenderse a varias zonas necesitas de reforma. Llegamos hasta reclamar que Puerto Rico había cesado de ser colonia de Estados Unidos, actitud que, a mi parecer, dificulta seriamente la tarea de explicar la necesidad de desarrollo del Estado Libre Asociado. La razón para perfeccionar el Estado Libre Asociado es sencilla: porque hay que descolonizar a Puerto Rico, porque no hemos alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio.» Véase, José Trías Monge, Estado Libre Asociado. raíces, sentido y forma, Acevedo, Op. Cit. p. 3, cita a la p. 9.

[12] Antonio Fernós Isern nos indica en su libro Puerto Rico Libre y Federado que en enero de 1950 Muñoz Marín y él decidieron presentar el anteproyecto o borrador de una constitución democrática al Congreso de Estados Unidos. A esos fines se reunieron en La Fortaleza los dos líderes populares antes mencionados y Samuel R. Quiñones, Presidente del Senado; Ernesto Ramos Antonini, Presidente de la Cámara; Luis Negrón López, Vicepresidente del Senado; Benjamín Ortiz, Vicepresidente de la Cámara; y Víctor Gutiérrez Franqui, Líder de la mayoría senatorial. Luego de examinar el borrador presentado por Fernós, acordaron una fórmula y su redacción. Se consultó también a los abogados José Trías Monge y Abe Fortas, quienes participaron con su consejo jurídico durante todo el proceso. Antonio Fernós Isern, Puerto Rico: Libre y Federado, San Juan, BAP, 1951, p. 157. Véase, Carmelo Delgado Cintrón, «José Trías Monge: Las dimensiones del saber y del poder,» Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, Vol. 73, (2004), p. 185. El profesor Carmelo Delgado Cintrón presentó en el Aula Magna de la Escuela de Derecho, el 25 de septiembre de 1985, el libro Historia Constitucional de Puerto Rico, del Juez Presidente don José Trías Monge, (Río Piedras, EDUPR, 1980-1983). Véase, «La aportación de Trías a la Historiografía constitucional. Esbozo crítico de la Historia Constitucional de Puerto Rico», Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, Vol. LIV, (1985), p.371. Esta presentación está reproducida en Carmelo Delgado Cintrón, Derecho y Colonialismo. La Trayectoria Histórica del Derecho Puertorriqueño, Río Piedras, Editorial Edil, 1988, p. 23. Así también fue uno de los presentadores de sus memorias en el Colegio de Abogados.

[13] La primera sesión de la Convención Constituyente se celebró el 17 de septiembre de 1951.

[14] Se plantea por el profesor, el licenciado Héctor Luis Acevedo, Alcalde de San Juan y candidato a Gobernador que la tarea de los constituyentes fue creativa, limitada y atemperada por las realidades: «Esa generación nos legó el mensaje de creatividad política, de sensibilidad ante el dolor ajeno y del sentimiento épico de forjar en realidad las aspiraciones de justicia de su gente. Rebeldes a la mediocridad con ideales atemperados por las realidades, nos legaron un reclamo a la excelencia y un sentido honrado de la autocrítica con conciencia de nuestras limitaciones.»Acevedo, Op. Cit. p. xxvii.

[15] El 12 de julio de 1949 compareció el Gobernador Luis Muñoz Marín ante el Comité de Terrenos Públicos de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Allí sostuvo lo siguiente: “Lo que hace falta para hacer de Puerto Rico una nueva clase de Estado es que el pueblo de Puerto Rico tenga derecho de hacer su propia constitución. Éste es un asunto de gran importancia como cuestión de principio. En la práctica, la constitución sería probablemente muy similar, ciertamente siguiendo las líneas fundamentales, de la que ahora nos rige por ley del Congreso. La idea de autorizar al pueblo de Puerto Rico a redactar y aprobar su propia constitución sería un tremendo paso de avance en materia de principios, aunque en la práctica, la cantidad de gobierno propio (bajo la constitución) no sería muy diferente, por ser ahora sustancial”.

[16] El Presidente Harry S. Truman firmó la Resolución Conjunta que se convirtió en la Ley 447 de 7 de julio de 1952. La parte resolutiva del texto dispone que: “Resolución Conjunta aprobando la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que fue adoptada por el pueblo de Puerto Rico en 3 de marzo de 1952.» Véase, 1 LPRA, pp. 154-155.

[17] El constitucionalista don José Trías Monge hace una dura crítica, en sus Memorias de 2005, a los estilos propios de colonizados impresionados que al reclamar por sus libertades temen ofender al colonizador, antes los Capitanes Generales de tiempos de España y ahora los Místeres del Congreso de Estados Unidos. Dice el autor de las Memorias que: “Este estilo obsequioso y apocado de presentar las demandas de mayor libertad del pueblo de Puerto Rico, característico usualmente de la forma en que nuestros lideres se han comportado frente al Congreso ha través de la historia, ha contribuido en buena parte, junto a la legendaria torpeza de ese cuerpo en atender los problemas de sus colonias, a la distancia que todavía le queda a Puerto Rico para alcanzar la plenitud del gobierno propio.” Trías Monge, Memorias, Op. Cit. p. 145.

[18] Pedro Capó Rodríguez plantea tajantemente, en 1915, su interpretación jurídica del recibimiento de las tropas estadounidenses por la población puertorriqueña. Le adjudica un consentimiento tácito a la invasión, la cesión y la anexión. Opina que: “…the United States came into military pos­session of Porto Rico   by a combination of actual military operations and by consent of Spain as the results of a truce of war looking to the conclusion of a treaty of peace. The consent of the native population of Porto Rico was, of course, given or necessarily implied in the reception ac­corded to the American forces by the people”. Pedro Capó-Rodríguez, “The relations between the United States and Porto Rico”, The American Journal of International Law, (1915), p.65.

[19] En una sesión de la Asamblea Legislativa de 27 de septiembre de 1950 se fijaron las fechas que regirían el proceso que llevaría a la aprobación de la Constitución autorizada por la Ley 600. El Referendo sobre la Ley 600 [P.L. 81-600] se celebraría el 4 de junio de 1951; los comicios para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente se llevarían a cabo el 27 de agosto de 1951; el texto de la Constitución se sometería al pueblo para su aceptación o rechazo en plebiscito a celebrarse el 21 de enero de 1951.

[20] Reelecciones de Indis y De Iure Belli de Fray Francisco de Vitoria, O.P. fundador del Derecho Internacional, Edición y notas de Javier Malagón Barceló, Washington, Unión Panamericana, 1963. Se ha expresado: «Sin embargo, fue Francisco de Vitoria quien aportó la base del derecho de Gentes. Sus ideas se pueden concentrar en cuatro proposiciones: 1) El reconocimiento de los aborígenes como dueños de sus tierras, por tanto, sus Estados, aunque infieles, tendrían los mismos derechos que el de los europeos. 2) La negación a que el Emperador pueda valerse de una ley universal para reconocerse como dueño patrimonial del mundo y, del mismo modo, negativa al supuesto derecho de poder temporal del Papa para asignar territorios de infieles a otros príncipes. 3) El descubrimiento no da derecho a la conquista ni al dominio. 4) Los indígenas deben dar libertad a la evangelización, pero en caso de negativa, no se debe utilizar este hecho para conquistarles.» Véase, J. Allero, «El origen español del Derecho Internacional», ARBIL, Anotaciones de Derecho y Crítica, Núm. 14. Sostiene el autor de este prólogo, Carmelo Delgado Cintrón, que basados en las conclusiones de Francisco de Vitoria, OP, el Reino de Castilla no tenía legalmente la soberanía sobre Puerto Rico y poseía la Isla, ilegalmente, a base de violencia. Los Estados Unidos no pudieron recibir, por guerra o tratado, de quien carecía de posesión legítima, por lo tanto, su dominio sobre Puerto Rico es espurio, ilegítimo y forzado. La dominación norteamericana no está reconocida por las normas y el Derecho Internacional, del tiempo de Vitoria, Soto, Covarrubias y Leyva, Grotio, Vázquez de Menchaca, ni por las aceptadas modernamente para la descolonización que busca y se dirige a la eliminación de colonias y países dependientes de cualquier manera. Es ilegal un plebiscito que declare la sujeción colonial por no ser legítimo, ni válido al aceptar esa premisa, y ponerla a votación, que va contra la doctrina y los derechos fundamentales del ser humano. Cuanta razón tienen Barbudo, Betances, Ruiz Belvis, Hostos, Rodríguez de Tió, de Diego, Matienzo, Albizu, Géigel Polanco, Arce, Concepción de Gracia, Vientós, Mari Bras, Berrios, Gallisa, Nieves Falcón, Colón Martínez, Pesquera y otros luchadores de la libertad, al basar sus reclamos, insertados en el Pueblo de Puerto Rico, cimentados en derechos inalienables, internacionales que la doctrina y la humanidad ha consagrado.

[21] Véase, Antonio Truyol y Serra, Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, Madrid, Revista de Occidente, 1975, 2 Vol., Tomo II, “Del Renacimiento a Kant”, Capítulo 4, “Renovación escolástica y humanismo. Vitoria”, p. 50, cita a la p. 55-56. Si hay alguna duda sobre la vigencia actual del Derecho Natural, recordemos lo que escribió Hugo Grotio, que: “existe un derecho natural eterno e inmutable que no está sujeto a los cambios inherentes de las distintas épocas y lugares”. Rafael García Barcenas, “Prólogo”, al libro del presbítero Félix Valera, Observaciones sobre la Constitución de la Monarquía Española seguidas de otros trabajos políticos, La Habana, editorial de la Universidad de la Habana, 1944, p. XI. El caso de Miriam Ramírez de Ferrer vs. Juan Mari Brás que decidió el juez superior honorable Ángel G. Hermida, 4 de octubre de 1996, en una interesante y bien pensada opinión judicial donde se recurre al Derecho Natural.

[22] Véase, Annabel S. Brett, Liberty, Right and Nature. Individual rights in later scholastic thought, Cambridge, Cambridge University Press, 2003, «The Language of natural liberty: Fernando Vázquez de Menchaca,», p. 165. Véase, de la misma profesora Brett, «Natural right and civil community: The civil philosophy of Hugo Grotius», Historical Journal 45, 1 (2002).

[23] Véase, Francisco Carpintero Benítez, Del Derecho Natural Medieval al Derecho Natural Moderno: Fernando Vázquez de Menchaca, Salamanca, Acta Salmanticensia, 1977, p. 87, 124, 175.

[24] Eugenio María de Hostos, El Plebiscito, Obras Completas, Vol. V, Madre Isla, La Habana, 1939, p. 95, cita, p. 108.

[25] Véase. Niall Ferguson, Colossus. The Price of America’s Empire, New York, The Penguin Press, 2004, véase, «Hegemony and Empire», p. 7; «Empire at sea», dice: «Why did Hawaii ultimately become a state, but not Puerto Rico, ceded to the United States by Spain in 1898?, p. 47, entre otras afirmaciones. El profesor Ferguson es el Laurence A. TischProfessor of History at Harvard University and the William Ziegler Professor of Business Administration at Harvard Business School.

[26] José Trías Monge, El Significado de la Ley de Constitución y Convenio, El Mundo, 1 de junio de 1951, p. 7.

[27] El día de la clausura de la Convención Constituyente se dirigió al pleno el Delegado don Luis Muñoz Marín, expresó: «Estado federal y estado confederal. Hemos dicho que estamos creando un estado dinámico, un estado que contiene dentro de sí la enorme energía de un continuo crecimiento, de una continua superación. Es el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, de naturaleza en parte federal y en parte, lo que pudiéramos llamar, confederal. En estos dos factores se encierran la posibilidad de su desarrollo en la Unión Americana.» Así mismo afirmó categóricamente don Luis que: “Yo creo, mis queridos amigos y compatriotas, que hace mucho tiempo que ciudadanos americanos no hacían una contribución creadora de tan alto mérito a la ciudadanía de los Estados Unidos, a la historia, a la creación política de los Estados Unidos de América. Diario de Sesiones de la Convención Constituyente de Puerto Rico, 1952, p. 921. José Trías Monge plantea en 1998, centenario de la Invasión de Estados Unidos a Puerto Rico que: “La lentitud de Estados Unidos en reconocerle a Puerto Rico sus derechos ha afectado nuestras actitudes y visión del mundo. El colonialismo prolongado produce a veces el hábito de la servidumbre. Nos acostumbramos a la ausencia de libertad. Aún aplaudimos y festejamos a quien nos priva de ella. Nos convertimos en seres obsequiosos, melosos, presos del temor de ofender a quien nos agravia. Nos resignamos a que la libertad, la dignidad de sentirse igual a cualquier otro pueblo o persona sobre la tierra, será para cuando lo quiera Dios”. Véase, José Trías Monge, “Un centenario y una denuncia”,Dialogo, Diciembre, 1998, p. 24.

[28] Trías Monge, Estado Libre Asociado. raíces, sentido, promesa, Op. Cit., 9, Acevedo, Op. Cit. p. 5.

[29] Surendra Bhana sostiene que: “El hecho significativo acerca de la implementación de la primera parte del proyecto del Estado Libre Asociado fue la relativa facilidad con que los líderes insulares aseguraron la aprobación de la Ley 600. Un grupo de razones persuadieron a los Estados Unidos que le era conveniente a sus intereses aprobar tal Ley. La Ley le ofrecía la oportunidad de responder a las acusaciones de que Puerto Rico era una colonia del coloso del norte. El Congreso retuvo la frase “en la naturaleza de un convenio” a pesar de su vaguedad legal, como evidencia de su buena fe, pues dicho lenguaje creaba la impresión de que Puerto Rico estaba por su propio deseo entrando en una relación con los Estados Unidos”. Véase, Surendra Bhana, The United States and the development of the Puerto Rican status question, 1936-1968, Lawrence, University Press of Kansas [1975], p. 133.

[30] El Asesor Legal de la Oficial de Territorios Irwin W. Silverman ilustra el sentir prevaleciente del Congreso: “Como dije antes, el poder supremo sobre nuestros Territorios está en el Congreso de los Estados Unidos bajo la Constitución de los Estados Unidos y el Congreso de los Estados Unidos podría, en cualquier momento, determinar qué curso de acción querría tomar.» Hearings before the Senate Committee on Interior and Insular Affairs on S J. Resolution 151, 82nd Congress, 2nd Session, May 6, 1952, p. 40-47..

[31] Véase, José Trías Monge, Reflexiones Finales”, escritas como el capitulo XLVI de su Historia Constitucional de Puerto Rico, Tomo IV, Río Piedras, EDUPR, 1983, p. 249, cita p. 250.

[32] La soberanía de Puerto Rico reside en esta colectividad de seres humanos, que tienen tradiciones comunes acendradas, una cultura uniforme y rica, que hablan un mismo idioma, la lengua castellana , que tienen su comunidad geográfica, históricamente formada, llamada el «Pueblo de Puerto Rico.» Estuvo esta soberanía intervenida, por violencia, durante cuatrocientos años, por el Reino de España. Estados Unidos, intervino, «por motivos humanitarios», en la Guerra entre Cuba y España del 1895, y como parte de ello, se desplazó a otro continente y atacó a las Islas Filipinas, que nada tenían que ver con la guerra cubana-española. Luego, invadieron a Puerto Rico, que estaba en paz, con un gobierno autonómico, aceptado y pedido por los partidos políticos puertorriqueños, y que dicha Isla de Puerto Rico, no tenía absolutamente nada que ver con aquella guerra, de 1895-1898, que ocasionó la guerra entre España y Estados Unidos.

[33] La palabra «degradante» es empleada por el doctor Trías que la ha afirmado en su Historia Constitucional de Puerto Rico, Ibíd. IV, p. 250.

[34] Véase Fernós Isern, “Estado Libre Asociado”, Op. Cit., p. 111-112.

[35] Expresa José Trías Monge que: «Luis Muñoz Marín honró la confianza que se depositó en él. Junto a un puñado de amigos, Ernesto Ramos Antonini, Jaime Benítez, Teodoro Moscoso, Vicente Géigel Polanco, Antonio Fernós Isern. Roberto Sánchez Vilella, Víctor Gutiérrez Franqui, Rafael Picó, Jorge Font Saldaña, Roberto de Jesús Toro, y Sol Descartes, entre otros, con la inestimable ayuda de Guy G. Tugwell, se transformó el país. El Estado Libre Asociado, en lo político, proveyó la fórmula necesaria para facilitar el desarrollo económico, ya encaminado en 1950.» José Trías Monge, «Estado Libre Asociado.raices, sentido y promesa», Acevedo, Op. Cit. p. 3, cita a la p. 9.

[36] Carmelo Delgado Cintrón, Historia Política de Puerto Rico, Madrid, Gran Enciclopedia de Puerto Rico, Tomo II, 1976.

[37] Bernard Sternsher, Rexford Tugwell and the New Deal, New Brunswick, Rutgers University Press, 1964; Enrique Lugo Silva, The Tugwell Administration in Puerto Rico, 1941-1946, Rio Piedras, 1955; Rexford G. Tugwell, Puerto Rican Public Papers, San Juan, 1945; Michael V Namorato, Rexford G. Tugwell : a biography, New York, Praeger, 1988; Norberto Barreto Velázquez, Rexford G. Tugwell : el último de los tutores, San Juan, Editorial Huracán, 2004.

[38] Luis Alfredo López Rojas, Luis Muñoz Marín y las estrategias del Poder, 1936-1946, San Juan, Isla Negra Editores, 1998, p. 83-84.

[39] Don Vicente Géigel Polanco, don Francisco Susoni, don Rafael Arjona Siaca, doctor Gilberto Concepción de Gracia, y un dubitativo don Samuel R. Quiñones.

[40] Don Teodoro Moscoso, don Rafael Picó, don Jaime Benítez, don Roberto Sánchez Vilella, doctor Antonio Fernós Isern, y una elite que los ayudaba y suplía.

[41] En la Asamblea del Partido Popular Democrático de 19 de agosto de 1944 fueron derrotados definitivamente los independentistas en el Partido Popular. Previamente don Luis había expresado sus ideas el 17 y 18 de agosto de 1944, orientando a sus huestes. Allí expreso: «Civilización es manera de producir.» Insinúa que los independentistas populares se oponen a su gran obra civilizadora basada en una nueva economía que «aunque sea en una modesta, pero buena seguridad económica.» «Aumentar la capacidad humana para producir, por medio de la salud y la educación.» Culmina Muñoz Marín: «Entre las distintas formas de ‘status’ político de libertad—llámese independencia, llámese estadidad, llámese como con el nombre que se llame—el mejor ‘status’ político de libertad es el que ustedes mismos crean que pueda ayudar mejor a sostener y desarrollar la clase de civilización, y la clase de vida para este pueblo, que ustedes mismos quieren.» El Imparcial, 17 de agosto de 1944, p. 1.

[42]El Mundo, 12 de febrero de 1943, p. 1.

[43] Véase, Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Vol. 31, noviembre, 1970, Núm. 4, p. 569. También en el Vol. VII, Núm. 3, julio-septiembre, 1944, pp. 202-211.

[44] Expresa Trías Monge sobre Luis Muñoz Marín que: «con su lenguaje velado y titubeante, su afición a la metáfora y la hipérbole, ofrecía un acercamiento a una autonomía mayor.» Trías Monge, Memorias, Op. Cit. p. 199.

[45] Las relaciones de don Luis Muñoz Marín con diversos personajes que se movían en la política washingtoniana le permitían saber y conocer. Era Muñoz muy perspicaz políticamente hablando y conocedor de la naturaleza humana y las debilidades de los políticos, factores que usaba a su favor como político.

[46] Expresó Muñoz Marín: «El realismo y la emoción social se imponían a mi teoría y emoción política.» Luis Muñoz Marín, Memorias: autobiografía pública 1898-1940, Río Piedras, UIA, 1982, p. 107. Para Muñoz el credo independentista era un medio, para Géigel una razón vital. Géigel no cabía en aquel partido que fue transformándose hasta convertirse en el patrocinador de un arreglo donde a fin de cuentas imperaban las relaciones de dependencia colonial, el Estado Libre Asociado. Supongo que como Géigel era un colaborador de saberes profundos y laborioso, se le permitió continuar. Sufrió derrotas, como la de la reforma universitaria, y cuando ya se hizo imposible la colaboración se le despidió como Procurador General, bajo excusas políticas insignificantes. Quizá debió irse antes, o darle una salida decorosa a quien tanto aportaba y merecía.

[47] El Mundo, 25 de junio de 1936, p. 1. A un buen lector estas palabras públicas y otras gestiones de don Luis Muñoz Marín eran significativas de su movimiento ideológico.

[48]Congressional Record, 79th Congress, 1st Session, January 10, 1945, p. 159.

[49] Los alcaldes Populares que suscribieron este mensaje fueron: Manuel A. Barreto, Fernando Milán, Ángel Sandín, Ramón T. Rivera, Augusto Rivera, Edelmiro Rodríguez, Sigfredo Vélez González, Francisco Robledo, Eladio Rodríguez, José Barceló, Miguel Rosado, Arcadio Estrada, José Pérez Soler, Arcadio Colón, Manuel A. Cordero, Juan Villarubia Santiago, Justo Méndez Cabrera, Rafael H. Hernández, Carlos N. Aponte Valentín, Juan A. Rodríguez, Rafael Torrech, Félix Álvarez, Luis Santaliz Capestany, Rafael Castro Gray, Rodolfo Rodríguez, Gabriel Richard, Miguel Rodríguez Echevarria, Antonio Méndez, Diego Jiménez, Pablo Suárez Rodríguez y Eduardo García Carrillo.

[50]Hearings before the Senate Committee on Territories and Insular Affairs on S. 227, 79th Congress, 1st Session, May 7, 1945, pp. 389-390. Estaban presentes los Senadores de Estados Unidos: Chávez, Ellender, Butler y Murdock.

[51] Véase, El Mundo, 12 de febrero de 1946; El Imparcial de igual fecha.

[52] Se encuentran también reproducidos en Antonio Fernós Isern, Puerto Rico Libre y Federado, San Juan, Biblioteca de Autores Puertorriqueños, 1951, p. 21. Estos artículos ya son la total culminación de don Luis hacia el nuevo derrotero que había escogido. Las señales las había dado en varias ocasiones, por discursos ante la tumba de su padre y por escrito. Véase, Luis Muñoz Marín, La Historia del Partido Popular Democrático, San Juan , Caribe, 1952. Hay varias ediciones.

[53] Véase el folleto Discurso Inaugural del Primer Gobernador de Puerto Rico, elegido por el Pueblo, Luis Muñoz Marín, San Juan, 1949, pp. 7 y 8.

[54] Antes dijo lo contrario, que el status no estaba en issue y que los votos no podían contar para condición alguna.

[55] Trías Monge, Memorias, Op. Cit. p. 194.

[56] El doctor Trías Monge expresa en sus Memorias que: «Para juzgar esos años hay que mirarlos en el contexto del ‘horror’ que eran entonces, para muchos tal es todavía la situación presente, las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos.» Trías Monge, Memorias, Op. Cit. p. 198.

[57] Trías Monge, Puerto Rico: Las Penas de la colonia más antigua del mundo, Op. Cit. p. 149.

[58] Contemporánea y amiga de José Gautier Benítez, natural de Cabo-Rojo, tía del Juez Emilio del Toro Cuebas. La poesía está dedicada a Gautier.

[59] El honorable Alfonso L. García Martínez fue un distinguido juez superior, catedrático de Derecho de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana y un defensor y estudioso de la lengua castellana en Puerto Rico. Fue Director, dos veces, de la Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, Director de la Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, miembro de la Junta de Gobierno del Ateneo Puertorriqueño y de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados. Autor de numerosos artículos y libros sobre temas jurídicos, del idioma y cultura.

[60] Entre sus obras podemos mencionar: «El Arancel de Aduana: factor de pobreza en Puerto Rico», Índice, febrero de 1931, núm. 23, p. 367: Apuntes acerca de la Legislación social de Puerto Rico, (1936); El problema de Puerto Rico, (1940); El Problema Universitario, (1941); El despertar de un pueblo, (1942); La independencia de Puerto Rico: sus bases históricas, económicas y culturales, (1943); Valores de Puerto Rico, (1943); Puerto Rico ante la Conferencia Interamericana de Abogados (1945); La Ley de Relaciones Federales y el Estado político de Puerto Rico, (1963); La Farsa del Estado Libre Asociado, (1972); Mis recuerdos del Ateneo, (1976); El Grito de Lares (Gesta de heroismo y sacrificio), (1976).

[61] Se refiere a Eugenio María de Hostos. Véase, Margot Arce de Vásquez, «Editorial»,Revista de la Asociación de Graduadas de la Universidad de Puerto Rico, 1-2, (1938), p. 3. Margot Arce de Vázquez, Obras Completas, Río Piedras, EDUPR, 1998, Tomo I., p. 373.

[62] Véase, Vicente Géigel Polanco, Bases, Naturaleza y Caracteres de la Legislación Social, San Juan, Imprenta Venezuela, 1944.

[63] Vicente Géigel Polanco, El despertar de un pueblo, San Juan, BAP, [1942], p. 57.

[64] Josefina Rivera de Álvarez, Literatura Puertorriqueña. Su proceso en el tiempo, Madrid, Ediciones Partenón, 1983, p. 345.

[65] Francisco Morales Padrón, «Las Academias Hispanoamericanas de la Historia»,Rogelio Reyes Cano; Enriqueta Vila Vilar, Editores, El mundo de las Academias: del ayer al hoy, Sevilla : Universidad de Sevilla, 2003, p. 155.

[66] El autor de estas notas, Carmelo Delgado Cintrón, fue incorporado, hace décadas, como Académico de Número de la Academia Puertorriqueña de la Historia siendo presentado por don Vicente Géigel Polanco. Así mismo fue incorporado a la Academia Puertorriqueña de Jurisprudencia y Legislación, presentado por el presidente José Trías Monge y el Secretario General, Antonio García Padilla y también incorporado a la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, presentado por el Director José Trías Monge y la Secretaria Perpetua, la doctora María Vaquero.

[67] Una asamblea de la Asociación Nacionalista celebrada en Ponce en abril de 1922, tomó el acuerdo de organizar un Partido Nacionalista. Una Comisión compuesta por José Coll y Cuchí, José S. Alegría, Eugenio Font Suárez, Manuel Guzmán Rodríguez, Fernando Torregrosa, Julio Medina González y Guillermo Salazar, se encargaría de los preparativos. Comienza la agitación en toda la Isla. La juventud puertorriqueña participaba con entusiasmo en las reuniones, en la prensa y la tribuna. Algunos de estos jóvenes eran Vicente Géigel Polanco, Samuel R. Quiñones, José A. Balseiro, Fernando Sierra Bendecía, Antonio Paniagua Serracante, Emilio R. Delgado, Francisco Prieto-Azúar, Carlos Román Benítez, Guillermo Silva y Ángel Vando. José Coll y Cuchí, Un Problema en América, México, Editorial Jus, 1944, pp. 13, 14, 15. Véase, Carmelo Delgado Cintrón, Historia Política de Puerto Rico, Tomo II, Gran Enciclopedia de Puerto Rico, Madrid, 1976, p. 779.

[68] Don Santos P. Amadeo, ha sido uno de los juristas y penalistas más destacados de Puerto Rico, catedrático de Derecho Penal de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Eventualmente, como don Leopoldo Figueroa, pasó del Independentismo nacionalista al anexionismo, militando en las filas de los partidos estadistas y anexionistas. Además de un dedicado y estudioso catedrático de Derecho Penal, fue un profundo conocedor de la ciencia jurídica penal y un extraordinario abogado en la práctica criminal. El autor de esta biografía, Carmelo Delgado Cintrón, fue su discípulo en dicha facultad de Derecho y le recuerda con afecto, y admiración por sus grandes aportaciones a la Ciencia Jurídica y a la defensa de los derechos civiles en nuestro país. Tuvo el autor la oportunidad de compartir cátedra y conversar con don Santos en la Escuela de Derecho de la UPR.

[69] Reproducido en Duprey, Independentista Popular. Op. Cit., p. 27-36.

[70] Ruth Reynolds consignó en récord que, “Meramente transfiere del Presidente al pueblo de Puerto Rico el dudoso privilegio de selección un sirviente del imperio más”. Vito Marcantonio llamó al proyecto “una fachada embellecida para una estructura colonial podrida y fea”. Por su parte, el Secretario de lo Interior Julius A. Krug (1907-1970), quien había sucedido a Harod Ickes, endosó sin reservas las medidas manifestando que su aprobación pondría a los puertorriqueños “más adelante en el camino a l gobierno propio”. Steven Hillebrink, The right to self-determination and post-colonial governance : the case of the Netherlands Antilles and Aruba, The Hague : T.M.C. Asser, 2008, «The UN debate on the cessation on transmission of information on Puerto Rico», p. 107, «Involvement after 1953», p. 109, allí se indica que: «The adversaries of the U.S. came to consider Puerto Rico as its Achilles heel. Puerto Rico’s status could be used to ‘expose’ the US as a colonial power and ‘the enemy of Latin American freedom.».

[71] Véase El Mundo, 2 de febrero de 1951, p. 1; Cf. Luis Manuel Díaz Soler, Puerto Rico: Luchas por estabilidad económica, definición política y afirmación cultural, Isabela, 1898-1996, 1998, p. 334.

[72] Para un extenso y muy documentado estudio sobre este tema véase, Arnold H. Leibowitz, Defining Status. A comprehensive analysis of United States territorial relations, Dordrech, Kluver Law International, Martinus Nijoff,1989; Arnold H. Leibowitz, Embattled Island: Palau’s struggled for independence, Westport, Greenwood Publishers, 1996. El abogado y académico Arnold H. Leibowitz fue el Director Ejecutivo de la Comisión del Status de Puerto Rico de 1965. Ha publicado extensamente en prestigiosas revistas jurídicas sobre el tema del colonialismo y los procesos de descolonización. También la tesis doctoral de Thomas A. Mensah, Self-determination under the United Nations Auspices (The Role of the United Nations in the application of the principle of self-determination for nations and peoples), Yale Law School, August, 1963.

[73] Géigel Polanco, Op. Cit., p. 91. Cf. Hayden, Sherman S. and Rivlin, Benjamin, Non-self Governing Territories: Status of Puerto Rico, New York, Woodrow Wilson Foundation, September, 1954, pamphlet Number 3.

[74] Véase, Steven Hillebrink, The right to self-determination and post-colonial governance : the case of the Netherlands Antilles and Aruba, The Hague : T.M.C. Asser, 2008, «The UN debate on the cessation on transmission of information on Puerto Rico», p. 107, «Involvement after 1953», p. 109, allí se indica que: «The adversaries of the U.S. came to consider Puerto Rico as its Achilles heel. Puerto Rico’s status could be used to ‘expose’ the US as a colonial power and ‘the enemy of Latin American freedom.». La cita es a la p. 107-108.

[75] Quiero destacar dos estudios muy importantes sobre la obra de Géigel Polanco: Nilita Vientós Gastón, “Vicente Géigel Polanco”, Escritores Contemporáneos de Puerto Rico, San Juan, 1978, p. 221 y José Ferrer Canales, “Temática de Vicente Géigel Polanco,” Revista Hispánica Moderna, 1968, XXXIV, Num. 3-4, p. 626. Como se ha expresado los estudios y monografías sobre don Vicente Géigel Polanco son numerosas.

[76] El diálogo se encuentra traducido en la obra La Nueva Constitución de Puerto Rico. Informes a la Convención Constituyente preparados por la Escuela de Administración Pública de la Facultad de Ciencias Sociales, Río Piedras, Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, Núm. 54, p. 54. Véase también Fernós Isern, “Estado Libre Asociado”, Op. Cit., p. 101. El Comisionado Residente Fernós Isern en la obra citada, comenta sobre el alcance de estas declaraciones: “Se han querido interpretar estos comentarios del Gobernador Muñoz Marín y del Comisionado Residente como una aceptación de que el Congreso conservaría potestad plenaria sobre Puerto Rico después de Puerto Rico adoptar su constitución, al igual que antes”.

[77] Los estudiantes de Derecho de esta promoción estudia en diversos edificios donde estuvo la sede del Colegio de Leyes. Se ofrecen clases, al principio, en varios salones del edificio de la YMCA, en San Juan, donde permanecieron un año. Al iniciar el año 1923-1924 se instalan en un sótano del Edificio Baldorioty, y algunos salones del Edificio de la Escuela Normal. Durante al año de 1924, y hasta 1927, tiene su sede en el número 28 de la calle José de Diego en Río Piedras. En 1927 se traslada a un mirador del Edificio Janer donde permanecerá hasta la graduación de la clase.

[78] Presidente de la Clase y del “Consejo de Catedráticos y Estudiantes”

[79] Vicepresidente.

[80] Secretario.

[81] Tesorero.

[82] Véase, Carmelo Delgado Cintrón, El Derecho en Nilita Vientós Gastón: saberes jurídicos, cultura y abogacía en una mujer libre e independiente, Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Año 5, junio, 2004, (segunda serie), p. 110.

[83] Por ejemplo, véase, Vicente Géigel Polanco, “Hostos y la independencia de Puerto Rico” en Puerto Rico Ilustrado, Vol. XVIII, Num. 1504, enero 1939.

[84] David Goodman, «Loving and hating Britain: Rereading the Isolianist debate in the USA», en Kate Darian-Smith; Patricia Grimshaw; Stuart Macintyre, Britishness abroad : transnational movements and imperial cultures, Carlton, Vic., Melbourne University Pub., 2007, p. 191, expresan: «Winship a veteran of the Spanish-American war in the Philippines and the Western front in France, was reported to have remarked.»

[85] David A. Lockmiller, «The Advisory Law Commission of Cuba»,The Hispanic American Historical Review, Vol. 17, No. 1 (Feb., 1937), pp. 2-29, p. 5.

[86] Géigel Polanco, Meditación del centenario, Ensayos Hostosianos, Op. Cit. p. 13, cita a la p. 18-19.

[87] Margot Arce de Vázquez, Hostos, patriota ejemplar, Eugenio Carlos de Hostos Ayala, Hostos. Hispanoamericanista, Op. Cit., .53.

[88]Boletín Pro-Centenario del Natalicio de Hostos, numero 10, (1939), San Juan, 1939, p. 105.

[88] Ibíd.

[89] El doctor Gilberto Concepción de Gracia era Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño. Hearings before the House Public Lands Committee on H. R. 7674 and S. 3336, 81st Congress, 2nd Session, May 16, 1950, p. 72. Véase, La Prensa, 18 de mayo de 1950, p. 1.

[90] Véase María Elena Rodríguez Castro, «Foro de 1940: Las pasiones y los intereses se dan de la mano,» en Del Nacionalismo al populismo: cultura y política en Puerto Rico, Río Piedras, Huracán, 1993, p. 61-105.

[91] Es don Eliseo Combas Guerra, quien, en su columna titulada: «En Torno a Fortaleza», publicada diariamente en El Mundo, quien así le designa en 1941. Ello es un reconocimiento al profundo talento de don Vicente, que Combas conoció en el periódico y sigue su carrera legislativa. .

[92] Ibíd. P. 7-8.

[93] Monseñor Antulio Parrilla Bonilla, Conferencia de prensa en la WIPR’ TV sobre la celebración del centenario nacional del Grito de Lares¨ en Antulio Parrilla Bonilla, Puerto Rico: Iglesia y Sociedad 1969-1971, Cuernavaca, CIDOC 84, 1971, p. 2- 52, cita a la p. 2-57.

[94] Vicente Géigel Polanco, El problema universitario, San Juan, Imprenta Venezuela, 1941.

[95] Nereida Rodríguez, Debate universitario y dominación colonial. ( 1941-1947), San Juan, Editorial Grafito, 1996, p. 206, donde examina las aportaciones de Géigel Polanco a la reforma universitaria. Jorge Rodríguez Beruff, «Antonio S. Pedreira, la Universidad y el proyecto populista», Revista de Administración Pública, Vol. XVIII, Núm. 2, (marzo, 1986), p. 18.

[96] Véase Ser, Semanario de universitarios, Año I, febrero, 18941, p. 4.

[97] Rodríguez, Op. Cit. p. 133. Véase, Vicente Géigel Polanco «Una aproximación crítica al problema de la Universidad de Puerto Rico» y «Proyecto de ley de autonomía universitaria.» Véase, SER29 de enero de 1941. El estudiante de Derecho Marcos A. Ramírez escribió la reseña periodística.

[98] Véase, Jaime Benítez, «La Cuestión universitaria», La Torre, 5 de febrero de 1941, p. 1, 6, 8; «Universidad y Partido Popular», 12 de febrero de 1941, p. 3,6; «conferencia de Géigel Polanco», 19 de febrero de 1941, p. 2, 6, 7, 8; «El Proyecto de autonomía del Senador Géigel Polanco», 26 de febrero de 1941, p. 3, 4, 6, 8; «La auténtica autonomía», 5 de marzo de 1941, p. 3, 6, 7. «La reforma universitaria»:, 19 de marzo de 1941, p. 3,4,6;

[99] El libro de la estudiosa Nereida Rodríguez nos ilustra detalladamente de los debates entre los reformistas de «afuera», Géigel Polanco y los de «adentro», Benítez. Por ser muy detallado, para nuestros fines no reproducimos estos procesos político-académicos. Véase, Rodríguez, Debate universitario y dominación colonial, (1941-1947), Op. Cit. especialmente: «El debate», p. 135; «inicio de un nuevo estilo en la continuidad de la lucha reformista», p. 136-140; «El debate: del espacio universitario al foro legislativo», p. 141 y siguientes. Las audiencias o vistas públicas en la Asamblea Legislativa eran presididas, en el Senado por el licenciado Vicente Géigel Polanco, Presidente de la Comisión de Instrucción y en la Cámara por doña María Libertad Gómez, Presidenta de la Comisión de Instrucción.

[100] Emilio González Díaz, «El populismo y la Universidad», Revista de Administración Pública, Vol. XVIII, Núm. 2, (marzo, 1986), p. 27 y 28.

[101] Véase, Rafael Aragunde, Sobre lo universitario y la Universidad de Puerto Rico, San Juan, Publicaciones Puertorriqueñas Editores, p. 6-9.

[102] El Juez Asociado del Tribunal Supremo Emilio del Toro es quien recomienda y hace nombrar a Juan B. Soto, profesor del Colegio de Leyes de la Universidad de Puerto Rico. Esto ocurre cuando era Vicepresidente de la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico. Nos dice el biógrafo de Juan B. Soto, Ángel M. Torregrosa que: “En uno de los primeros meses del año 1915, fue nombrado instructor en la Facultad de Derecho de la Universidad de puerto Rico. Hacía cuatro años que venía ejerciendo la profesión de abogado. El señor del Toro Cuebas, actual Presidente del Tribunal Supremo, era Vice-Presidente de la Junta de Síndicos, y sin duda alguna, influyó en el nombramiento de Soto.”Véase, Ángel M. Torregrosa, Juan B. Soto (La historia de su vida), San Juan, Imprenta Venezuela, 1938, p.129. Don Juan B. Soto estudia Derecho por correspondencia, véase Josefina Rivera de Álvarez, Diccionario de Literatura Puertorriqueña, bajo ese inciso.

[103] Juan B. Soto, «La escuela y la universidad en Puerto Rico: su misión especial», en Juan B. Soto, La Universidad y la Escuela en el drama de la vida, Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, 1942, p. 249. Así mismo en Eugenio Fernández Méndez, Antología del Pensamiento Puertorriqueño,(1900-1970), San Juan, EDUPR, 1975, p. 1162. Aragunde Op. Cit. p. 9-10..

[104] La cita es del doctor Rafael Aragunde, Op. Cit. p. 113.

[105] El documento en Reece Bothwell González, Puerto Rico: Cien Años de lucha política, San Juan, EDUPR, 1979, Vol. II, p. 682-683.; Aragunde, Op. Cit. p. 113.

[106] Géigel Polanco, El problema universitario, Op. Cit. p.17.

[107] Véase Aragunde, Op. Cit. p. 120; Rodríguez, Op. Cit. p. ; Margot Arce de Vázquez, Obras Completas. Parte II, «Educación y reforma universitaria, 1935-1978», p. 177-345 EDUPR, 2001; Beauregard González Ortiz, Poder y Participación en la Universidad de Puerto Rico, Levittown, Ediciones de Política y Administración, 1994.

[108] López Rojas, Op. Cit. p. 79. El autor cita a doña Nereida Rodríguez, «para un estudio profundo y serio del tema.

[109] Aragunde, Op. Cit. p. 123. Expresa que: «Según Enrique Bird Piñeiro en su libro Don Luis Muñoz Marín, el poder de la excelencia, en la época en que esto ocurre y particularmente en el momento en que comienza la sesión legislativa de 1942 ‘se hizo patente entre los legisladores populares que se debatían dos conceptos de reforma universitaria: uno propulsado por Jaime Benítez…y otro propulsado por Vicente Géigel Polanco.» Véase, Enrisque Bird Piñero, Don Luis Muñoz Marín, el poder de la excelencia, Santo Domingo, Fundación Luis Muñoz Marín, 19912, p. 120.

[110] Véase, “Regresó ayer en aeroplano don Emilio del Toro Cuebas. Sus impresiones de Lima,” El Mundo, sábado 7 de enero de 1939, p. 1. Entre la larga lista de quienes le reciben, están: José A. Balseiro, Adolfo y Eugenio Carlos de Hostos.

[111] Constancio C. Vigil, editor, autor, periodista, líder cultural argentino, de proyección latinoamericana. Creador y director de la célebre y muy influyente revista juvenil “Billiken” de circulación continental y otras publicaciones. En Puerto Rico “Billiken” se leía semanalmente, y se divulgaba la cultura hispanoamericana, las biografías ilustradas de los libertadores, científicos y hombres y mujeres ilustres americanos, la geografía, las vidas ilustres y ejemplares en tirillas, fotografías y hermosos grabados, juegos instructivos. Billiken y las películas argentinas, entre otros de Luis Sandrini, la música de Leo Marini, y Billiken, así como los libros baratos y accesibles de la Editorial TOR, divulgaron la cultura argentina haciéndola apreciada y valorada por estas latitudes.

[112] Véase carta de R. Menéndez Ramos, Gobernador interino al Gobernador Blanton Winship, de fecha 7 de febrero de 1937. Dice que: «As the matter have been reached the ears of officials in Washington. I have thought it proper and desirable that you should be fully informed of what has happened, so you may be able to make any official explanation that may be required. I am sending a letter to Dr. Gruening, so that he may be fully advised. Judge del Toro has passed a very disagreeable few days, but he is feeling better now.»

[113] Véase Vicente Géigel Polanco, “Hostos: Realidad actuante en nuestro mundo moral”, Conferencia dictada en la Universidad de Puerto Rico, incluida en su libro titulado, ENSAYOS Hostosianos, Boston, Florentia Publishers, 1976, p. 36-37.

[114]Antonio Fernós Isern, Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Antecedentes, creación y desarrollo hasta la época presente, UPR, Río Piedras, 1974, p. 172. Véase, Hearings before the Senate Committee on Interior and Insular Affair on S. J. Resolution 151, 82nd. Congress, 2d. Session, May 6, 1952.

[115] Véase, «A la carga los populares. El partido se lanza a la caza de nuevos electores,» El Nuevo Día, 9 de febrero de 2010, p. 4-5.

[116] Expresa el doctor Helfeld que: «A pesar de que su título formal ha sido cambiado, en teoría constitucional Puerto Rico permanece siendo un territorio.» David M. Helfeld, Congressional intent and attitude toward Public Law 600 and the Constitution of the Commonwealth of Puerto Rico, Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, Vol. 21, (1951-1952), (1951-1952), p. 255, cita a la p. 265.

[117] Véase, Monseñor doctor Roberto González Nieves, Carta Pastoral. Patria, nación e identidad: don indivisible del amor de Dios, San Juan, 2003. Cf. Carmelo Delgado Cintrón, “La Carta Pastoral del Arzobispo,” El Nuevo Día, Revista Domingo, 21 de septiembre de 2003, p. 18.

[118] Como curiosidad a la bandera de Puerto Rico se le llama la bandera de la estrella solitaria, para contraponerla a la bandera de Estados Unidos a la que se designa como ¨la pecosa.¨ Al idioma ingles se le dice, ¨el difícil.¨ Preferiría la lengua taina, de nuestros antepasados nativos, los tainos, que vinieron de las costas de Venezuela y Colombia, pero no estando estos, la dulce lengua castellana o ¨el español,¨ es la lengua natural de Puerto Rico.

[119] Declaraciones ante el «Comité Interagencial de Casa Blanca, del licenciado Manuel Rodríguez Orellana, Secretario de Asuntos de Norteamérica del Partido Independentista Puertorriqueño y Catedrático de Derecho. El Nuevo Día, 7 de marzo de 2010.

[120] Declaraciones del licenciado Jorge Santini, Alcalde de San Juan y vicepresidente del PNP. Expresa: «afirmó que no le parece “serio” que sólo se le brinden tres minutos para hablar sobre los problemas de status en la Isla. “No creo que tres minutos sean suficientes. ¿Tú sabes lo que son tres minutos para resolver un problema centenario?”, cuestionó.»El Nuevo Día, 7 de marzo de 2010.

[121] El diario El Vocero, de 4 de marzo de 2010, en su portada tituló las vistas como: «SIN TON NI SON. «Tras una fugaz estadía en el trópico boricua, el Grupo de Casa Blanca regresa al frio de Washington DC con la promesa de un informe neutral sobre el status.». En la página 2, se expresa que: «No tomaran postura alguna», dice: «Los co-presidentes del Comité Interagencial de la Casa Blanca, Cecilia Muñoz y Tom Perelli aseguraron que no impulsarán una fórmula de status en específico y que redactarán un informe ‘neutral’ que recoja las recomendaciones del panel de discusión y la audiencia pública que se celebró ayer en San Juan.»

[122] Véase las declaraciones del Gobernador Luis Fortuño, «Compatibles el español y la estadidad», El Vocero, 5 de marzo de de 2010, p. 6. Allí expresó: «Todo esta atado y el problema del estancamiento de Puerto Rico se llama Estado Libre Asociado», concluyó el Gobernador.

[123]El Nuevo Día, domingo 7 de marzo de 2010, p. 67.

[124]El Vocero, «Tímida asistencia»»Era notable la gran cantidad de sillas vacías durante la vista del grupo de Casa Blanca.»

[125] Los miembros del «Grupo Interagencial de Casa Blanca» son: Cecilia Muñoz, Co-presidenta y Directora de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales de Casa Blanca (White House); Tom Perrelli, Secretario Adjunto del Departamento de Justicia de Estados Unidos; Cecilia Rouse, miembro Consejo asesor económico del Presidente Obama; Mathew Kabaker, funcionario a cargo de finanzas en el Departamento del Tesoro; Judith Enck, Administradora regional de la EPA; Saúl Dioguardi, Director de Asuntos Intergubernamentales del Departamento de Salud de Estados Unidos. Véase, «Maritza Díaz Alcaide, «Sin brillo y sin consensos», Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 16-17.

[126] Manuel de J. González, «Se fue Rubén y llega Cecilia»,,Claridad, 4 al 10 de marzo de 2010, p. 9. Candida Cotto, «La visita del Comité Interagencial», Ibíd. p. 11.Expresa allí que el licenciado David Noriega ex legislador del PIP, afirma: «…creo que todo proyecto que ponga sobre el tapete la discusión del estatus político de Puerto Rico es importante para el proceso de descolonización de este país. «.

[127] Carlos Gallisa, «La Ley Foraker sigue vigente»,Claridad, 4 al 10 de marzo de 2010, p. 4.Editorial de Claridad titulado: «Una sola voz para que el imperio oiga claro.»Ibíd. p. 3.

[128]Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 16.

[129]El Vocero, 4 de marzo de 2010, p. 4.

[130]Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 16.

[131] Ibíd., p. 3.

[132]Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 16.

[133] Ibíd.

[134]Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 16.

[135]El Vocero, 4 de marzo de 2010, p. 6.

[136]El Vocero, 4 de marzo de 2010, p. 6.

[137]El Vocero, 4 de marzo de 2010, p. 6.

[138]Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 16.

[139] Maritza Díaz Alcaide, «No nos vendan», Primera Hora, 4 de marzo de 2010, p. 18.