La defensa de la UPR

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por Efrén Rivera Ramos
martes, 16 de abril de 2019

La defensa de la UPR

¿Qué pasa con la Universidad de Puerto Rico? La pregunta es sencilla solo en apariencia. Para contestarla, como se debe, habría que explorar numerosos niveles de realidad.

Habría que comenzar con las bondades que entraña su abundancia de logros, contribuciones, aciertos, talentos y propósitos nobles, su cultivo bien fundado de sueños y esperanzas y su buena cosecha de frutos inestimables. Tendrían que reconocerse los apoyos históricos que la sociedad puertorriqueña le ha brindado con tanta generosidad a su principal proyecto cultural de más de un siglo.

Todo eso habría que hacerlo con justicia y responsabilidad.

Pero también sería necesario desgajar capas acumuladas de desaciertos, incomprensiones, contradicciones, conflictos, resentimientos, ineptitud, mala fe, aferramientos ideológicos, intereses, desvaríos, fracasos, frustraciones, confusiones y dejadez generadas desde adentro y desde fuera.

La situación actual de la Universidad de Puerto Rico (UPR) es producto de la convergencia de todos esos y otros ingredientes. Pero sobre ellos se monta, además, la más reciente amenaza: el brutal menoscabo de sus recursos dictado por la Junta de Control Fiscal y el gobierno, con la anuencia cómplice de la alta gerencia universitaria.

Parece haber un consenso dentro y fuera de la institución de que los recortes impuestos a la UPR son excesivos. Que ponen en riesgo su misión. No obstante, la Junta de Control Fiscal no desiste ni un ápice de su propósito de disminuirla. El gobierno de Puerto Rico, que tantos desencuentros ha proclamado tener con la Junta, en este asunto le sigue los pasos a pie juntillas. Y, lo que es más desconcertante, la gerencia máxima de la institución se sostiene, a contrapelo de la opinión de la comunidad universitaria, en que los recortes son “manejables”. En unidad de propósitos y acción con la Junta de Control Fiscal y el gobierno, los gerentes se aprestan a aumentar de forma sustancial los costos de estudios, a reducir beneficios a su plantilla laboral y a afectar severamente la calidad de la docencia, la investigación y el servicio que presta la Universidad.

Si una circunstancia ameritaba la protesta enérgica de la comunidad universitaria ha sido esta. Por eso tantos salimos profundamente desilusionados cuando hace poco no se pudo llevar a cabo una importante reunión del claustro del Recinto de Río Piedras por falta de quórum. Muchos reaccionaron con desencanto, otros con incredulidad, aun otros con resignación. Pero me quedé pensando que puede haber razones varias para este desenlace. ¿Quiénes somos para juzgar a los demás colegas cuando abundan los motivos para el escepticismo más profundo, el desaliento más agudo o simplemente el descreimiento que produce un cierto realismo triste pero entendible? Esa es una de las muchas capas acumuladas en la realidad universitaria que tendríamos que disolver.

Para evitar el futuro indeseable que nos espera si se continúa con la nueva política de financiamiento de la educación superior pública del país harían falta varios desarrollos urgentes.

La comunidad universitaria ha de fortalecerse y reclamar más agresivamente que se proteja a la Universidad. La gerencia universitaria tiene que abandonar su postura de justificar los recortes masivos que se han decretado.

Las personas egresadas de la UPR, si valoran la formación y las oportunidades que esta les brindó, tendrían que tomar acciones más concretas de apoyo a su Alma Mater, como ciudadanos y ciudadanas y desde las posiciones que ocupan en los sectores público y privado.

Las instituciones de la llamada sociedad civil y los medios de comunicación deberían expresar su solidaridad de todas las maneras a su alcance.

El gobierno de Puerto Rico debe revisar su posición en torno a la UPR y aprestarse a defender esta institución del pueblo de Puerto Rico.

Y, finalmente, la Junta de Control Fiscal debe prestar oídos a estos reclamos y dejar a un lado su obsesión ideológica de convertir a la UPR en una especie de colegio universitario que opere guiado por las lógicas que podrán ser adecuadas para otros contextos y otros propósitos pero no para la Universidad pública nacional de Puerto Rico.

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