La Apertura al Cambio

    La Universidad Hoy
    por Antonio García Padilla
    2009

    La Apertura al Cambio

    El Plan de Trabajo Académico Administrativo que articulé en 2001, al presentarme al proceso de consulta para la designación del octavo Presidente de la Universidad de Puerto Rico, constituyó el comienzo de un diálogo con la comunidad universitaria y con la comunidad amplia en torno a la definición de nuevas miras institucionales y al desarrollo de propósitos y voluntades de alcanzarlas. Partía el documento de dos afirmaciones complementarias. En primer lugar, la Universidad de Puerto Rico como principal proyecto cultural de nuestro país y detentador de haberes magníficos en su pasado, proveía un marco de parámetros y cumplimientos ejemplares. En segundo lugar, la renovada vigencia que la Universidad cobraba en el Puerto Rico contemporáneo, proponía la necesidad de una voluntad de cambio responsable que atemperara la institución a los nuevos contextos.

    Se conjugaban entonces y se conjugan aún en la caracterización de la Universidad de Puerto Rico responsabilidades sociales plurales que provienen de la relación estrecha de la institución con el país. En efecto, no se presentan muchas instancias en el mundo actual en que una universidad esté tan imbricada con los rumbos del país donde se asienta, como es el caso de la Universidad de Puerto Rico.

    Muchas de las responsabilidades históricas de la Universidad han estado ligadas al proyecto de desarrollo y modernización de nuestra sociedad. Es por todos reconocido el éxito de la institución en la capacitación de profesionales y, directamente o a través de sus egresados, en la generación de ideas, soluciones y alternativas para adelantar los propósitos del progreso y la conquista de niveles más altos en los inventarios de bienestar y calidad de vida.

    Por otro lado, la Universidad ha debido jugar y continuará jugando un papel protagónico en el fomento, aprecio y conservación de la producción artística y científica del país así como del patrimonio científico, cultural y estético universal. Desde su fundación, ha representado la Universidad, en tanto bien público, el acceso para un cada vez mayor número de puertorriqueños a las posibilidades de la educación superior. La misión universitaria sigue firmemente articulada a la factura de un futuro aún más generoso en sus posibilidades y a un más amplio y democrático acceso a ellas.

    Al mismo tiempo, ha promovido la Universidad una ineludible reflexión sobre sí, sobre la complejidad de los tiempos que le ha tocado vivir en más de un siglo y sobre los cambiantes escenarios de lo humano. En ese derrotero, la Universidad de Puerto Rico se ha distinguido en la valoración y desarrollo de la conciencia crítica y del espíritu de libertad ciudadana. No ha rehuido y no deberá rehuir la Universidad ese designio aún cuando pueda acarrear situaciones de inestabilidad. La libertad, como sabemos, conlleva costos e intranquilidades momentáneas pero termina por redundar en fortalezas extraordinarias para el espíritu y la concertación social. De ahí que la Universidad sea casa de tolerancia; lugar comprometido en su esencia con el pluralismo.

    A la vez que asumía estas responsabilidades históricas de la institución, el Plan Académico Administrativo planteaba cómo encarar de manera efectiva nuevas realidades tanto para el país como para la institución; cómo definir y encauzar nuevos ámbitos de acción que habían sido apreciados, en algunos casos iniciados, pero que aún no constituían parte de la agenda universitaria. Con once unidades autónomas, cerca de 70,000 alumnos, más 4,000 claustrales y alrededor de 7,000 funcionarios y empleados administrativos, la Universidad de Puerto Rico constituía una institución grande y compleja que seguía, a la altura de su segundo siglo, presentando credenciales estupendas. Los riesgos, sin embargo, se presentaban, también cada vez, con mayor sentido de urgencia y demandaban correcciones y ajustes significativos.

    Por un lado, vencidos ciertos umbrales insostenibles de atraso y desigualdad, el país se enfrentaba y enfrenta aún a esquemas distintos de inequidad, intolerancia y carencias democráticas que no pueden permitirse. La Universidad y los universitarios debían asumir nuevas propuestas a tono con estos escenarios cambiantes. Igual acontecía con los nuevos paradigmas de desarrollo impulsados por la globalización. La Universidad, que había conducido a nuestra sociedad a través del proceso de modernización, debía habilitar su oferta para acoplarse al nuevo escenario mundial.

    Por otro lado, los desgastes naturales en la programación académica y en la estructuración administrativa, urgían y urgen las actualizaciones y renovaciones debidas. La Universidad tiene el deber ineludible de analizarse a sí misma, con mirada crítica y sin complacencias engañosas, y acometer los ajustes que tenga que hacer. Al momento de divulgar el Plan Académico Administrativo, la apertura al cambio se nutría de la seguridad que representaba el contar con los talentos institucionales y con el respaldo del país que sigue viendo en la Universidad su gran capital público. Hoy, adelantadas ya las modificaciones estructurales y programáticas, esa apreciación inicial se sostiene con creces.

    También en ese momento se identificaron obstáculos de variada naturaleza. De un lado, la Universidad de Puerto Rico, que es parte de la gran comunidad universitaria del mundo moderno, enfrentaba amenazas compartidas por la gran mayoría de los proyectos universitarios: la politización de las instituciones académicas, el anti intelectualismo, la mediocridad en las formas y en las actitudes que atentan contra el compromiso institucional con el conocimiento, la sabiduría, la excelencia, el servicio y la justicia. Por el otro, no escapaba a los necesarios diagnósticos iniciales, situaciones específicas de nuestra Universidad: envejecimiento de su planta física, rezagos tecnológicos, reglamentaciones anacrónicas, limitaciones financieras, entre otras.

    La Universidad del Siglo 21, que somos ya en 2009, es el producto de nuestras fortalezas históricas como Universidad y como país; del compromiso de los universitarios y de la capacidad de la institución de pensar en términos estratégicos y con valores de servicio. Es lo que nutre a la Agenda de Planificación y Desarrollo de la Universidad de Puerto Rico, adoptada por la institución en 2006 y cuyas metas y objetivos organizan nuestros mejores esfuerzos hacia el fortalecimiento del Vínculo Sostenido con el Estudiantado; el desarrollo de Culturas Académicas de Actualización; el potenciamiento de la Investigación y Labor Creativa Competitiva; el fortalecimiento de una Cultura de Evaluación y Avalúo Institucional;la Actualización Tecnológica; el Liderato en Inversión Comunitaria; la Vocación para un Mundo Global; la Eficiencia y Belleza en los Espacios; la Optimización Administrativa y Gerencial; y, el desarrollo de una Identidad Institucional Fortalecida.