Emigración Boricua y el Futuro de la Nación

Emigración Boricua y el Futuro de la Nación Contestación al Discurso “En Búsqueda de un Nuevo Paradigma: La Diáspora Dínamo de la Transformación Puertorriqueña” de la Honoraria Mari Carmen Aponte

Carlos Ramos González

Buenas noches. Mi más calurosa felicitación a la nueva académica. Como es tradicional en la Academia, en esta ocasión me corresponde contestar el discurso de la Embajadora y nueva Académica Honoraria, Mari Carmen Aponte. A tenor de esta misma costumbre, solo ofreceré una breve reflexión sobre tan pertinente y articulado discurso. Quizás no lo recuerde la distinguida compañera, pero la conocí por primera vez en 1972 cuando ambos éramos estudiantes universitarios. Su señora madre, la Dra. María Cristina Aponte, dirigía mi grupo de estudios en un viaje a Europa, organizado y auspiciado por la Universidad de Puerto Rico. En ese viaje de estudios, sin duda inolvidable y de mucho aprendizaje, la Académica Aponte se unió a nuestro grupo en más de un país.

Luego de casi cincuenta años de aquella experiencia en travesía aérea, hoy escucho su llamado a repensar el País anclado en una reflexión sobre los emigrantes puertorriqueños en los Estados Unidos. Lo cierto es que se debe admitir con dolor que desde la Patria muchas veces hemos menospreciado e incluso olvidado a estos compatriotas que sin duda forman parte de nuestro ser nacional. Un futuro mejor solo será posible si contamos con toda la población que configura una nación dispersa por el mundo, pero sobre todo en los Estados Unidos. La tarea es compleja. Seguimos siendo, en el decir del Dr. Rafael Garzaro, una nación en busca de un Estado.

Los tres componentes de la tesis central de la Embajadora Aponte marcan una importante hoja de ruta: 1) hacer uso de la fortaleza de esa emigración que se compone de más de 5.4 millones de compatriotas; 2) la urgencia de articular una nueva estrategia política que permita a todos y todas hablar con una sola voz para hacer frente a la metrópolis justamente desde su corazón en Washington, D.C.; y 3) trabar entendidos con aliados naturales y circunstanciales identificando los vehículos que adelanten la causa.

Como paso mínimo en esa dirección, esta Academia, por iniciativa de su Presidente y el apoyo entusiasta de todos los académicos y académicas, ha reactivado la designación de Académicos Correspondientes. Se trata de una invitación hecha a varios puertorriqueños y puertorriqueñas por cuyo quehacer jurídico e intelecto se destacan y brillan en universidades de países como Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelandia. Aunque es una iniciativa relativamente reciente, la respuesta y el entusiasmo desplegado por estos académicos han sido estimulantes y de gran ayuda para lograr las metas de la Academia. Al contar con estos emigrantes, nuestra Academia se ha fortalecido.

El planteamiento de la Académica Aponte, por supuesto, es más trascendental que los esfuerzos que he reseñado. Al analizar la situación actual de nuestro País, afirma que estamos ante una de las crisis más agudas de todos nuestros tiempos. Entre el Huracán innombrable y la indigestible PROMESA, vuelve a florecer lo que cataloga como un «tranque», producido por la ausencia de voluntad política en Puerto Rico y Estados Unidos para «articular un proyecto de desarrollo económico y social amplio e incluyente ente los sectores que componen la vida ciudadana» de nuestro país. Anticipa lo que de hecho sabemos ya ha sucedido: algunos de los asuntos jurídicos terminarán encaminados y posiblemente resueltos en la jurisdicción federal, donde conforme a la arbitrariedad del poder que emana de la cláusula territorial, el pueblo de Puerto Rico será un «mero espectador silente sobre decisiones que inciden sobres su destino». Es menester coincidir con la nueva Académica en este aspecto: la lucha por poner fin al yugo colonial que representa esta cláusula es cada vez más urgente. Pienso que ya emerge un consenso sobre esta situación indigna. Por supuesto, siempre tenemos que descontar de este consenso a alguno que otro esclavo feliz cuya atrofia espiritual impedirá que cobre conciencia de esta situación.

En el litigio, hay que seguir cuestionando los parámetros del ejercicio del poder del Congreso bajo esta cláusula constitucional en los siglos XIX y XX, pero sobre todo en la actualidad. En realidad se trata de unilateralidad, desdén y prejuicios. ¿Habrá una decisión final del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre este asunto? ¿Se establecerá una distinción entre un poder congresional omnímodo cuando se legisle sobre la estructura gubernamental de los territorios vis-vis cuando se legisle asignando fondos o en violación a ciertos derechos considerados fundamentales? La historia constitucional territorial de los Estados Unidos cobra una pertinencia extraordinaria para resolver los dilemas constitucionales que emanan de la relación entre Puerto Rico y los Estados Unidos. Varios miembros de esta Academia ya hemos escrito, litigado o adjudicado controversias sobre estas cuestiones constitucionales. Le damos la bienvenida a la nueva Académica al incorporarse a estos trabajos.

Tras señalar algunas herramientas para alcanzar lo que llama transformación estructural de Puerto Rico, la Embajadora Aponte expone su tesis central: en esta transformación es fundamental contar con la «diáspora» o emigrantes de Puerto Rico en los Estados Unidos. Esto me permite enfatizar que esa emigración tiene que entenderse en el contexto histórico en que se ha desarrollado. En nuestro País hay una larga, profunda y dura historia de la emigración a los Estados Unidos. Así pues, sabemos que la emigración de los últimos dieciocho años comienza a superar la llamada «Gran Migración» de 1940-1970, donde perdimos más de 800,000 habitantes. Creo que es un hecho no sujeto a rectificación histórica, que aquella fue una emigración en gran parte promovida por los gobiernos de Puerto Rico y los Estados Unidos como parte de una estrategia de crecimiento económico con fines maltusianos. Peor aún: como demuestran la literatura y los estudios sobre el tema, se construyó sobre una indignante política de control de natalidad iniciada en la década de los treinta y dirigida a esterilizar a mujeres puertorriqueñas hasta llegar a una tercera parte de todas las boricuas entre las edades de quince y cuarenta y nueve años. La esterilización y el fomento de emigración se utilizaron como mecanismos de crecimiento económico. Cuando la Embajadora Aponte alude a PROMESA y la Cláusula Territorial, lo hace también a las políticas que se derivan y se han derivado históricamente de una condición de subordinación colonial que se encuentra en la raíz de toda su reflexión.

La historia de la emigración de los últimos quince años, incluyendo la iniciada en el 2006 y que llega a su cenit tras el Huracán María, ha sido descrita como la culminación de elementos que produjeron la «tormenta perfecta» en un sentido financiero y económico. Los señalamientos de la Embajadora que describen esta emigración reciente están avalados por los estudios más rigurosos que comienzan a dar luz pública. Menciono uno de reciente publicación justamente producido y patrocinado por la intelectualidad puertorriqueña de la emigración. Me refiero al trabajo de los profesores Marie T. Mora, Alberto Dávila y Havidán Rodríguez titulado Population, Migration and Socioeconomic Outcomes Among Island and Mainland Puerto Ricans.[1] Debe resaltarse también la extraordinaria conferencia celebrada recientemente en San Juan, auspiciada por el «Centro de Estudios Puertorriqueños» de la «City University of New York» bajo el título Resiliencia y Solidaridad: Encuentro con la Diáspora Conference. En dicha conferencia, además de la presentación de trabajos, distinguidos y reconocidos profesores y profesoras provenientes de la emigración en los Estados Unidos, ofrecieron conferencias en unión a sus colegas de las universidades de Puerto Rico. En esta historia de la emigración puertorriqueña, también quisiera incluir un hecho actual muy pertinente sobre uno de los grupos más marginados de nuestra sociedad: los confinados y confinadas del País. La decisión de promover la emigración «voluntaria» de más de una tercera parte de la población penal del País a instituciones penales en los Estados Unidos constituye un hecho sin precedentes que merece ser discutido y analizado en todo encuentro donde se discuta la emigración boricua hacia los Estados Unidos.

La Embajadora Aponte nos hace un llamado urgente a renovar los esfuerzos para lograr que las personas que componen la emigración puertorriqueña se inscriban como votantes. Precisa que esa población plantea un «rompecabezas» que varía según el estado donde se ubica.  A su vez, es una población que se encuentra concentrada no solo en Nueva York sino también en Florida, Massachusetts, Texas, Illinois, California y Ohio, entre otros. Como marco de este «rompecabezas», añadiría la necesidad de profundizar sobre las razones por las cuales esos esfuerzos muchas veces no llegan a convencer a nuestros compatriotas para que se inscriban y ejerzan su derecho al voto. La sensación de antes y ahora permanece: no se sienten parte de la cultura de esa nación. Las razones que explican esta realidad deben ser objeto de mayor estudio para que las acciones concretas hacia el objetivo electoral sean exitosas. Al buscar la respuesta a esta complejidad, no puede obviarse una variable apabullante. Me refiero al racismo cultural tan arraizado y rampante que caracteriza a esa nación. La situación se ha empeorado, pues la realidad sociológica ha encontrado en el Presidente de los Estados Unidos una voz que anima y encarna este sentimiento y muchos otros igualmente deshumanizantes como el sexismo, la xenofobia, el neo-nacionalismo y la plutocracia. La literatura y estudios demográficos que comienzan a emerger con intensidad, a algunos de los cuales he hecho alusión, también apuntan a que este «rompecabezas» refleja que el perfil sociológico de estos emigrantes boricuas es variado pues depende de la naturaleza de los distintos estados donde residen. Entender cada uno de estos perfiles va a impactar las estrategias que se desarrollen para lograr que ejerzan sus derechos democráticos o desarrollen métodos de lucha que se hagan escuchar en Washington.

Deben ser motivo de consideración las estadísticas más recientes que apuntan al retorno a la Patria de una parte de aquellos que emigraron obligados por la embestida del desastre natural. ¿Cómo impacta esta realidad a una estrategia dirigida a fomentar la inscripción de votantes en los procesos electorales de los Estados Unidos? Si en efecto se observara un regreso de emigrantes más elevado que el proyectado inicialmente, ¿cómo se prepara el gobierno de Puerto Rico, y su co-gobierno Junta de Supervisión Fiscal, para enfrentar esa nueva realidad? El cese o disminución irreversible de ciertos servicios públicos esenciales, incluyendo la enajenación de importante infraestructura física, apunta hacia la existencia de una política pública no articulada de repeler o preferir que este regreso no ocurra. ¿De qué otra manera puede explicarse?

Finalmente, ante la reflexión tan pertinente que hemos escuchado hoy y la evocación que se hace de nuestro fundador, se impone una mirada al mundo. La emigración es un fenómeno global y con un historial casi tan antiguo como la Humanidad misma. ¿Cuáles otros países, territorios, sub-estados con autonomía territorial y excolonias han tenido una experiencia similar a la de Puerto Rico? ¿Cómo se ha insertado la emigración en los países que aún luchan por ejercer su derecho a la autodeterminación? Descontando las diferencias del contexto histórico y político que vivimos, ¿qué lecciones derivamos del pensamiento, acción y coordinación desde el exilio de hombres y mujeres como Betances, Martí y Hostos?

Los tres componentes, interrogantes y hoja de ruta sugeridos por la Embajadora Aponte, conllevan una toma de todos los puertorriqueños y puertorriqueñas no importa dónde vivan. A mi juicio, el primer acto para la descolonización del País, conlleva un acto de descolonización individual. En esa hoja de ruta individual, repito, debe haber un rechazo a todo sentimiento de coloniaje feliz. A mi juicio, este rechazo es esencial para entender el tema que nos convoca hoy.

Tras agradecer nuevamente a la nueva Académica por su pertinente discurso, y en el contexto de los antes dicho, cito una frase que algunos han atribuido al Apóstol Martí, pero cuya autora o autor es realmente desconocido: «Cuando los pueblos emigran, los gobernantes sobran». No queremos que sectores de nuestro pueblo se marchen al exilio. Los queremos de regreso. Cuando menos, que formen parte del reencuentro de la nación consigo misma. No deseamos un gobierno irrelevante, sometido a voluntad superior alguna. No aspiramos a un gobierno que sobre.  Gracias Embajadora por ayudarnos a pensar en recuperar esa meta. Muchas gracias por su atención. Y una vez más, enhorabuena Académica Mari Carmen Aponte.

En San Juan de Puerto Rico, a 23 de agosto de 2018.

NOTAS AL CALCE

[1] Marie T. Mora, Alberto Dávila & Havidán Rodríguez, Population, Migration and Socioeconomic Outcomes Among Island and Mainland Puerto Ricans (2017).