El juez Torruella: marinero tenaz

endi.com
por Efrén Rivera Ramos
martes, 27 de octubre de 2020

El juez Torruella: marinero tenaz

Hay noticias que sobrecogen. Más que todo por lo inesperadas. Eso me ha sucedido con la del fallecimiento del juez Juan R. Torruella. Tenía 87 años. Pero su vitalidad, entusiasmo y buena disposición parecían augurar un largo trecho más de vida y trabajo inagotables.

Me apenó tremendamente saber que no le vería nuevamente en nuestra próxima reunión de la Academia Puertorriqueña de Jurisprudencia y Legislación, pautada para estos días. Sé que le echaremos mucho de menos. No solo por su sabiduría, aportaciones valiosas y buen humor, sino porque, por alguna razón, cuando combinaba su inmensa experiencia con una buena dosis de honorable picardía, quedábamos tocados por una especie de brisa refrescante. Siempre fue disfrutable su compañía.

La prensa ya se ha encargado de recordarnos los logros de este importante jurista. Dejó su impronta como juez federal en los niveles de instancia y apelaciones. Por supuesto, como todo juez, tomó decisiones que agradaron a algunas personas y desencantaron a otras. Él mismo lo decía. Pero eso es de la naturaleza del cargo. Sí hay que destacar su orden para cerrar la cárcel La Princesa, su participación en la controversia sobre la proyectada apertura del Fuerte Allen para encerrar a refugiados haitianos y cubanos en la década de 1980, sus opiniones a favor de los derechos reproductivos y los derechos de las parejas del mismo sexo en años más recientes y su valiente defensa de los derechos de uno de los acusados por el famoso atentado perpetrado durante el Maratón de Boston de 2013.

Tenía una gran capacidad para sorprender. Y tengo para mí que disfrutaba con ello. Quienes siguieron su carrera, dentro y fuera del Tribunal, se percataron del movimiento, impulsado por intervenciones bien pensadas, acompañadas a veces de dramáticos golpes de efecto, hacia posiciones cada vez más progresistas. Ejemplo al canto: su comentado ensayo de 1996 abogando por una política sensata dirigida a la despenalización del consumo de drogas.

Pero donde su pasión como jurista y ciudadano más sobresalió fue en la denuncia asidua, desplegada durante décadas, de la condición colonial de Puerto Rico. Su libro, The Supreme Court and Puerto Rico: The Doctrine of Separate and Unequal, dedicado al análisis crítico de los llamados Casos Insulares, que publicó en 1985 la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, se convirtió rápidamente en un referente obligado para las personas interesadas en el tema. Le siguieron numerosos ensayos y artículos de revistas jurídicas en los que continuó desarrollando sus ideas sobre la relación entre los Estados Unidos y Puerto Rico.

Tuve ocasión de participar con el juez Torruella en un buen número de foros y conferencias sobre este particular. Aunque no coincidíamos en la solución a la condición colonial del país, teníamos muchas convergencias en el diagnóstico del problema. Admiraba su valentía y su capacidad para plantear sin ambages sus convicciones. Fue siempre respetuoso de las posiciones de los demás. Tuve la impresión de que apreciaba más la honestidad intelectual de quienes diferían de él que la adulación acomodaticia de quienes pretendían complacerle. Quizás todo ello era el producto del carácter forjado por los enfrentamientos con los mares diversos que surcó como marinero tenaz.

Otros artículos de Efrén Rivera Ramos