Décima Conferencia – Sociedad de Gananciales

El Derecho Civil en Puerto Rico - Obligaciones y Contratos

DÉCIMA CONFERENCIA
SOCIEDAD DE GANANCIALES

El Código (Art. 1310) ha establecido que, mediante la sociedad de gananciales, el marido y la mujer harán suyos, por mitad, al disolverse el matrimonio, las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de los cónyuges durante el mismo matrimonio.

No define el Código. Adopta más bien el camino de presentar la institución en sus efectos, en sus resultados, que en sus principios fundamentales. Y realmente no puede censurarse a los ilustres jurisconsultos que redactaron el Código Civil Español, fuente del nuestro; quizá no hay una definición más difícil que la de la sociedad de gananciales. Y es porque no es ella otra cosa que uno de los aspectos de la sociedad conyugal.

Si se hubiera seguido el procedimiento de definir y señalar primero los bienes gananciales, fuera más fácil la definición. Sabido lo que esos bienes son, quizá no se incurriera en error al decir que el régimen económico del matrimonio por virtud del cual los bienes, ganancias y utilidades que se obtienen por los cónyuges, o por cualquiera de ellos, merced a su trabajo o industria, y los frutos de los bienes propios de cada cónyuge, se dividen entre ellos al disolverse el matrimonio, se llama de sociedad de gananciales. Y en esta forma hubiera la definición convenido con la que de los gananciales dan los artículos 1316, 1319 y 1322 del Código, y con las ideas que informan la Sección Séptima del Capítulo IV, Título III, de este Cuarto Libro del Código.

Empieza la sociedad de gananciales, el día en que se celebra el matrimonio. Cuando ella existe, es por imposición de la ley; y por eso esta no reconoce influjo a la voluntad de los socios, que no pueden cambiar la fecha de su principio. (Art. 1311, C. C.) Y termina cuando el matrimonio se disuelve, por muerte o divorcio, o nulidad, o por separación judicial, según el artículo 1312, que crea para este último caso el derecho de renunciar a la sociedad. Confesamos que no hemos dado con el precepto relativo a la “separación judicial”. Es de creerse que el precepto se tomó del Código Civil Español, tal como allí está redactado (Art. 1394, Código Civil Español) y no se hizo en él cambio alguno. En España el artículo tal como está, cabe perfectamente, porque allí el divorcio establece la separación sin ruptura del vínculo. En Puerto Rico, no hay la separación simple, sino el divorcio con ruptura del vínculo.

Si se renuncia a esta sociedad, ha de hacerse por escritura pública. (Art. 1312, C. C.) Pero es que no podemos ver como quepa la renuncia de que habla el artículo 1312, después de disuelto o anulado el matrimonio, porque la disolución o la nulidad, a nuestro juicio, produce, ipso-facto, la cesación de la sociedad de gananciales.

Distingue el Código entre los bienes propios de cada cónyuge, y los gananciales, propios de la sociedad conyugal.

Pertenecen a la primera clase: (Art. 1314.)

  1. Los que el cónyuge aporte al matrimonio, como de su pertenencia.
  2. Los que, durante el matrimonio, adquiera por donación, legado o herencia.
  3. Los adquiridos por retracto, o permuta con bienes propios de un cónyuge solo.
  4. Los comprados con dinero exclusivo de la mujer o el marido.

Prevee el Código (Art. 1315) que en el caso de que a uno solo de los cónyuges pertenezca una pensión vitalicia, o un crédito pagadero por un número de años, para establecer “lo que constituye la dote y lo que forma el capital del marido” se observe lo dispuesto en los artículos 1317 y 1318. Y estos artículos disponen que cuando a uno de los cónyuges pertenezca un crédito o cantidad pagadero en un número de años, los plazos vencidos durante el matrimonio no se reputan gananciales; y que el derecho de usufructo o pensión con carácter vitalicio, para un cónyuge, es parte de sus bienes propios; pero los frutos, rentas o intereses que se devenguen durante el matrimonio, son gananciales.

Lo que realmente es difícil de entender es el sentido de las palabras “lo que constituye la dote y lo que forma el capital del marido” que aparecen lo mismo en el artículo 1400 del Código Español. Creemos que se ha querido decir “lo que constituye bienes peculiares o privativos de uno u otro cónyuge”.

En el segundo concepto, o sea, bienes gananciales se comprenden: Arts. 1316, 1318, 1319, 1320 y 1321, C. C.)

  1. Los bienes adquiridos por título oneroso, durante el matrimonio, y a costa del caudal común, para la comunidad, o para cualquiera de los cónyuges.
  2. Los bienes obtenidos por industria, trabajo o sueldo de cualquiera de los cónyuges.
  3. Los frutos, rentas, o intereses, producidos por bienes de la comunidad o de uno de los cónyuges; y en los casos de aportación consistente en ganados, el exceso de cabezas que sobre el número de ellas aportado, hubiere al disolverse el matrimonio.
  4. Los gastos o expensas útiles hechos con bienes peculiares de los cónyuges, mediante anticipaciones de la sociedad, o trabajo o industria de un cónyuge.
  5. Las ganancias obtenidas por marido o mujer en juego lícito.

Y por presunción de la ley, hasta que no se pruebe lo contrario, se tienen por gananciales todos los bienes del matrimonio. (Art. 1322, C. C.)

Hemos visto lo que pertenece a la sociedad. Veamos las cargas de la misma.

Son de cargo de la sociedad de gananciales, según los artículos 1323 y 1324 del Código Civil:

  1. Las deudas y obligaciones que durante el matrimonio contraiga el marido, y las que contraiga la mujer cuando pueda legalmente obligar a la sociedad.
  2. Los atrasos y réditos devengados durante el matrimonio, de obligaciones que afecten al caudal común, o a bienes propios de los cónyuges.
  3. Las reparaciones de mera conservación, de bienes propios del marido o al mujer; y en ningún caso las reparaciones mayores. Las de esta última clase, con respecto a los bienes comunes, son cargo a la sociedad de gananciales.
  4. Los gastos de sostenimiento de la familia, y educación de los hijos del matrimonio y de los legítimos de cualquiera de los cónyuges.
  5. El importe de lo donado o prometido por el esposo a los hijo¿ del matrimonio para su colocación o carrera, o por ambos cónyuges, si no se pactó que fuera cargo de bienes propios de uno de ellos.

Según el artículo 1309, la dote constituida por el marido, o por los dos esposos, a favor de las hijas.

No son cargo de la sociedad las deudas contraídas por marido O mujer antes del matrimonio, ni las multas y condenas pecuniarias que a cualquiera de ellos se impusieren; pero para su cobro puede irse contra los gananciales, después de cubiertas las cargas que hemos señalado bajo los números 1 a 4 inclusives, y cuando el cónyuge deudor no tuviera capital propio y suficiente. (Art. 1325, C. C.)

En cuanto a las pérdidas en juego, cuando han sido satisfechas, no disminuye su pago la cuantía de los gananciales del cónyuge que perdió. (Art. 1326, C. C.) Y en cuanto a lo perdido y no pagado, será cargo de la sociedad de gananciales.

Administración de la sociedad.

     Recuérdese a este propósito que según el artículo 159 del Código (no de los artículos 81 y 82, como dice el artículo 1327) el marido es el administrador legal de los bienes de la sociedad conyugal, con la limitación de no poder enajenarlos o gravarlos sin el expreso consentimiento de la mujer.

El Código dice en ese artículo 159, que los inmuebles no pueden ser enajenados, ni gravados, sino mediante el consentimiento expreso de ambos cónyuges. Si se tiene en cuenta que la administración no recae en la mujer mas que en los casos de incapacidad o ausencia legalmente declarada, del maridó, se dará fácilmente en lo ridículo de la proposición legal del artículo 159. Para limar este absurdo, el artículo 1328 (después de preceptuar el 1327 que el marido es el administrador), declara que no puede el marido donar, enajenar, ni obligar a título oneroso esos bienes, sino con el consentimiento expreso de la mujer; y toda enajenación de esos bienes hecha en contravención a este precepto, o en fraude de la mujer, es nula, y no perjudica a esta y sus herederos.

Innecesariamente dice el Código en su artículo 1329, que el marido no puede disponer por testamento mas que de su mitad de gananciales.

Disolución de la sociedad.

     La disolución del matrimonio y su nulidad, ocasionan la disolución de la sociedad de gananciales. Y asimismo la ocasiona el decreto judicial de interdicción civil, o ausencia, y la sentencia de divorcio. (Artículos 1331 y 1343, C. C.)

El cónyuge que por su mala fe hubiera sido causa de la nulidad, pierde su parte en los gananciales.

Liquidación de la sociedad.

     La disolución de la sociedad entraña su liquidación. Y como primer paso en esta, la formación de inventario; pero esto no tiene lugar en los siguientes casos:

  1. Si al disolverse la sociedad, uno de los cónyuges, en tiempo hábil, renuncia a sus efectos y consecuencias.
  2. Si a la disolución ha precedido separación de bienes.
  3. Si la disolución fué por nulidad causada por mala fe de un cónyuge.

La renuncia perjudicaría a los acreedores; pero estos tienen el derecho de aceptar por el cónyuge renunciante, con autorización de la corte. (Artículos 1331 y 967, C. C.)

Las cantidades que se han pagado por la sociedad de gananciales, y el importe de las enajenaciones y donaciones que se deban considerar fraudulentas, se colacionarán para el inventario. (Art. 1332, C. C.)

El lecho de los esposos, y las ropas de uso diario, no se incluyen en el inventario. (Art. 1333, C. C.)

Una vez satisfechas las deudas, y obligaciones de la sociedad, sé liquidan y pagan los capitales propios del marido y de la mujer hasta donde-alcancen los bienes. (Art. 1334, C. C.)

Y el remanente, hechas todas esas deducciones, es lo que constituye el caudal de gananciales. (Art. 1335, C. C.) Tal caudal es partible de por mitad entre los cónyuges, o sus derecho-habientes. (Art. 1337, C. C.)

En cuanto a las pérdidas o deterioro de los bienes, la regla depende de la clase de estos; si son inmuebles, las pérdidas que se sufran en los de cualquiera de los cónyuges, no son abonables al dueño; si son muebles, las sufridas, aun por caso fortuito, se abonan, de los gananciales, al cónyuge dueño de tales muebles. (Art. 1336, C. C.)

Es baja, o se deduce, del caudal de gananciales, el importe del vestido de luto de la viuda, con arreglo a la fortuna y circunstancias de la familia. Este importe se abona por los herederos del marido. (Art. 1338, C. C.)

Y en cuanto a los alimentos del cónyuge sobreviviente, mientras se hace la liquidación, y hasta que se entregue a tal cónyuge su participación, se obtienen del caudal que se liquida; pero se hacen cargo a la participación del cónyuge en los frutos y rentas. (Art. 1340, C. C.). En realidad este precepto que mas que a otra cosa pertenece a las reglas de la partición, y se encuentra también en el artículo 50 de la Ley de Procedimientos Especiales, en el que se da al Juez la facultad de ordenar y fijar los alimentos con arreglo a los frutos y rentas.

Cuando se trata de la liquidación de varias sociedades de gananciales, en que está interesada una misma persona, se admito toda clase de pruebas, si no hay inventario; y en los casos de duda se hace la división en proporcióu al tiempo que duraron las sociedades, y a los bienes de los cónyuges. (Art. 1341, C. C.)

Separación de bienes; y administración por la mujer.

     Faltando las capitulaciones matrimoniales, o no expresándose en ellas una separación de bienes, esta no tiene lugar mas que a virtud de resolución judicial; y tal resolución no se puede obtener mas que en los casos en que un cónyuge sea declarado en interdicción civil, o legalmente ausente, o haya dado lugar al divorcio. Y en esos casos, la presentación de la sentencia, basta para decretar la separación. (Art, 1342, y 1343, C. C.)

La separación de bienes disuelve la sociedad de gananciales, y establece su liquidación. Pero esto no obsta al deber que tienen los esposos de sostenerse mutuamente, y sostener y educar a los hijos; entre ellos existe tal deber mientras se lleva a efecto la liquidación; y con relación a los hijos, siempre. (Art. 1344, C. C.)

En cuanto a los derechos adquiridos por los acreedores, antes de la separación, no se encuentran afectados por ella, según el artículo 1345 del Código.

Pudiera suceder que cesare la separación, por cesar la interdicción o por regreso del ausente, y entonces los bienes vuelven a regirse por el mismo sistema a que venían sujetos autes de la separación; pero es preciso que por escritura pública hagan los cónyuges constar los bienes que aporten; y se entienden de nueva aportación todos los bienes aunque en todo o en parte sean los mismos que existían antes de la liquidación y separación. (Art. 1346, C. C.)

Un precepto del que se han cuidado poco los que practican la profesión, es del artículo 1347, de extraordinaria importancia. Según él, la administración de los bienes del matrimonio se trasferirá a la mujer, cuando el marido esté incapacitado, o ausente. Claro es que tal incapacidad o ausencia, requiere una declaración^ de tribunal. Pero lo notable del precepto es que establece, por ley, sin más requisitos, la transferencia de la administración.

Entiéndase que por ausencia no reconoce el Código otra que la definida en el Título III, Libro Primero.

Antes de terminar, es de conveniencia notar que en estos casos de capitulaciones matrimoniales, y en los de nueva unión de bienes, encontramos los ejemplos de contratos solemnes, ya que el Código exige el otorgamiento de escritura, confirmando en estos capítulos el precepto del número 3 del artículo 1247.