Ciencias, tecnología, artes, Puerto Rico y la Universidad

    28 de diciembre de 2007
    por Antonio García Padilla

     

    Ciencias, tecnología, artes, Puerto Rico y la Universidad

    La Universidad de Puerto Rico es la primera institución formadora de ingenieros químicos en la jurisdicción de Estados Unidos. En 2006, según anuncia la Sociedad Americana de Química, el Colegio de Mayagüez graduó 119 ingenieros químicos, 14% más que Penn State, la institución que le siguió en esa jerarquía. Y hay más: El Colegio de Mayagüez ocupa la tercera posición en cuando al total de bachilleratos en ingeniería otorgados a féminas y la primera en cuanto a la graduación de hispanos. Y más aún: la Universidad ofrece en sus tres recintos graduados 17 programas doctorales en las ciencias e ingenierías.

    Durante los pasados cinco años, la UPR ha conferido más de 20,000 grados en ciencias y tecnología; el 53% de las maestrías y el 73% de los doctorados otorgados fueron en estos campos. Cerca del 40% de todos los grados conferidos por la Universidad corresponden a las ciencias y las tecnologías.

    Estos datos no son meras estadísticas. Dicen mucho de Puerto Rico y de su Universidad. Dicen mucho también de cuan listo está el país para enfrentar los retos del futuro.

    Europa y Asia gradúan, respectivamente, tres y cuatro veces el número de ingenieros que Norteamérica, donde sólo el 19% de los grados académicos conferidos son en ciencias e ingeniería. Shirley Ann Jackson, presidenta del Instituto Politécnico Rensselaer, describe esta situación como una “crisis silenciosa”. Tom Friedman, autor de importantes textos sobre el mundo contemporáneo, propone que el estado de cosas amerita que seabran las fronteras a Estados Unidos a todo ingeniero o científico de altas cualificaciones, provenga de donde provenga.

    El cuadro que presenta Estados Unidos pone en justa perspectiva el esfuerzo que los puertorriqueños, a través de la Universidad, hemos puesto en adelantar las ciencias y la ingeniería. El ocupar las primeras posiciones en el número de grados de ciencias y tecnologías conferidos, en una proporción que duplica la prevaleciente en Estados Unidos es el producto de una creciente toma de conciencia sobre la importancia estratégica de estas disciplinas. Respecto a las ingenierías, por ejemplo, históricamente la responsabilidad recayó en nuestro país, sólo en el Colegio de Mayagüez. Hoy día, es un proyecto compartido a lo largo y ancho del sistema por toda la comunidad universitaria. A través de la Red de Ingeniería, los estudiantes pueden hacer dos años de su carrera en Río Piedras, Bayamón, Cayey, Humacao, Ponce y Arecibo además, desde luego, de Mayagüez, para concluir sus últimos tres años en el Colegio.

    Alrededor del 80% de los estudiantes que reciben grados de ingeniería en la Universidad termina trabajando en compañías y agencias en Puerto Rico. Son arte del grupo responsable por el mantenimiento y ampliación de nuestra base industrial. Pero el restante 20% juega un papel igualmente significativo para un país como el nuestro. Ese es el grupo de puertorriqueños que ayuda a ensanchar el radio de influencias de Puerto Rico alrededor del mundo. Se trata del grupo de egresados de la Universidad que, con su trabajo, vincula a Puerto Rico con los grandes centros académicos, científicos, culturales, industriales y comerciales del mundo. En efecto, entre 2003 y 2005, sobre 500 compañías y agencias reclutaron a los ingenieros graduados del Colegio e integraron a ellas un potente grupo de embajadores de Puerto Rico.

    Pero la sola generación de ingenieros y técnicos no provee, de por sí, una fórmula de éxito a la hora de competir en el Siglo XX. Se requiere más. La clave estriba en la capacidad de usar las tecnologías y las ciencias de manera estratégica para innovar; en la capacidad de generar con ellas nuevo conocimiento, en la capacidad de manejar con imaginación el conocimiento generado para construir una buena civilización. En efecto, una de las preocupaciones que agobia a países como India y China, no empece su éxito en la generación de científicos e ingenieros, es cómo estimular la innovación y la creatividad con un mayor sentido de equilibrio humanístico. Para muchos estudiosos, la respuesta está en el aprecio y cultivo de las artes. Jerry Rao, presidente de MphasiS, una principal empresa india, ha denunciado que su país corre el riesgo de convertirse “en una nación de aspirantes a programadores y vendedores. Si no tenemos suficiente gente en las humanidades” –añadía- “vamos a perder la próxima generación de V.S. Naipauls y Amartya Sens”, refiriéndose a dos grandes intelectuales de la India reconocidos con sendos premios Nobel.

    La preocupación es válida. Por eso, cuando en Puerto Rico se habla de inversiones estratégicas en las ciencias de la vida o de las tecnologías de punta, no se habla de ellas en sustitución de las artes y las humanidades. Por el contrario. A decir verdad, la suerte de unas y otras anda juntas. La capacidad de innovar en cualquier campo –sea artístico, científico, tecnológico o profesional- depende en buena medida de la capacidad de acudir a otros campos en la búsqueda de ideas, lecturas, conceptos y aplicaciones susceptibles de nuevas traducciones. Una de las ventajas que Puerto Rico tiene sobre algunos de sus competidores en el mundo contemporáneo, es que aquí estamos bien claros en cuanto a esa realidad.

    Tenemos que afianzar esas ventajas nuestras, a la vez que aseguramos que todo puertorriqueño, sin importar su trasfondo socioeconómico, se beneficia plenamente de ellas. He ahí uno de nuestros más importantes campos de acción en los próximos años. Un puertorriqueño talentoso que abandona sus estudios sin concluir la Escuela Superior, o que sale de ella sin la formación más rigurosa, constituye una pérdida inaceptable para el país. Una puertorriqueña que ingresa a la Universidad pero no se gradúa, reduce un potencial de talento con el que Puerto Rico tiene derecho a contar. Tenemos que asegurar las mejores circunstancias posibles a favor del acceso de todo puertorriqueño talentoso a los estudios universitarios, así como a la conclusión exitosa de su grado. En ese esfuerzo, Puerto Rico contará con toda la energía de la Universidad.