Cambio climático y cultura

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    por Efrén Rivera Ramos
    lunes, 19 de octubre de 2020

    Cambio climático y cultura

    Aunque la pandemia ocupa buena parte de la atención del mundo en este momento, hay una especie de consenso transnacional de que el cambio climático constituye un reto de mayor trascendencia aún, sobre todo a mediano y largo plazos. Son numerosos los llamados a atender el asunto antes de que se convierta en una catástrofe irremediable para toda la humanidad.

    Los daños producidos por los fenómenos asociados a las grandes perturbaciones en el clima incluyen impactos severos en las costas, las tierras y la infraestructura física y alteraciones ambientales, demográficas y económicas sustanciales.

    Se ha hablado menos, sin embargo, de los efectos del cambio climático en la cultura, el patrimonio cultural y los derechos culturales. La ONU se ha movido a tratar de subsanar esa deficiencia. En los próximos días la Relatora Especial para los derechos culturales rendirá a la Asamblea General un importante informe sobre el tema. El documento atiende dos aspectos medulares: los efectos del cambio climático en la cultura y las repercusiones positivas de la cultura y los derechos culturales como herramientas fundamentales para responder a la emergencia climática.

    El informe destaca los efectos de las tormentas, los incendios y la erosión de las costas y los suelos en espacios que albergan monumentos, cementerios históricos, museos, bibliotecas, archivos, escuelas, aulas universitarias y teatros y en reservas naturales que operan como escenarios para la actividad cultural. Habría que añadir los lugares de recreación y deportes, que también son parte de la cultura.

    La UNESCO ha estimado que el cambio climático supone una amenaza para el 72 % de los sitios pertenecientes al patrimonio natural y cultural documentados por los Estados partes en la Convención del Patrimonio Mundial. Otro estudio académico reveló que más de 130 sitios culturales del Patrimonio Mundial y numerosos yacimientos arqueológicos estaban expuestos a largo plazo a la subida del nivel del mar.

    Un segundo impacto recae sobre las actividades y otros quehaceres relacionados con las expresiones culturales que se suspenden o incluso desaparecen como producto de las agudas variaciones climáticas experimentadas en ciertas comunidades. Este desarrollo, al igual que el efecto destructivo en el patrimonio material, repercute de manera particular en los trabajadores de la cultura.

    En tercer lugar, se ven amenazados modos de vida completos, mediante el desplazamiento de comunidades indígenas, de pescadores, de agricultores y otras poblaciones cuya supervivencia está atada a formas culturales determinadas. La migración en masa de personas causada por eventos catastróficos pone en riesgo sus tradiciones, idiomas y otras formas culturales al tener que ubicarse en entornos culturales diferentes y a veces hostiles.

    Pocas cosas tienen tanta relación con la cultura como las construcciones de género.  De ahí que la Relatora subraye el efecto diferenciado que los eventos climáticos extremos tienen sobre las mujeres y las niñas. Al aumentar sus niveles de pobreza, las mujeres y las niñas enfrentan más dificultades para proseguir sus estudios, participar en la vida cultural y obtener recursos para asistir a eventos y actividades culturales. “Para mejorar la respuesta al cambio climático,” concluye,  “es esencial trabajar en pos de la igualdad de género, también en el ámbito de la cultura.”

    Por otro lado, la cultura y los derechos culturales forman parte de la solución. “La cultura es una dimensión básica para reimaginar el mundo,” señala el informe. Los valores y la visión de mundo que se cultiven pueden contribuir a modificar los patrones de comportamiento hacia la naturaleza y el medioambiente. La respuesta al cambio climático requiere un profundo cambio cultural. La participación informada en ese proceso es parte del ejercicio del derecho a participar en y transformar la cultura, reconocido por la normativa internacional.  Más aún, a través del arte y la cultura se puede educar, crear mayor conciencia y movilizar a las personas para que actúen contra el cambio climático. De ahí que la labor de los trabajadores de la cultura sea indispensable para enfrentar este reto mayúsculo de la humanidad.

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