Calidad de espacios y generación de conocimiento

13 de octubre de 2006
por Antonio García Padilla

 

Calidad de espacios y generación de conocimiento

El mundo de hoy la sociedad del conocimiento es un verdadero Nuevo Mundo, a la vez compacto y dilatado, de infinitas oportunidades pero también de impostergables responsabilidades. Una imaginativa cartografía privilegia la movilidad, las alianzas creativas y la información accesible. Nos encontramos en medio de convocatorias de cambio promovidas, de una parte, por las modificacio­nes globales y, de otra, por los requerimientos desde el interior de nuestra sociedad por una vida de calidad, de servicios eficientes, de belleza en sus espacios, de creatividad en las gestiones y de competitividad económica.

Puerto Rico empero hoy muchos de sus esfuerzos públicos y privados en ubicarse en ese emergen­te. La reflexión sobre como potenciar en ese mapa actual una civilización con mejores balance, que provea deseados umbrales de equidad y de vida buena, es materia urgente para todas nuestras institucio­nes. Así lo entiende la Universidad.

Los gobiernos y las comunidades enarbolan el paradigma con entusiasmo y fundan su desarrollo en la capacidad de la tecnología de generar expansivas redes de conocimiento de útiles aplicaciones sociales y económicas. Sin embargo, poco se ha reparado, en nuestro país, en la vinculación entre la sociedad del conocimiento y la calidad de 1os espacios. Quizás, porque la información permite una maravillosa simultaneidad espacial y temporal se tiende a naturalizar, a dar por sentado, a perder de vista, la significación que para el paradigma enarbolado tienen los espacios reales de nuestro vivir, de nuestro hacer, de nuestro soñar.

En la Universidad otro ha sido el caso. Ha sido sensible la Universidad de Puerto Rico, desde su fundación, a la íntima anexión entre la generación y traslado de conocimientos y los espacios que albergan esos quehaceres. Buena parte de la gran arquitectura institucional de nuestro país en el siglo XX se plantó en sus recintos. Lucha de la gran arquitectura institucional de nuestro país se planta hoy día en la Universidad de Puerto Rico.

Desde la Universidad «misión sty­le» de los comienzos, pasando por la Universidad neoclásica, la emblemática Universidad de estilo hispa­nizado y la estupenda Universidad moderna de Henry Klumb, los espa­cios institucionales significan los valores y prácticas que nos definen: el conocer, el investigar, el crear, el apre­cio de lo bello y el respeto a lo justo.

Hoy más que nunca, encarnan los espacios universitarios -construidos como estructuras, construidos como paisajes- propósitos de transforma­ción profunda y de buen futuro. La Universidad de Puerto Rico asume su propósito de adelantar el modelo de sociedad del conocimiento. Para ello, convoca la Universidad a muchos de los mejores arquitectos y construc­tores del país. Para ello, se empeña la Universidad en definir los estándares más rigurosos pero también más creativos, para erigir sus nuevas estruc­turas, para valorar su emblemática, para mantener su patrimonio.

Proyectos como el Edificio de Cien­cias Moleculares o la Biblioteca del Recinto de Utuado, por solo mencio­nar dos, emblematizan el convencimiento de la Universidad de que la sociedad del conocimiento debe ges­tarse, junto al más avanzado equipa­miento tecnológico, en la idoneidad de espacios y estructuras.

La Universidad de Puerto Rico se enfrasca en estos momentos en un proceso de recon­versión en el que se apuesta decisivamente a nuevos modos de gestionar, aprender, investigar y servir des­de y para Puerto Rico en el mundo. En el plan estratégico recién adoptado por la Uni­versidad se recono­cen las posibilidades exponenciales de la institución de acre­centar su capital social como generadora de conocimientos y tec­nologías competiti­vas. Gestionar, aprender, investigar y servir con excelen­cia en cada una de las disciplinas que cultivamos y en nues­tra forma de ser y de hacer. En nuestra for­ma de hacer ciencia, y arte y de cultivar o profesionales, y en nuestra forma de hacer y usar espacio.

Porque los espacios, las estructuras y paisajes no son mera e incidental escenografía sino los lugares donde se pro­picia el más valioso quehacer universi­tario. Aquel queha­cer que se representa con igual prestancia por una investiga­ción de calibre mun­dial, por la inspiradora escultura en el campus y por el edi­ficio universitario de formas nobles, construcción pulcra e inspirador diseño.

Agradezco en nombre de la Uni­versidad la Medalla de Arquitectura que el Colegio de Arquitectos con­fiere en el día de hoy.